Contexto histórico


El período artístico que transcurre entre 1870 y 1939 supone un cuestionamiento profundo de los valores que la tradición artística occidental había formulado en la concepción y valoración de la obra de arte. La tradición artística occidental, que se remontaba a la Antigüedad Clásica pero que se revitalizó a partir del Renacimiento, atribuía al arte el papel de representar de modo naturalista la realidad, reproduciendo un ideal de belleza basado en la proporción, la armonía y la simetría compositiva.
La génesis del mundo contemporáneo, con sus transformaciones políticas que difundieron las ideas del liberalismo, el proceso de industrialización, y los cambios científicos y técnicos que se introdujeron en Occidente, modificaron la naturaleza misma de la obra de arte. El punto de partida de la pintura moderna consiste en alejarse progresivamente de la subordinación del arte a la realidad, destacando y confesando su carácter de pintura, ostentando sus medios particulares. Lo que orienta la evolución de la pintura no es ya el sometimiento a la naturaleza, sino la fidelidad al medio pictórico. Esta idea fue expuesta con gran elocuencia por el pintor simbolista Maurice Denis: “Recordar que un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o cualquier otra anécdota, es una superficie plana cubierta de colores en un cierto orden”. El color es el protagonista de la evolución de la pintura a finales del s. XIX. En este momento el color se aplicará mediante pinceladas sueltas y visibles, con tanto empaste como para crear un releve, exhibiendo la materialidad de la superficie.


El impresionismo


Desde mediados de la década de 1860, un grupo de artistas parisinos discutían sobre la necesidad de cuestionar el arte promovido por la Academia de Bellas Artes y que exponía en los Salones del Louvre una pintura de estilo clasicista y convencional con temática histórica y mitológica que era considerada como “arte oficial”. Tras la guerra franco-prusiana y la insurrección de la Comuna de París que constituyó la III República en 1871, los artistas independientes empezaron a encontrar apoyo en ciertos coleccionistas. Entre la nómina de los artistas que componían este grupo de artistas deseosos de reaccionar contra el arte oficial, se encontraban los más reputados maestros del Impresionismo: Edouard Manet, Claude Monet, Edgar Degas, Camille Pisarro y Auguste Renoir.
Estos artistas fundaron una “Sociedad anónima cooperativa” de la que surgió la primera exposición del grupo, celebrada en 1874 en el local del fotógrafo Nadar. Aunque esta cooperativa quebró poco tiempo después, la iniciativa de la exposición se repetiría en otras siete ocasiones, con participación variable y la ausencia de Manet, que nunca quiso intervenir en la actividad del grupo.
El estilo impresionista germinó en la pintura al aire libre. Los impresionistas abandonaron la retórica romántica de lo sublime y lo sentimental en el paisaje, eliminan el misterio y la nostalgia a favor de una mirada más objetiva en la representación de la naturaleza. Para los impresionistas era imprescindible romper la dicotomía entre estudio y cuadro, porque los artistas románticos y realistas solían pintar sus cuadros en el taller sobre apuntes tomados de la naturaleza. Los impresionistas abandonan la luz indirecta, uniforme y constante del taller en busca de la luz solar directa, más brillante e intensa, más variable y difícil de plasmar. La práctica de la pintura al aire libre (pleinairisme) vino favorecida además por la difusión de las pinturas en tubos de estaño en dicha época. Los impresionistas pretendían conseguir una representación de la realidad espontánea y directa, y para ello se centraron en la captación de los efectos que la luz natural producía sobre los objetos. Se preocuparon más por captar la incidencia de la luz sobre el objeto que por la exacta representación de sus formas, eliminando los detalles minuciosos y tan sólo sugiriendo las formas. Los pintores impresionistas, al trabajar deprisa al aire libre, usaban la pintura tal y como salía del tubo, con su consistencia pastosa, y trabajaban alla prima, cubriendo la tela en pocos minutos con el fin de fijar la “impresión” producida por el paisaje en un instante determinado. Los impresionistas pintaban con empastes que exaltaban la materialidad de la superficie pictórica. El principal protagonista de la pintura impresionista es el color, y los maestros de este estilo estuvieron notablemente influidos por las teorías ópticas de Eugène Chevreul, y concretamente, por su “ley del contraste simultáneo de los colores”, formulada en la década de 1860. Basándose en ella, los impresionistas aplicaron directamente sobre los lienzos pinceladas de color cortas y yuxtapuestas, que mezcladas en la retina del observador desde una distancia óptima, aumentaban la luminosidad mediante el contraste de un color primario (azul, amarillo, rojo) con su complementario (aquel derivado de la mezcla de los dos colores primarios restantes, por ejemplo, el color complementario del azul es el naranja). De este modo, los impresionistas lograron una mayor brillantez en sus pinturas que la que se producía normalmente al mezclar los pigmentos antes de aplicarlos, aumentando la capacidad artística de captar los efectos cambiantes de la luz.
El Impresionismo fue un movimiento apoyado por notables miembros de la cultura y de la sociedad francesa, como los literatos Emile Zola y Charles Baudelaire. Sin embargo, la prensa, la crítica y el público, acostumbrados al convencional estilo académico, se mostraron hostiles hacia el nuevo arte en un primer momento.
La trayectoria de la pintura moderna y de la impresionista comienza con Édouard Manet (1823-1883). A pesar de que Manet nunca se definió a sí mismo como impresionista, su arte influyó notablemente en los maestros del Impresionismo. Según Hamilton, las grandes aportaciones de Manet a la pintura contemporánea fueron: desarrollo de un estilo que obtenía sutiles representaciones de luz por yuxtaposición de colores intensos y contrastados; disminución de la importancia del tema en el arte, y exaltación de la pintura en sí misma, ofreciendo una visión distanciada y analítica de la realidad. Zola ensalzaba esta capacidad de Manet afirmando que “era capaz de abordar tanto un Cristo muerto como una prostituta desnuda con el mismo interés exclusivo por la pintura”. Entre sus obras destaca El almuerzo en la hierba (1863), en la que se incluye una mujer desnuda entre dos hombres vestidos de apariencia burguesa, almorzando en un paisaje campestre. La obra despertó el escándalo de la crítica, pero Manet reivindicó que se había inspirado en dos modelos del museo del Louvre: el Concierto campestre de Tiziano y el Juicio de Paris de Rafael, actualizando a su sociedad coetánea los convencionalismos del arte tradicional. El mismo año presentó Olympia (1863), el retrato desnudo de una prostituta que mira con descaro directamente al espectador y que se inspira en la Venus de Urbino de Tiziano y en la Maja desnuda de Goya. Fue otra obra escandalosa para el público, pero con ella Manet señalaba que en su tiempo las prostitutas habían desplazado a las antiguas divinidades y alegorías mitológicas en el terreno del amor y de la belleza, en el contexto de la nueva sociedad urbana, liberal y burguesa. Manet expuso sus obras en el “Salón de los rechazados”, una exposición paralela al arte oficial de los Salones del Louvre autorizada por Napoleón III. La pintura de Manet se organizaba mediante manchas simples y enérgicas, suprimiendo las tonalidades intermedias prescritas por el claroscuro académico y subrayando en negro los contornos, obteniendo así imágenes planas y sin modelado. En ello se podía apreciar la admiración de Manet hacia el arte japonés y oriental. En algunas de sus obras posteriores, como El balcón (1868-69), El ferrocarril (1873) y El bar del Folies-Bergère (1881-82) profundizó en su admiración por los maestros del arte español, sobre todo Velázquez, por una ampliación de la paleta cromática influenciada por la luz y el color de los impresionistas, y por la incertidumbre temática de sus obras, en las que la concepción de “cuadro con tema” pasaba a un segundo término, proporcionando visiones objetivas, desapasionadas y analíticas de fragmentos de realidad en sus pinturas.



Claude Monet (1840-1926) es, según la mayoría de los historiadores, el máximo exponente del Impresionismo. Cautivado por el espectáculo que le ofrece la naturaleza, intenta plasmar en el lienzo los efectos de los rayos del sol sobre todos los elementos del paisaje, materializando en el cuadro la impresión que la realidad le produce en él. En su arte, el color no es más que el efecto de los rayos solares a través de las masas de aire, de manera que la misma forma sufre infinidad de variaciones que la sitúan en una instantánea entre una multitud de transiciones. Por ello, el tema fundamental de su obra es la luz. Fue al autor de Impresión, sol naciente (1874), la obra que sirvió para calificar a los maestros impresionistas. Su carrera se organiza mediante series, es decir, un número indeterminado de lienzos que reflejan el mismo motivo a diferentes horas del día, pasando de una obra a otra conforme se modifican las circunstancias solares o lumínicas. Se suceden así las conocidas series sobre la Estación de Saint-Lazare, la Catedral de Rouen, vistas del Támesis, de Almiares de heno y por último, su célebre serie de los Nenúfares, realizada en los últimos años de su vida.


Edgar Degas (1834-1917) fue un pintor de origen aristocrático al que se suele relacionar con el Impresionismo. Su formación clásica en el dibujo lo convirtió en un excelente dibujante, y a diferencia de los impresionistas, prefirió trabajar en su taller, desinteresándose por el estudio de la luz natural que tanto fascinó a aquellos. Según él mismo reconocía: “Ningún arte es menos espontáneo que el mío. Lo que hago es resultado de la reflexión y del estudio de los grandes maestros; de la inspiración, la espontaneidad, el temperamento, no sé nada”. La pintura de Degas destaca por sus innovadoras composiciones asimétricas y con los bordes cortados, que recogen un aspecto causal de la realidad para representarlo frecuentemente trasladando a las figuras a un lateral del cuadro, y su perspicaz análisis del movimiento humano. A Degas le interesaban los temas relacionados con el mundo del teatro, por lo que frecuentemente reproduce orquestas, espectáculos de variedades o bailarinas, y también instantes cotidianos en los cafés y en las carreras de caballos. Degas fue un gran observador del ser humano y especialmente de las mujeres, y tanto en sus retratos como en sus abundantes estudios de bailarinas, cultivó una objetividad absoluta, intentando atrapar las posturas más naturales y espontáneas de sus modelos, como las que podían registrarse en las fotografías.
Auguste Renoir (1841-1919) fue uno de los más grandes artistas de su época. A diferencia de otros impresionistas, le interesa más la representación de la figura humana individual o en retratos de grupo que los paisajes. Renoir aplicó la visión impresionista a la figura humana, y especialmente al desnudo femenino. En su juventud había trabajado decorando porcelanas y pintando abanicos a partir de cuadros rococó. Dichos hechos pudieron influir en el gusto amable de sus temas y en la suavidad de su pincelada. En sus desnudos femeninos, sensuales y opulentos, le interesan sobre todo los efectos de la luz sobre la piel. Renoir, al igual que Monet, juega con la irregularidad de la iluminación, con las manchas de luz salpicadas a través de los cuerpos, que fragmentan las formas y modifican los colores locales. Entre 1884 y 1887 realizó una serie de estudios de figuras desnudas conocidas como Las grandes bañistas, destacando también El palco (1874), El columpio (1875) y sus agitadas y alegres representaciones de la vida de los bulevares de París, en lienzos como el Moulin de La Galette (1876).

El postimpresionismo


El término Postimpresionismo engloba los diferentes estilos pictóricos que sucedieron en Francia al Impresionismo entre 1880 y 1905, aproximadamente. El vocablo fue acuñado a posteriori en 1910, a raíz de una exposición de pinturas de Cézanne, Gauguin y Van Gogh. En este movimiento se incluye también a Toulouse-Lautrec. Estos pintores, vinculados al movimiento impresionista, desarrollan una individualidad artística que los aleja de los principios del primer impresionismo. El postimpresionismo recupera el dibujo y trata de captar, no sólo la luz, sino también la expresividad en el tema de la pintura. Al igual que los impresionistas, estos maestros basaron su obra en el uso del color, pero rechazaron representar fielmente la naturaleza, por lo que desarrollaron una visión de la realidad y un uso del color basados en la subjetividad y la libertad del artista.


La obra de Paul Cézanne (1839-1906) es una muestra de diferentes tendencias, desde una etapa impresionista a una protoabstracción que preconiza el cubismo. Pisarro le proporcionó la base técnica del impresionismo, aunque reaccione contra él, para representar la expresión del espacio, del volumen y de las formas. Para Cézanne el arte es una creación mental, por lo que no le interesaba captar la apariencia figurativa de la naturaleza, sino el volumen estable y la corporeidad permanente de la realidad. “La naturaleza […] es más en profundidad que en superficie” diría Cézanne. El maestro asume que toda la naturaleza puede reducirse a volúmenes geométricos, por lo que objetos y personajes sufren una estilización geométrica, concibiendo la pintura como una construcción realizada a base de cuerpos geométricos: cubos, cilindros, conos y esferas. Con ellos intentaba destacar el relieve, modelando, no con claroscuros, sino mediante el color y los contrastes de tonos cálidos y fríos. Abandonó la perspectiva lineal y creó perspectivas diversas desde varios puntos de vista, sentando las bases del cubismo.

La pintura de Cézanne evoluciona desde una factura de cargados empastes y aspecto grumoso que conserva la pincelada breve formada por comas yuxtapuestas, hasta unas pocas pinceladas de color también sobrepuesto pero menos espeso, que logra expresar el volumen. En su serie de Jugadores de cartas domina la quietud y la inmovilidad, concibiéndose a base de volúmenes geométricos. En su serie de bodegones y naturalezas muertas introduce las formas geométricas y los cambios de punto de vista de los objetos. En Las bañistas (1906) muestra una progresiva abstracción mediante la utilización de planos geométricos de color. Sus paisajes de La montaña de Sainte-Victoire descomponen la forma en muchos cuadrados de color, con pinceladas anchas que convierten el cuadro en un mosaico en el que suceden prismas.


La obra del pintor holandés Vincent Van Gogh (1853-1890) no puede entenderse sin conocer su personalidad atormentada, su búsqueda de sentido a su existencia, su preocupación por la pobreza, el dolor, la religión, y la frustración nacida de la incomprensión de su arte. Su obra consigue una gran carga pasional mediante un uso subjetivo de la luz y del color. Su pintura está dotada de una intensa vitalidad física y espiritual, pues evoca emociones procedentes de su mundo interior, prefigurando el origen del expresionismo. Van Gogh se aproxima a sus obras con vigorosas y matéricas pinceladas coloristas. Aunque cree en la pintura tomada directamente del natural, intensifica los colores haciendo que vibren y se exalten las tonalidades mediante vigorosos toques de gran potencia expresiva. El uso de colores estridentes, que se relacionan y contrastan, y la fragmentación de los contornos llegan a deformar la imagen. Los contornos que rodean los objetos son gruesos y oscuros y cierran un espacio interior repleto de espesas capas de color uniforme. La pintura está aplicada en pinceladas llenas de pasta y de forma rápida. Van Gogh emplea colores puros con pinceladas curvas y sinuosas que reflejan la influencia de la estampa japonesa. Su admiración por el grabado japonés se muestra en su obra en la sencillez del dibujo, los espacios planos de color, las exageradas perspectivas y la ausencia de sombras.
En su primera etapa en Holanda, se dedicó a pintar la vida de los campesinos y los pobres de las ciudades. En su paleta predomina una gama de tonalidades oscuras y sombrías puestas en anchas pinceladas con mucha pasta. Abordó el problema social en obras como Comedores de patatas (1885), en la que describe la miseria y los sufrimientos de los campesinos. A partir de 1886, ya en Francia, en contacto con los impresionistas aclaró su paleta y practica la pincelada en forma de coma para crear la luz. Tras superar el impresionismo se centra en el color violento y de gran potencia emotiva, y en captar la exaltación de la intensidad luminosa, como en Noche estrellada (1889). En su serie de Los girasoles (1889) reproduce la apariencia formal de los girasoles sugiriendo su textura mediante un uso pastoso y rugoso de la pintura. En otras obras como La habitación de Vincent en Arles (1888) o El café de noche (1888) deforma el mundo según su visión interior, reflejando su estado de ánimo depresivo y atormentado, de manera que los colores con estridentes y las perspectivas arquitectónicas se deforman. Sobre El café de noche Van Gogh escribió que había intentado sugerir “terribles pasiones, el café es un lugar donde uno puede arruinarse, volverse loco, cometer crímenes”. En su producción fueron muy notables los retratos y los autorretratos, de gran captación psicológica y uso libre del color. Sobre sus autorretratos, Van Gogh decía: “Se dice, y yo lo creo, que es difícil conocerse a sí mismo –pero no es más fácil pintarse a sí mismo”.


Paul Gauguin (1848-1903) aprendió la técnica impresionista junto a Pisarro, y llegó a exponer con los impresionistas. Sin embargo, al trasladarse a Bretaña en 1888 abandonó y superó el Impresionismo y adoptó un estilo menos naturalista. A partir de 1891 se sintió atraído por la naturaleza y las gentes de lejanos países de Martinico y Tahití, donde recogió las formas de vida de los indígenas. Gauguin fue un artista que rechazaba la sociedad moderna de su tiempo, la Europa industrial y las gentes corruptas por el progreso, y buscaba la autenticidad e ingenuidad en la naturaleza, los pueblos y el arte primitivo, las extrañas tradiciones ancestrales, el origen de la vida, y el significado profundo del amor y de la muerte. Sus cuadros buscan la realidad profunda de su propio ser y los motivos y orígenes de sus propias sensaciones. Se entrega al primitivismo, pues para Gauguin el arte primitivo procede del espíritu y emplea la naturaleza. La fuerza y el primitivismo de sus formas influyeron en el movimiento expresionista posterior. En el primitivismo Gauguin huía del “arte podrido de Occidente” y buscaba la libertad para “amar, cantar y morir”. Su obra muestra dibujos de sólidos trazos, un cromatismo plano, violento e intenso, falta de modelado y relieve, simplificación de volúmenes y ausencia de profundidad y perspectiva. La luz cede el protagonismo al color, fuerte y exuberante, cuyo violento y atrevido tratamiento anuncia el fauvismo. Gauguin reivindicaba “El color puro. Hay que sacrificarlo todo. Un tronco de árbol, de color local gris azulado se vuelve azul puro. Lo mismo para todas las tintas”. Entre sus obras cabe destacar La visión después del sermón (1888) y El Cristo amarillo (1889), donde plasma las supersticiones y vetustas creencias de la Bretaña francesa, y sus representaciones tahitianas, como por ejemplo ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? de 1897. Gauguin también fue escultor, trabajando sobre todo la madera y el bajorrelieve durante su estancia en Tahití, creando composiciones de factura tosca y que traslucía la presencia de la materia, como se aprecia en Enamoraos y seréis felices (1889).


Comentarios de obras de arte

==

Impresión sol naciente-Monet==
external image impresion_sol_naciente1.jpg
La obra que vamos a comentar se titula "Impresión: sol naciente". Pintada en 1872 por Claude Monet, este óleo sobre lienzo dio nombre a todo un movimiento artístico que recibe el nombre de impresionismo.
En esta obra el autor nos muestra tres botes de remos que navegan por el puerto de la Havre, mientras al fondo, entre la niebla matinal y la humareda de las chimeneas de las fábricas, sale el sol. Con una pincelada suelta y vigorosa, el pintor prescinde del dibujo centrándose en los efectos que la luz del amanecer ejerce sobre los objetos. Los botes y las personas que navegan en ellos quedan reducidos a simples manchas y la técnica utilizada es fruto de la espontaneidad e inmediatez que exige la pintura al aire libre y el deseo de captar no la representación real del amanecer en el puerto, sino la impresión causada por el amanecer y los efectos que la luz matinal provocan en el agua y el horizonte donde el humo expulsado por las chimeneras, símbolos de la era industrial, se mezclan con la neblina matinal. Manet junto a otros pintores como Renoir, Degas o Pisarro revolucionaron la pintura alejándose del dibujo y la función de representar la realidad que tradicionalmente durante siglos se le había atribuido a la pintura. Denominados despectivamente como "impresionistas" tras su primera exposición en 1874, esta corriente supodría el comienzo de una nueva era en la historia de la pintura y una nueva visión de la pintura que se vería continuada y renovada durante el último cuarto del siglo XIX y primer cuarto del siglo XX por los denomidados "ismos": postimpresionismo, fauvismo,expresionismo, futurismo, surrealismo y cubismo.

Desayuno sobre la hierba-Manet

external image desayuno-sobre-la-hierba.jpg
Obra pictórica titulada "Desayuno sobre la hierba" cuyo autor es Édouard Manet. Su cronología es 1863, asociándose con frecuencia al Impresionismo, movimiento pictórico de origen francés de finales del siglo XIX.
En 1863, el jurado del Salón de París se había mostrado particularmente severo al rechazar alrededor de 4.000 cuadros, descartando así toda tendencia progresista. En vista de la polémica y los resentimientos que comenzó a suscitar esta excesiva selección, Napoleón III decidió crear el Salon des Refusés (Salón de Rechazados), paralelo al oficial, con el fin de exponer allí una selección de obras descartadas por los jueces. Entre ellas se encontraba la que para numerosos críticos representa el comienzo de la pintura moderna: El desayuno en la hierba (Déjeuner sur l’ herbé). Aún así, la pintura, presentada por Édouard Manet con el título de Le Bain, despertó numerosas y virulentos comentarios entre los críticos. Refiriéndose a ella, el decano de los críticos realistas Théophile Thoré manifestó: "No puedo adivinar qué puede haberle hecho escoger a un artista inteligente y distinguido una composición tan absurda". Sin embargo, la obra fue celebrada por un grupo de jóvenes que más tarde formarían el movimiento impresionista.
La pintura representa una escena campestre. En primer plano, tres personajes se encuentran sentados en la hierba: una mujer desnuda y dos hombre vestidos a la moda de la época. La mujer, cuyo cuerpo está fuertemente iluminado, dirige su mirada fuera del cuadro y observa sin reservas al espectador. Los dos hombres parecen hablar entre ellos ignorando la desnudez de la dama. Delante del grupo, a la izquierda, encontramos la vestimenta de la mujer, una cesta de frutas y una pieza de pan, dispuestos como una naturaleza muerta. En segundo plano podemos observar otra mujer, con un vestido ligero, tomando un baño. Este personaje es demasiado grande en comparación con los del primer plano y produce la sensación de estar flotando. El fondo es vaporoso y carece de profundidad, de modo que hace pensar en una escena interior. Esta impresión se ve acentuada por la escasez de sombras. La luz se proyecta a través de las hojas de los árboles sobre la cesta de alimentos y los tres personajes del primer plano y en el claro del fondo, sobre el otro personaje femenino, donde se ubica también el punto de fuga. El color está subordinado por los efectos luminosos. Manet declaró que el verdadero tema del cuadro era la luz: ese detalle y la pincelada rápida, empastada, que capta la realidad y fugacidad de la escena, constituirán los rasgos que identifiquen luego al impresionismo. La pintura puede ser interpretada como una versión moderna de Concierto campestre, obra renacentista atribuida Tiziano o a Gorgione, según la fuente. En tanto que la composición, parece derivar de un grabado de Marcantonio Raimondi, El Juicio de París, del siglo XVI, basado a su vez en un dibujo de Rafael. Siguiendo esta interpretación, se puede inferir que Manet propone una recuperación al mismo tiempo que una trasgresión de la tradición pictórica. La composición del cuadro es, de hecho clásica, de estructura piramidal; y el bodegón antes señalado, en primer término, junto a la figura de la mujer que aparece al fondo, tomada de la iconografía clásica, ayudan a confirmarlo. El óleo mide 208 x 264 cm. y se encuentra en el Musée d'Orsay, París.

Moulin de la Galette-Renoir

external image 22_Renoir_Dance_at_the_Moulin_de_la_Galette.jpg

La obra que comentamos es un óleo sobre lienzo realizado en 1876 por el pintor impresionista francés Pierre-Auguste Renoir, titulado "Moulin de la Galette".
La obra representa uno de los muchos bailes que tenían lugar junto al "Moulin de la Galette" en el barrio de Montmartre, uno de los más famosos y bohemios de París. La escena tiene lugar en el exterior y aparecen numerosos personajes, hombres y mujeres, charlando unos y bailando otros, bajo una luz que se proyecta a través de las copas de los árboles. El cuadro se organiza claramente a través de una diagonal que recorre el cuadro dividiéndolo en dos espacios, el inferior ocupado por hombres y mujeres, organizados en círculo alrededor de una mesa y un banco, charlan de manera distendida. En la mitad superior formando un círculo más amplio aparecen varias parejas bailando. En toda la obra vemos ya inequívocas señales de la técnica impresionista como puede ser el propio tema, la vida urbana tan del gusto de este pintor, como el predominio del color que se aplica a base de pinceladas sueltas y el interés del pintor por captar la luz, filtrada a través de los árboles y que se proyectan en los trajes y en el suelo creando manchas de luces y sombras, violáceas y amarillentas en el suelo o pardas y marrón en la chaqueta del hombre sentado en la silla de espaldas al espectador. El dibujo prácticamente desaparece bajo las pinceladas de color. Así mismo,el pintor ha alterado las leyes de la perspectiva situando dos puntos de vista diferentes dentro de la misma obra, así el grupo inferior, más próximo al espectador, se ve desde un punto de vista alto mientras que las parejas que bailan al fondo tienen un punto de vista frontal. Esta obra, la más famosa del pintor y una de las más famosas de la pintura impresionista, refleja bien los cambios que se producen en la pintura durante la segunda mitad del siglo XIX. Tanto el tema, la vida urbana, como la técnica empleada rebosa modernidad dejando atrás la pintura academicista y los temas extraídos del pasado con carga moral. Aquí Renoir nos refleja la alegría de vivir a través de brillantes colores, poses relajadas (los personajes parecen ajenos a nuestra mirada mientras se divierten) y multitud de personajes que hablan, bailan y se mueven en todas direcciones a lo largo del cuadro.

Niños en la playa-Sorolla

external image ninos-en-la-playa-sorolla.jpg
Obra pictórica, óleo sobre lienzo, realizado por el pintor español Joaquín Sorolla en 1910, que frecuentemente se ha identificado con la influencia del Impresionismo.

Si hay un pintor que ha sabido captar la luz del Mediterráneo es, sin lugar a dudas, Joaquín Sorolla. Fue un especialista en reflejar en sus obras la luminosidad y la alegría del Levante español. Valencia, su ciudad natal, será su lugar preferido de inspiración y donde encontrará su temática favorita: pescadores, niños bañándose, jóvenes en barco, etc. Por eso los retiros del artista a Valencia van a ser cruciales para su producción. Era habitual encontrarle por las playas captando en sus lienzos a sus gentes y su luz, esa luz dorada y brillante que tan bien ha sabido mostrar Sorolla en sus cuadros. Niños en la playa es una de las obras cumbres del pintor. Tres niños aparecen tumbados en la playa, en el lugar donde el agua de las olas se mezcla con la arena, muy cerca de la orilla. Los niños desnudos, como se bañaban en los primeros años de siglo los muchachos del pueblo, demuestran el perfecto dominio del pintor sobre la anatomía infantil. Pero el tema no deja de ser una excusa para realizar un estudio de luz, una luz intensa que resbala por los cuerpos desnudos de los pequeños. Las sombras para Sorolla no son de color negro tal y como dictaba la tradición, sino que tienen un color especial según consideraba el Impresionismo. Por eso aquí emplea el malva, el blanco y el marrón para conseguir los tonos de las sombras. Una de las preocupaciones del pintor eran las expresiones de los rostros, que ha sabido captar perfectamente en el niño que nos mira aunque su cara no esté claramente definida. Observando este cuadro, el espectador puede respirar la atmósfera del Mediterráneo, que Sorolla tan bien conocía.

Bodegón: manzanas y naranjas-Cézanne

external image XIX-8.jpg
Obra pictórica titulada "Bodegón con manzanas y naranjas" realizada por el pintor francés postimpresionista Paul Cézanne entre 1895 y 1900.
Debido a la meticulosa manera de trabajar de Cézanne, se especializará en paisajes y bodegones. Aquí encontramos desarrollado el nuevo concepto de la pintura que crea el maestro de Provenza; el pintor debe buscar la esfera, el cono y el cilindro en la naturaleza, formas con las que pretende recuperar el volumen perdido por los maestros impresionistas, anticipándose así al cubismo. Aplicando el color como sistema de modelado -"la forma alcanza sólo su plenitud cuando el color posee su mayor riqueza"- conseguirá conjuntos de altísima calidad como este magnífico bodegón. Las esferas de manzanas y naranjas se distribuyen por el conjunto rodeadas de diferentes telas en las que se aplican las tonalidades. En la iluminación empleada aún existe un punto de conexión con el Impresionismo. Sin duda, Cézanne ha recuperado la forma, que se estaba perdiendo en los últimos cuadros de Monet y que llegaba casi a la abstracción en los años finales del siglo XIX.

¿Cuándo te vas a casar?-Gauguin


external image Foto.ashx?obj=2229
Óleo sobre lienzo pintado en 1.892 por Paul Gaguin, artista postimpresionista francés de finales del siglo XIX. Fue realizado en la isla de Tahití, durante su estancia en el primer viaje que llevó a cabo a la Polinesia francesa. Gauguin exploró caminos inéditos de la pintura. Como podemos ver en esta tela inaugura una tendencia hacia lo exótico - el primitivismo – extiende el color en campos extensos, encajándose nuevamente dentro de la línea por él restaurada, ya que se había perdido con la evolución del Impresionismo. Busca la armonía de las masas cromáticas, del hombre con la naturaleza. Crea composiciones simplificadas, estáticas, atendiendo al sentimiento. Estos indígenas que podemos ver en el cuadro poseen sentimientos claros y sencillos, no son personas complicadas, ni angustiadas, preocupadas por el éxito y por los demás quehaceres de la nueva sociedad industrial y financiera que se estaba abriendo paso a finales del siglo XIX, como las que Gauguin estaba acostumbrado a ver en el viejo París y que tanto rechazaba. El alma pura indígena, con sus reacciones tan diferentes a las de los occidentales, se sintetiza en gestos simples, en miradas profundas, conmovedoras. Son figuras impolutas las de estos indígenas. El título del cuadro haría alusión a la situación de casadera de la joven mujer que aparece en primer plano, mientras que el papel de la segunda, más madura y experimentada, trataría de asesorarle y llegado el caso, de buscarle novio. Escenarios lejanos son incorporados por primera vez al arte, poniendo de moda el primitivismo; con predominio de la pintura plana encerrada en perfiles bien ceñidos al igual que en su época europea. Por último, esta pintura tiende un puente hacia el fauvismo, un nuevo movimiento artístico del siglo XX, por el uso subjetivo que realiza del color y por su carácter ornamental, que recupera una concepción más decorativista de la pintura.

Autorretrato-Van Gogh

external image autorretrato_van_gogh.jpg
Obra pictórica titulada "Autorretrato" realizada por Vincent Van Gogh, pintor postimpresionista, en 1889. Quizá nos encontremos ante uno de los retratos más bellos y significativos de Van Gogh. Fue realizado en septiembre de 1889, inmediatamente después de su recuperación. Muestra a un hombre con una salud aceptable - bien alimentado y con el alcohol limitado a medio litro diario - pero con preocupaciones interiores como se demuestra en el gesto y la mirada de Vincent. Sabe que ha superado la fuerte crisis que se produjo en julio de 1889, pero teme una nueva recaída precisamente porque la enfermedad no le permite pintar. Su mayor deseo es crear, empleando una técnica muy personal; la línea ondulada se ha adueñado de la imagen, no sólo en el fondo sino que también se muestra en la chaqueta. El azul y el naranja - colores complementarios - realizan un interesante contraste, sin olvidar el creado por la línea marcada por los contornos (chaqueta, ojos, etc.) con la soltura y rapidez del resto de la composición. Pero por encima de las fórmulas estilísticas empleadas, sorprende la capacidad para mostrar su personalidad, como ya hicieron pintores como Rembrandt o Van Dyck en el Barroco.

Noche estrellada-Van Gogh

external image noche-estrellada.jpg
Obra pictórica titulada "Noche estrellada" realizada por Vincent Van Gogh, pintor postimpresionista, en 1889. Esta famosa escena resulta una de las más vigorosas y sugerentes realizadas por Vincent Van Gogh. En pocas obras ha mostrado la naturaleza con tanta fuerza como aquí. Vincent se encuentra recluido en el manicomio de Saint-Rémy desde el mes de mayo de 1889 y muestra en sus imágenes lo que contempla desde su ventana. La noche le había atraído siempre -Cafén octurnoo, La terraza del café- especialmente porque se trataba de una luz diferente a la quese había empleado hasta esos momentos. Es de destacar el tratamiento de la luz de las estrellas como puntas de luz envueltas en un halo luminoso a su alrededor, obtenido con unade las pinceladas más personales de la historia de la pintura: un trazo a base de espirales que dominan el cielo y los cipreses de primer plano, tomando como inspiración a Seurat y la estampa japonesa.Al fondo se aprecia la silueta de un pueblo con la larga aguja de la torre de la iglesia presidiendo el conjunto. Las líneas del contorno de los edificios están marcadas con gruesos trazos de tonos oscuros, igual que las montañas que recuerdan la técnica del "cloisonnismo" empleada por Gauguin y Bernard. Los tonos que Van Gogh utiliza son comunes atodas las obras de esta primavera del 89: malvas, morados y amarillos que muestran el estado de ánimo eufórico del artista, aunque da la impresión de predecir la grave recaída que tendrá Vincent en el mes de julio.

Cuestionario tipo test


Practica lo aprendido en el siguiente test sobre el arte en la segunda mitad del siglo XIX.