Entre 1500 y 1520 la pintura renacentista alcanzó su período de mayor equilibrio y armonía, de la mano de Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel. La capitalidad del arte se trasladó a Roma, bajo el mecenazgo de Julio II y de León X. Más tarde, Venecia se convirtió en el centro del arte italiano, pues en ella trabajaron pintores tan relevantes como Giorgione, Tiziano y Tintoretto. A partir de 1525 se empezaron a abandonar el equilibrio y lar armonía de tendencia clásica, dando paso al Manierismo.


Leonardo da Vinci (1452-1519) fue el primer pintor destacado del Cinquecento. Prototipo de humanista renacentista, se interesó por las matemáticas, la astronomía, la hidrodinámica, la óptica y la anatomía humana, siendo además, tratadista de la pintura. Su trayectoria comenzó en Milán, trabajando para la familia Sforza ciudad en la que creó la Virgen de las Rocas. En ella aplicó el sfumato, técnica inventada por él que consistía en mezclar progresivamente las tonalidades sin una transición perceptible en la que no se definen los contornos. En 1499 realizó la Última Cena en el refectorio de Santa María delle Grazie de Milán, obra en la que combina el orden simétrico y la perspectiva espacial con un rico estudio psicológico de los distintos apóstoles, que muestran toda su expresividad a través de los rostros y del movimiento de las manos. Entre 1503 y 1505, durante su estancia en Florencia, Leonardo pintó el retrato más conocido de la historia del arte: La Gioconda, retrato de ambigua identificación que, según Vasari, se corresponde con la esposa del comerciante florentino Francesco del Giocondo, Mona Lisa. El personajes aparece ligeramente inclinado y con las manos cruzadas, con una sonrisa irónica muy propia de las figuras de Leonardo. Al fondo se deja entrever un paisaje húmedo, brumoso y misterioso gracias al uso de la perspectiva aérea (consecución de la profundidad espacial mediante la representación de las alteraciones de color introducidas en la realidad por la atmósfera, usando una degradación de las tonalidades), y en el retrato se incluye un sabio uso del sfumato. Leonardo marchó en los últimos años de su vida a Francia, a la corte de Francisco I.






Rafael Sanzio (1483-1520), nació en Urbino y se formó en Perugia de la mano del maestro Perugino. Su obra ha sido interpretada generalmente como la cumbre del clasicismo renacentista. Fue un autor que supo asimilar la herencia de los maestros del Quattrocento como Masaccio y Botticelli, a la vez que incorporó las innovaciones aportadas por otros genios coetáneos a él, sobre todo Leonardo y Miguel Ángel. Su estilo se basa en el naturalismo idealizado, basado en la búsqueda del concepto de belleza mediante el equilibrio, la proporción y la armonía. Rafael concibió composiciones de gran solemnidad y ritmo majestuoso, basadas en el equilibrio y en la simetría. Buena parte de sus obras, sobre todo sus Madonnas, transmiten un sentimentalismo delicado inspirado en la dulzura de la pintura de Botticelli. Rafael dotó a sus figuras de volumen, presentando un tratamiento escultórico de las mismas. En su pintura existió un predominio de la línea sobre el color y trabajó la perspectiva lineal además de la aérea, asimilada del arte de Leonardo. De igual modo, incorporó el uso del sfumato del lenguaje del genial artista de Vinci. Algunas de sus obras más emblemáticas fueron Los desposorios de la Virgen (1504), La Madonna del jilguero (1507) y la decoración al fresco de la Stanza della Signatura del Vaticano, entre 1508 y 1512. Mediante composiciones de exquisita monumentalidad clásica, creó la Escuela de Atenas, El Parnaso y la Disputa del Sacramento, que representan al mundo de la filosofía, la poesía y la religión. En la Escuela de Atenas se representa la escuela de filosofía griega en un marco arquitectónica de reminiscencias bramentescas. En una composición rigurosamente geométrica, los dos personajes son Platón y Aristóteles. Algunos de los personajes se identifican con artistas del período renaciente, como Leonardo, Bramente, Miguel Ángel y el propio Rafael, por lo que el artista identifica al esplendor del pasado clásico con el desarrollo cultural de la Roma de comienzos del Quinientos.

Miguel Ángel Buonarotti también realizó importantes obras como pintor ubicadas principalmente en Roma. Su pintura busca la consecución de una belleza ideal clasicista pero enriquecida mediante valores como la monumentalidad colosal de las figuras, el empleo de fondos neutros sobre los que resaltan unos personajes rebosantes de tensión, expresividad y dramatismo que se retuercen en composiciones abigarradas y que recurren generalmente el escorzo. Su obra más importante es la decoración pictórica de la Capilla Sixtina en Roma, un encargo hecho por Julio II y que se convirtió en su realización más sublime, tras un intenso y frenético trabajo. La capilla es un conjunto colosal en el que se narra la totalidad de la Historia de la Salvación: en la bóveda pasajes del Génesis y del Antiguo Testamento, en los muros escenas de la vida de Cristo (realizadas por maestros del Quattrocento) y en frontal del presbiterio el Juicio Final. En la bóveda el artista dispuso las distintas composiciones enmarcadas por arquitecturas fingidas. En la parte central representó las escenas del Génesis rodeadas de desnudos jóvenes (ignudi), sibilas, profetas y otros personajes bíblicos, todo ello con una clara exaltación de la belleza del cuerpo humano. Miguel Ángel pintó entre 1537 y 1541 el muro del presbiterio con el Juicio Final, concebido como un torbellino de cuerpos entrelazados que se mueven dinámicamente alrededor de la figura autoriatira de Cristo Juez, en un espacio misterioso y oscuro.


No deberíamos abandonar la pintura del Renacimiento italiano sin fijar la mirada en las interesantes obras maestras de la Escuela Veneciana:

Comentarios de obras de arte

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Santa Ana, la Virgen y el Niño-Leonardo==
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La obra propuesta para comentar es una pintura al óleo realizada por el pintor Leonardo Da Vinci entre 1508 y 1510, por lo que pertenece al arte del Renacimiento y en concreto, al Cinquecento italiano (siglo XVI). Recibe el título de "Santa Ana, la Virgen y el Niño" por ser éste el tema religioso representado. La Obra se conserva en el museo parisino del Louvre aunque se conserva un cartón que representa el mismo tema en la National Gallery de Londres.
El tema representado, de naturaleza religiosa, es el de la madre de la Virgen, Santa Ana, con ésta sentada en su regazo, quién se inclina en un gesto por recoger al Niño Jesús que abraza un cordero. Toda la escena se desarrolla al aire libre en un paisaje típicamente leonardesco. El tema es extraído de los conocidos como Evangelios Apócrifos pues en los cuatro evangelios reconocidos no se mencionan a los padres de la Virgen.
La escena principal compuesta por tres personajes y el animal se puede circunscribir dentro de un triángulo creando una composición serena y cerrada típicamente renacentista. La iluminación de la escena obedece al característico sfumatto de Leonardo, en el que la luz baña de manera suave a las figuras generando una transición suave entre luces y sombras dotando a las figuras un aire melancólico muy característico y que recuerda al rostro más famoso pintado por Leonardo, el de la Gioconda. Además, la utilización de finas capaz de pigmentos mezcladas con barniz y superpuestas, lo que se conoce como veladuras, contribuyen a ese efecto lumínico y poco definido de los rostros. Esta iluminación tan característica inunda un paisaje de bosques y montañas desnudas cuyos límites se difuminan entre la bruma creando efectos de perspectiva aérea.
El tema representado muestra a Santa Ana, quien sostiene a la Virgen que se inclina a su vez en un intento de apartar a Jesús del cordero con el que juega. Bajo la apariencia simple del tema se esconde una clara simbología religiosa en la que el cordero simbolizaría el sacrificio futuro al que está destinado Jesús mientras que su madre, quien presagia el doloroso final, intenta de manera infructuosa apartar a su hijo de dicho sacrificio, todo bajo la mirada tierna y resignada de santa Ana. cabe destacar la tierna comunicación visual entre los personajes, principalmente entre Madre e Hijo y San Ana quién desde una posición superior observa la escena.
Como todas las obra de Leonardo da Vinci ésta merece una segunda lectura en la que el tema aparentemente amable del juego de un niño ante las miradas amorosas de su madre y su abuela, se esconde un negro presagio en el que la Madre intuye y pretende evitar el sacrificio al que está destinado el Niño. La composición de Leonardo, como todas de apariencia simple pero fruto de la reflexión y el estudio, tendrá mucho éxito entre los pintores renacentistas siendo especialmente visible su influencia en las obras de Rafael.

La Gioconda-Leonardo

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Obra pictórica de temática retratística titulada "La Gioconda" (también conocida como Mona Lisa) realizada por Leonardo da Vinci entre 1503-1505. Nos hallamos ante una obra maestra de la Historia del Arte que pertenece al Renacimiento y en concreto, al arte del Cinquecento (siglo XVI).
Es difícil tratar de hacer comentarios a la Gioconda. La fascinación que ha ejercido a lo largo de los siglos y el poder que tiene sobre la mirada del espectador obstaculizan un análisis objetivo, dado el icono en que se ha convertido para la cultura del mundo moderno y contemporáneo. En ella se citan todas las características de la pintura de Leonardo: el empleo del sfumato, esa técnica que difumina suavemente los rasgos hasta hacer indefinibles los contornos; el hermoso paisaje del fondo, agreste, salvaje y de un matizado tono azul que lo hace desaparecer en un degradado invisible; la ambigüedad del rostro, la indefinición sexual que la hace parecer una mujer, un adolescente... un mito de androginia que tiene referencias inacabables con teorías filosóficas y religiosas; y, por encima de todo, la sonrisa más melancólica y misteriosa de la historia del hombre. La composición es aparentemente sencilla: una mujer sentada en una silla de brazos, frente a un paisaje. La dama vuelve el cuerpo a un lado y dirige su mirada al espectador. La Gioconda está concebida desde dentro. El punto donde se convergen todas las miradas es la cara de la mujer, aunque también llama la atención sus manos, modeladas y entrelazadas. Para acentuar su aire de misterio, Leonardo utilizó un recurso: los dos lados del cuadro no coinciden ni en la cara ni en el paisaje fantástico del fondo. La línea izquierda del horizonte parece más alta que la derecha. La Gioconda llama la atención por su enigmática mirada y su misteriosa sonrisa. Para conseguir esta mirada y esta sonrisa, Leonardo pintó un soporte de madera de álamo; primero dibujó a la mujer directamente sobre el cuadro y después la pintó al óleo con los colores muy diluidos para poder poner múltiples capas. Estas dan al rostro efecto de luz y sombras idealizados y mágicos. El paisaje del fondo contribuye a acentuar la sonrisa de la mujer.
El retrato es el de Madonna Lisa, la señora Lisa, la esposa de Francesco del Giocondo, de donde toma su sobrenombre. Leonardo retuvo consigo el retrato hasta su muerte, no dejó de trabajar en él y, por supuesto, jamás se lo entregó a su cliente. De sus manos pasó a la colección real de Francia y hoy puede verse en el Museo del Louvre en París.

Desposorios de la Virgen-Rafael

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Obra pictórica de temática religiosa titulada "Desposorios de la Virgen" creada por Rafael Sanzio hacia 1504. Óleo sobre tabla que pertenece al estilo del Renacimiento y al periodo del Cinquecento (siglo XVI).
En los Desposorios de la Virgen se ha querido ver el manifiesto de los principios del arte renacentista italiano. Rafael recoge todos los avances desarrollados durante el Quattrocento para realizar una obra de perfección extraña. Lo que más suele destacarse de la composición es la presencia del templo circular al fondo de la escena, por encima de los personajes. Posee todos los rasgos clasicistas que se pretendían aplicar a la arquitectura renacentista: la planta central (ver los dos diseños para iglesias de Leonardo da Vinci), arcos de medio punto, proporciones basadas en el cuerpo humano, accesibilidad e iluminación natural... Este tipo de templo simboliza la perfección divina, que a su vez es la que representa la Virgen, sin pecado, o el mismo sacramento del matrimonio, la unión de los contrarios para producir un ser perfecto. La explanada donde se encuentran las figuras posee unas baldosas rectangulares que permiten representar la proyección del espacio en perspectiva hacia un punto de fuga central, que se encuentra situado en la puerta abierta del templo que da al paisaje del fondo. Los personajes están situados en un friso horizontal, simétricamente distribuidos a los lados del sacerdote, a un lado las mujeres y al otro los hombres. Para romper algo la monotonía de esta distribución, Rafael ha pintado grupos de paseantes en toda la explanada y las escalinatas del templo. La tabla fue encargada a Sanzio por la familia Albizzini para la iglesia de San Francisco en Città di Castello, permaneciendo allí hasta 1798, cuando formó parte del botín napoleónico y fue vendida por 50.000 liras a un mercader. La idea de la composición está inspirada en la Entrega de las llaves que Perugino pintó en las paredes de la Capilla Sixtina.

Madonna del jilguero-Rafael

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Obra pictórica de temática religiosa titulada "Madonna del jilguero", pintada por Rafael Sanzio en 1507, perteneciente por lo tanto, al arte del Renacimiento y al periodo del Cinquecento (siglo XVI).
Con motivo de su matrimonio con Sandra di Matteo di Giovanni Canigiani, Lorenzo Nasi encargó a Rafael esta maravillosa Madonna para la decoración de su palacio. El edificio sufrió un importante desplome en 1547 provocando fuertes daños en la tabla que fueron restaurados por Michele di Ridolfo del Ghirlandaio. Las radiografías actuales han puesto de manifiesto la rotura del soporte en 17 trozos, apareciendo cuatro añadidos.
La virgen del Jilguero pertenece a un grupo abundante de Madonnas y Sagradas Familias que Rafael pinta en ésta época. El autor nos presenta a la Virgen como una mujer de su época, joven, llena de amor, de ternura hacia su hijo y San Juan bautista que aparecen desnudos o semidesnudos jugando con un jilguero mientras que la Virgen sostiene un libro abierto con una de sus manos y con la otra acoge a uno de los niños.
La escena está inspirada en Leonardo al emplear la composición piramidal muy admirada por los artistas del Cinquecento, ya que ven en ella la mejor forma y representar a los personajes del primer plano. Esta composición destaca por su equilibrio y severidad y en ella encontramos el estilo definitivo del Rafael durante su estancia florentina, destacando la belleza y el humanismo de las figuras.
Las figuras se ubican ante un amplio paisaje con el que se obtiene un efecto de perspectiva y que está inspirado en los paisajes leonardescos. Utiliza el sfumato de Leonardo para crear una atmosfera envolvente que da profundidad al cuadro y que envuelve el paisaje con las figuras del primer plano. La influencia de Miguel Ángel también ésta presente inspirándose en él al colocar la figura del niño entre las rodillas de su madre. También destaca la relación entre los personajes gracias al juego de miradas y gestos que refuerzan el humanismo de la escena. Además la obra pone de relieve los conocimientos de anatomía de Rafael.
En esta composición encontramos el estilo definitivo de Rafael durante su estancia florentina, destacando la blandura, la belleza y el humanismo de las figuras, interpretando de manera correcta la filosofía católica del momento. La escena está inspirada en Leonardo al emplear una composición piramidal muy admirada por los artistas del Cinquecento, asimilando también el atractivo contrastes de luces y sombras con el que crea una admirable sensación atmosférica. Las figuras se ubican ante un amplio paisaje de aspecto umbro con el que obtiene un prodigioso efecto de perspectiva. Las referencias a Fra Bartolomeo y Miguel Ángel también están presentes, inspirándose en éste último al colocar la figura del Niño entre las rodillas de su madre. La relación existente entre los personajes gracias al juego de miradas es destacable, reforzando el humanismo de la escena.

La escuela de Atenas-Rafael

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Como ejemplo de la labor pictórica de Rafael Sanzio (1483-1520) vamos a detenernos en uno de sus frescos más famosos, que realizó para la estancia de la Signatura de los palacios vaticanos, Se trata, obviamente, de "La Escuela de Atenas", una obra semicircular, de gran tamaño (mide en su base más de 7,7 metros). Encargado por el papa Julio II y realizado hacia 1510, por tanto en el arte del Renacimiento y en el periodo del Cinquecento, este fresco resume a la perfección muchas de las características de la pintura de Rafael: colores suaves, excelente manejo del dibujo y la perspectiva y una adecuación de los personajes (distribuidos en grupos) al espacio arquitectónico representado, que por cierto se basa en los proyectos de Bramante para la basílica de San Pedro del Vaticano.
El conjunto del fresco se acoge al lema de la "causarum cognitio", que resume las intenciones del pensamiento renacentista en cuanto a la conciliación de la razón y de la fe. La pintura de Rafael alcanza un grado sublime en esta obra, posiblemente la más famosa de su producción. Cuando el espectador contempla el fresco en la Estancia de la Signatura se introduce en el mundo clásico y aprecia el movimiento de los diversos personajes pintados por Sanzio, obteniendo un insuperable resultado. La Escuela de Atenas simboliza la Filosofía, situándose frente a la Disputa del Sacramento. El maestro ha introducido la escena en un templo de inspiración romana, posiblemente siguiendo los proyectos de Bramante para la basílica vaticana, enlazando con la idea del templo de la Filosofía evocado por Marsilio Ficino. Las figuras se sitúan en un graderío, formando diversos grupos presididos por los dos grandes filósofos clásicos: Platón, levantando el dedo y sosteniendo el "Timeo", y Aristóteles, tendiendo su brazo hacia adelante con la palma de la mano vuelta hacia el suelo con su "Ética" sujeta en el otro brazo, representando las dos doctrinas filosóficas más importantes del mundo griego: el idealismo y el realismo. Ambos personajes dialogan y avanzan ante un grupo de figuras que forman un pasillo. A la izquierda encontramos a Sócrates conversando con un grupo de jóvenes; en primer plano aparece Zenón con un libro que sostiene un niño mientras lee Epicureo; sobre la escalinata se sitúa Heráclito, tomando la efigie de Miguel Ángel por modelo posiblemente como homenaje a la decoración de la Sixtina; Diógenes echado sobre las escaleras; a la derecha Euclides junto a sus discípulos midiendo con un compás; Zoroastro y Ptolomeo con la esfera celeste y el globo terráqueo respectivamente. En estas figuras se ha querido ver la representación de las disciplinas que componían el "Trivium" y "Quadrivium". Los diferentes grupos de personajes se ubican de manera simétrica, dejando el espacio central vacío para contemplar mejor a los protagonistas, recortados ante un fondo celeste e iluminados por un potente foco de luz que resalta la monumentalidad de la construcción. En las paredes del templo contemplamos las estatuas de Apolo y Minerva así como las bóvedas de casetones y los espacios abiertos que dominan el edificio, creando un singular efecto de perspectiva. Vasari dijo refiriéndose a Rafael: "fue en la composición de las historias tan fácil y rápido que competía con la palabra escrita". Esta referencia es perfectamente aplicable a esta escena donde los gestos, las expresiones o los movimientos de las figuras están interpretados con sabiduría, creando un conjunto dotado de gracia y vitalidad. Los colores son muy variados, utilizando brillantes tonalidades con los que refuerza la personalidad de las figuras y la variedad y monumentalidad del conjunto. Con esta imagen, Sanzio demuestra la superación definitiva de los modelos florentinos iniciando su floreciente periodo romano.


Creación de Adán-Miguel Ángel

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El fragmento que observamos forma parte de la decoración pictórica de la Capilla Sixtina, realizada por Miguel Ángel Buonarroti en 1510, dentro del arte del Renacimiento y del Cinquecento (siglo XVI). La obra a comentar se corresponde con la Creación de Adán y se ubica en la bóveda de la capilla.
En esta obra, la pintura de Miguel Ángel busca la consecución de una belleza ideal clasicista pero enriquecida mediante valores como la monumentalidad colosal de las figuras, el empleo de fondos neutros sobre los que resaltan unos personajes rebosantes de tensión, expresividad y dramatismo que se retuercen en composiciones abigarradas y que recurren generalmente el escorzo. Su obra más importante es la decoración pictórica de la Capilla Sixtina en Roma, un encargo hecho por Julio II y que se convirtió en su realización más sublime, tras un intenso y frenético trabajo. La capilla es un conjunto colosal en el que se narra la totalidad de la Historia de la Salvación: en la bóveda pasajes del Génesis y del Antiguo Testamento, en los muros escenas de la vida de Cristo (realizadas por maestros del Quattrocento) y en frontal del presbiterio el Juicio Final. En la bóveda el artista dispuso las distintas composiciones enmarcadas por arquitecturas fingidas. En la parte central representó las escenas del Génesis rodeadas de desnudos jóvenes (ignudi), sibilas, profetas y otros personajes bíblicos, todo ello con una clara exaltación de la belleza del cuerpo humano.
La Creación de Adán ha marcado la mirada del hombre desde el momento en que se pintó hasta nuestros días. Esta imagen ha sido determinante en la formación del arte tal y como hoy lo entendemos, y es considerada la alegoría más sugerente y poética del origen del ser humano como ser que participa en la divinidad, sea cual sea ésta. La Creación de Adán sigue el mismo método de representación que la Creación de Eva, fingiendo dos planos de realidad, uno de los cuales es la misma realidad del espectador. Dios, tras haber creado luz y agua, fuego y tierra, a todos los animales y seres vivos, decide crear un ser a su imagen y semejanza, crearse de nuevo a sí mismo. Dios llega a la tierra en una nube, rodeado de ángeles y envuelto en turbulencias que crea su mismo poder irresistible. En tierra, la figura de Adán ya está modelada, esperando ser insuflada de vida. Adán está totalmente pegado a la tierra, como surgiendo de ella: su mano se levanta débilmente, sin fuerza propia, sin objetivo. Y en ese punto el dedo de Dios concentra toda la fuerza terrible de la creación para transmitirla a su criatura y convertirla en lo que es. El detalle aislado de las dos manos resume en sí mismo el misterio de la creación, de la vida humana. Es una interpretación conmovedora de Miguel Ángel, que ha hecho de esta imagen un auténtico patrimonio de la Humanidad.


Juicio Final-Miguel Ángel

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La obra que comentamos es una pintura al fresco titulada "Juicio Final" realizada por Miguel Ángel Buonarroti en el periodo del Renacimiento y en el Cinquecento italiano hacia 1537-1541. Suele encuadrarse estilísticamente dentro del Manierismo.
Parece bastante acertado considerar que el encargo del Juicio Final se gesta a mediados del año 1533 cuando Clemente VII encarga a Miguel Ángel la ejecución de dos frescos en las paredes frontales de la Capilla Sixtina representando el Juicio, en la pared de la capilla donde se encuentra el altar, y la Resurrección, en la pared de enfrente. El fallecimiento de Clemente VII en septiembre de 1534 provocaría un ligero abandono del proyecto, que sería recuperado por su sucesor, Paulo III. El 16 de abril de 1535 se empezó a levantar el andamiaje y en enero de 1537 se iniciaba la decoración pictórica, siendo descubierta de manera oficial el 31 de octubre de 1541. Desconocemos la razón por la cual no se ejecutó la Resurrección, considerándose que podría deberse a la preferencia del pontífice por la decoración de la Capilla Paulina y la finalización del diseño definitivo para la tumba de Julio II ya que los herederos del Papa estaban exigiendo la máxima rapidez al artista, eximiéndole el propio Paulo III de diversas obligaciones. El fresco es de enormes dimensiones -13,70 x 12,20 metros- e incluye casi 400 figuras de las que se han identificado aproximadamente 50. La zona superior de la composición, más de la mitad de la pared, está ocupada por el mundo celestial presidido por Cristo como juez en el centro de la escena, inicialmente desnudo y en una postura escorzada, levantando el brazo derecho en señal de impartir justicia y cierto temor a los resucitados. A su lado, la Virgen María, rodeadas ambas figuras por un conjunto de santos, apóstoles y patriarcas que constituyen el primer grupo circular. A ambos lados de este grupo central diferentes mártires, vírgenes, bienaventurados y Confesores de la Iglesia forman una segunda corona. En los lunetos superiores aparecen dos grupos de ángeles que portan los símbolos de la Pasión: la corona de espinas, la cruz y la columna, ofreciendo las más variadas posturas y reforzando la sensación general de movimiento. Buonarroti quiso representar de esta manera la salvación de la Humanidad a través de la llegada de Cristo en la parte más elevada de la pared. A los pies de Cristo se sitúan dos santos que ocupan un lugar privilegiado: San Lorenzo, que porta la parrilla de su martirio, y San Bartolomé, con una piel que alude a su muerte, apreciándose en su rostro un autorretrato del pintor. En la zona intermedia podemos encontrar tres grupos; en la izquierda, los juzgados que ascienden al Cielo mientras que en la parte contraria se ubican los condenados que caen al Infierno, ocupando los ángeles trompeteros el centro para despertar a los muertos de la zona inferior que se desarrolla en el espacio izquierdo de este último tramo. En la zona inferior derecha hallamos el traslado de los muertos en la barca de Caronte ante el juez infernal Minos -la figura de la esquina con serpientes enrolladas alrededor de su cuerpo- y la boca de Leviatán. La escena se desarrolla sin ninguna referencia arquitectónica ni elemento de referencia, emergiendo las figuras de un azulado cielo donde flotan con una energía y seguridad difícilmente igualables. Son numerosas las referencias y fuentes en las que Miguel Ángel se inspiró según aluden los especialistas. Estatuas clásicas, figuras ya utilizadas en el cartón de la Batalla de Cascina, los frescos de Luca Signorelli en la catedral de Orvieto e incluso El Bosco. En el aspecto literario parece seguro el empleo de tres fuentes: la Divina Comedia de Dante, la bíblica Visión de Ezequiel y el Apocalipsis de San Juan. El descubrimiento del fresco provocó inmediatas reacciones de aspecto moral; el cronista de ceremonias pontificio Baggio da Cesena ya lo criticó antes de su inauguración oficial, seguido por Pietro Aretino y los asistentes al Concilio de Trento, que no podían permitir los desnudos de la obra ante las acusaciones de paganismo que lanzaban los reformistas. Este aluvión de críticas motivará que en la reunión de la Congregación del Concilio del 21 de enero de 1564 se ordenara el cubrimiento de toda "la parte obscena" encargando la ejecución a Danielle Ricciarelli da Volterra llamado desde ese momento el "Braghettone". Se registrarían nuevas intervenciones a lo largo de los siglos XVI, XVIII y XIX que, junto al humo de las velas, motivarían la suciedad del conjunto de frescos de la Capilla. En 1964 se inició un programa de restauración de todas las obras que finalizó en 1994 con el descubrimiento del Juicio Final enteramente restaurado; dirigida por Gianluigi Colalucci, la restauración se ha realizado con una mezcla solvente compuesta por bicarbonatos de sodio y amonio, carboximelcelulosa y un fungicida diluido en agua destilada. Con agua destilada se lavaba la zona a trabajar y se aplicaba la solución durante unos 3-4 minutos, lavando cuidadosamente la superficie tratada y dejando descansar un mínimo de 24 horas, realizando una segunda aplicación durante otros 3-4 minutos para lavar definitivamente con agua destilada. De esta manera se ha descubierto la importancia del color en la pintura de Miguel Ángel, que compagina con la fuerza escultórica de sus personajes. La manera de ejecutar el trabajo restaurador fue igual que originalmente, de pie, lo que motivaría que Buonarroti escribiera a un amigo: "Estoy doblado tensamente como un arco sirio". En el Juicio Final se recoge toda la fuerza de la "terribilità" típicamente miguelangelesca al mostrar la intensidad de un momento de manera excepcional, produciendo en el espectador cierto "temor religioso" alejado de la delicadeza de las imágenes de Rafael. Las figuras se retuercen sobre sí mismas, en acentuados escorzos que anticipan el Manierismo y el Barroco, creándose una increíble sensación de movimiento unificado a pesar de la ausencia de perspectiva tradicional y disponiendo las figuras en diferentes planos pero sin crear el efecto de fuga. De esta manera se refuerza la tensión y el dramatismo del momento pintado por el maestro, que crea una especie de remolino intenso que provoca cierta inestabilidad irreal. Los personajes exhiben el interés de Buonarroti por la anatomía escultórica, destacando sus amplias y musculosas anatomías inspiradas en el mundo clásico. El colorido brillante sintoniza con la bóveda a pesar de que abundan las carnaciones de los cuerpos desnudos que permiten contemplar sus músculos en tensión, sin olvidar hacer alusión a la expresividad de los rostros recogiendo en sus gestos el destino que les ha tocado tras el último Juicio. Cuando el espectador penetra en la Sixtina y contempla esta obra maestra siente ante sus ojos la intensidad emocional del momento como sólo Miguel Ángel podría interpretarlo.


Vocabulario artístico


En este tema hemos trabajados conceptos pertenecientes al vocabulario artístico del temario como:
ESCORZO
ESFUMATO
ÓLEO
PERSPECTIVA AÉREA

Cuestionario tipo test


Practica lo aprendido realizando el cuestionario test sobre el arte del Renacimiento.