Características generales de la escultura griega





El arte griego viene determinado por una serie de características generales que se encuentran ligadas profundamente a la esencia del pensamiento griego clásico. Podríamos sintetizarlas en los siguientes apartados.
  • Los griegos sentían una necesidad profundamente arraigada de descubrir un orden en el flujo de la experiencia física y psicológica. Los griegos pretendían hallar un orden (cosmos) que explicase la experiencia ante la ansiedad que les producía la irracionalidad aparente de la experiencia.
  • Por ello basaron su arquitectura en la medida y la proporción. La medida y la proporción de las formas singulares da lugar, una vez que se inserta en un conjunto, a la armonía. Todos los elementos singulares del edificio deben estar basados en la proporción. El todo, compuesto por esas singularidades, dará lugar a la armonía.
  • La armonía, basada en la medida y la proporción del hombre, constituye la idea de belleza que rige toda la producción artística griega. Los griegos representarán lo específico a la luz de lo genérico, esto es, una idea de belleza cuyo referente es el hombre, derivada de una explicación racional del universo.
  • La escultura griega plantea un estilo naturalista, que pretende imitar la realidad, pero idealizado, esto es, en función de un ideal de belleza que se basa en la proporción, la simetría y la armonía.

La mayoría de esculturas griegas desaparecieron, pero quedan suficientes para reconstruir su historia a grandes rasgos. Por otra parte, en la época romana se copiaron y adaptaron muchos modelos y famosas esculturas griegas, que se han conservado gracias a dichas reproducciones. La mayoría de las esculturas griegas eran de carácter religioso, por lo menos en los primeros tiempos. Algunas se empleaban en la decoración de los templos, otras en los monumentos votivos erigidos en los santuarios, y otras como estatuas para el culto en el interior de la naos del templo. En este sentido, la escultura griega estaba supeditada a un marco arquitectónico. La escultura conmemorativa representó también un papel importante. Una victoria militar podía celebrarse con la erección de una estatua o de un grupo, el triunfo en una competición atlética con la estatua del vencedor, o la firma de un tratado entre dos ciudades con la erección de una estela.
Los temas de la escultura griega pueden dividirse en dos grupos principales:1) Temas que ilustraban los múltiples mitos de los griegos, con las historias de sus dioses y los hechos valerosos de sus héroes.
2) Temas que reflejaban la vida diaria de la época, o sea, competiciones atléticas, luchas de guerreros, mujeres con niños y sirvientas y plañideras en las tumbas. Raramente se ven representadas directamente escenas y batallas históricas, de gran importancia en el arte mesopotámico, egipcio y romano. En su lugar se hallan los encuentros míticos entre dioses y gigantes, griegos y amazonas, y lapitas y centauros, como símbolos de los conflictos bélicos del pueblo griego.

Al parecer la erección de retratos de personajes importantes a cargo de sus parientes o del Estado comenzó en el siglo V a. C., colocándose más habitualmente en los lugares públicos que en las casas particulares, por lo menos hasta la época helenística.
La escultura griega se basó en la representación ordenada y bella del ser humano. El anhelo de orden cósmico del pueblo griego dio como resultado la fijación de un esquema permanente, de un sustrato inmutable por el que podía medirse y explicarse la experiencia caótica. El reconocimiento del orden y la medida en los fenómenos era la base de un ideal espiritual. Estas dos fuerzas fundamentales del pensamiento y la expresión griegos –ansiedad provocada por la irracionalidad aparente de la experiencia, y la tendencia a aplacar esta ansiedad mediante el hallazgo de un orden que explicase la experiencia- tuvieron un profundo efecto en el arte griego, y son la raíz de sus dos principios estéticos fundamentales:
1) El análisis de las formas en sus partes componentes. Se dota de unidad a la multiplicidad de las cosas encontrando bases comunes para todas ellas. La diversidad de formas de la naturaleza se reduce si se miran todas ellas como combinaciones de un número limitado de formas geométricas.
2) Representación de lo específico a la luz de lo genérico. Los artistas griegos tendieron a buscar las formas típicas y esenciales que representaban la naturaleza esencial de las clases de fenómenos. Se representaba la especificidad de un hombre a la luz de un concepto general del hombre. La coherencia y el límite son características del orden; la diversidad es más a menudo propia del caos.
Los principales materiales usados por los griegos para la escultura mayor eran la piedra (caliza y mármol), el bronce, la terracota, la madera, la combinación de oro y marfil y, ocasionalmente, el hierro. Las que se han conservado son generalmente de piedra. La madera se desintegró, el oro y el marfil eran demasiado valiosos para conservarse intactos, el bronce se fundió en casos de emergencia y el hierro se ha corroído. Las esculturas de piedra se hicieron siempre a cincel. Las herramientas básicas usadas por los griegos fueron el punzón o puntero, el buril y los diversos cinceles, todos ellos manejados junto con la maceta. Las distintas partes de las obras se solían ensamblar a través de grapas de metal y espigas de piedra que generalmente se pegaban con plomo fundido. Cada escultura de piedra, ya de caliza o de mármol, se pintaba total o parcialmente. Otra práctica habitual era la añadidura de accesorios de diversos materiales: ojos hechos de piedras de colores, vidrio o marfil, o se añadían rizos, diademas y coronas de metal e incluso pendientes y collares, así como lanzas de metal, espadas, riendas y bridas. El bronce fue el metal favorito para la estatuaria durante toda la historia de Grecia. Las más antiguas esculturas de bronce eran sólo chapadas, sobre un alma de madera. Más adelante se introdujo el vaciado. Se empleaba tanto el método de la cera perdida como el molde de arena. Los bronces griegos se dejaban en su color dorado natural; las pátinas que generalmente los recubren en nuestros días se deben a la acción del tiempo. En ocasiones se empleaba la terracota para la decoración de los templos y ocasionalmente para figuras votivas o religiosas, como un sustitutivo pobre de la piedra. Las estatuas griegas crisoelefantinas (de oro y marfil) se realizaban sobre un molde de terracota, reforzándose las de mayores dimensiones con barras de hierro. El oro se adornaba luego con incrustaciones de vidrio.

Evolución de la escultura griega



La escultura griega arcaica (600-480 a. C.) nace de la asimilación por parte del pueblo griego de los cánones estéticos de la escultura oriental. Sin embargo, desde el principio los griegos pusieron su mirada con mayor fijación en la belleza formal que sus colegas orientales. Dos tipos genéricos dominarán la escultura griega arcaica: el atleta desnudo o kouros y la mujer vestida o kore.
Los kouroi eran estatuas funerarias o votivas que conmemoraban, reencarnaban de hecho, a hombres que habían muerto jóvenes y que se pensaba que tenían una existencia de ultratumba como héroes. Estas estatuas, tanto masculinas como femeninas eran exvotos conmemorativos asociados a fines religiosos. Los kouroi son el tipo escultórico que crearon los griegos para representar el ideal de belleza masculina. Obedecen a la ley de la frontalidad, que se basa en que la línea que pasa entre las cejas, nariz y ombligo, debe dividir el cuerpo en dos partes iguales y exactamente contrapesada; presentan los brazos caídos a lo largo del cuerpo y manos cerradas y pegadas a los muslos; cabeza cúbica adornada por una melena larga y maciza. Su actitud más corriente es la de marchar, avanzando la pierna izquierda. Se representa siempre con el cuerpo desnudo y carente de musculatura. La figura no deja de evocar lo que fue antes de ser tallada: un bloque de mármol. Incapaz de dar la justa expresión al rostro, el escultor arquea los labios hacia arriba, dando lugar a la llamada “sonrisa arcaica”, tan típica de este período. Ejemplos típicos de kouroi son los gemelos Cleobis y Bitón (hacia 600 a. C.) y el kouros de Anavysos (530 a. C.). Destacan también dos esculturas encontradas en la acrópolis de Atenas que no son kouroi en sentido estricto: el Moscóforo (570 a. C.) y el Jinete Rampin (560 a. C.). El primero es un joven que porta un ternero sobre sus hombros y en él se observa un mayor tratamiento anatómico. El Jinete Rampin es la estatua ecuestre más antigua conocida en Grecia y está realizado en mármol.
Las korai son figuras femeninas, posiblemente doncellas de carácter votivo. El desnudo femenino en Grecia es algo tardío y sólo se produce cuando la ocasión lo requiere o justifica. El ideal femenino se identificará con el vestido y el atuendo digno. Las korai aparecen vestidas, envueltas en una larga y ceñida túnica encima de la cual se dispone el manto o peplo. Suelen recoger con una mano, los pliegues del vestido o bien cruzan un brazo por delante del cuerpo. Entre las primeras destaca la Dama de Auxerre (650 a. C.) y la Hera de Samos (570-560 a. C.). Con un estilo más naturalista, sobresalen la koré de la acrópolis de Atenas (510 a. C.) y la Kore del peplo (530 a. C.).
En el s. VI a. C. en el templo de Artemisa de Corfú, aparece la primera composición monumental de un tímpano. La forma triangular del frontón con agudos extremos obligaba al escultor a colocar las figuras en variadas actitudes, con el fin de adaptarlas a la distinta altura del mismo en sus diversas partes. En el centro de este tímpano se representa a Gorgona, desbordando con su cabeza los límites del marco, usando la ley de la frontalidad, y con recursos perspectivos orientalizantes (torso de frente y mitad inferior del cuerpo de perfil). También destaca el friso del tesoro de los Sifnios hacia 525 a. C., en Delfos, en el que se representan diferentes escenas mitológicas con un estilo caracterizado por la escasa profundidad del relieve y la superposición plana de elementos.
El estilo severo (480-450 a. C.) es una época de transición entre el período arcaico y el clasicismo del s. V a. C. En este período de transición hay que citar al escultor Kritios, cuyo nombre va ligado a la aparición del contraposto. Aunque no existe constancia de que descubriera el contraposto, éste aparece plasmado por primera vez en una obra suya, el llamado Efebo de Kritios (480 a. C.). El contraposto es un esquema que se define por la contraposición de los miembros a partir del juego de piernas, que acusa la diferencia funcional entre pierna de sostén, sobre la que recae el peso del cuerpo, y por tanto, se mantiene tensa, y pierna exonerada (liberada de peso) que se flexiona. La cadera del lado de la pierna en tensión queda más alta que la de la pierna en descanso, y un idéntico desequilibrio afecta a los hombros, pues cabeza y cuello giran levemente en dirección de la pierna exonerada. A Kritios también se le atribuye el grupo de los Tiranicidas, obra original de bronce que realizó en colaboración con el escultor Nesiotes.
Otras obras importantes de este período de transición son: el trono Ludovisi (mediados s. V a. C.), en cuyo frente principal se representa el nacimiento de Afrodita en un relieve muy bajo que destaca por la transparencia de los pliegues, dejando traslucir el desnudo femenino; Auriga de Delfos (primera mitad s. V a. C.), original de bronce de 1,80 m de altura, en el que destaca el naturalismo del rostro, su severidad expresiva que abandona la sonrisa arcaica, y el juego del plegado con variaciones en las mangas, en el pelo, en la cintura y en las acanaladuras verticales; Poseidón de Cabo Artemisón (hacia 460 a. C.), obra en bronce que representa al dios en el momento de lanzar el tridente, pretexto usado por el escultor para realizar un estudio naturalista del cuerpo masculino.
Dos frontones destacan en el panorama escultórico del estilo severo. En primer lugar, los frontones del templo de Afaia en Egina (490 a. C.) y los frontones del templo de Zeus en Olimpia (470-450 a. C.).


El período clásico (s. V a. C.) se inicia con Mirón, que según los especialistas, es el escultor que mejor representa la transición entre el estilo severo y la época clásica. Trabaja en la primera mitad del s. V a. C. y le interesaba, sobre todo, la captación del cuerpo humano en movimiento, preocupación estética en él facilitada por el empleo del bronce. Su obra más característica y conocida es el Discóbolo, en el que se representa el cuerpo de un atleta en el mismo momento en que, inclinado hacia delante en el límite del equilibrio, eleva el brazo para lanzar el disco. La novedad de esta obra se encuentra en la representación del movimiento en potencia, pues se sintetiza el movimiento y el tiempo en un momento ideal de la acción concentrada del atleta, el instante previo al lanzamiento. Además, Mirón realiza un estudio anatómico enormemente naturalista del cuerpo humano en esta creación. En el grupo de Palas Atenea y Marsias, Mirón refuerza la sensación física y de sobresalto, señalando la expresión serena de la diosa y el gesto salvaje y teatral de su oponente.
Polícleto es otra gran figura del arte clásico. Pertenece a la escuela de Argos y su producción abarca entre 460-420 a. C. Fue broncista y se especializó en temas atléticos. Su atención gira siempre en torno a la representación del cuerpo humano desnudo y por la corrección de sus proporciones. Polícleto es un teórico que escribe el Kanon, donde encierra el resultado de un minucioso estudio de proporciones, a través del cual define la belleza como la relación armoniosa de unas partes del cuerpo con otras, y de éstas con el todo. Estos principios los expone en su Doríforo, obra en bronce en la que se representa a un lancero en actitud de marcha sosegada y tranquila. Es el prototipo de un cuerpo masculino sometido a un módulo aritmético, según el cual la cabeza es la séptima parte del cuerpo. Mantiene también, el principio tradicional de un solo punto de vista frontal, donde puede admirarse el contorno en toda su claridad y belleza. Otra obra importante es el Diadúmeno, un atleta ciñéndose la cinta a la cabeza. Es similar a la obra anterior, pero de formas más blandas y actitud más movida.
A mediados del s. V a. C., Pericles llevaba a cabo el embellecimiento de Atenas, cuyo programa de construcciones estaba financiado con los fondos de la Liga de Delos. El centro de embellecimiento era la acrópolis de Atenas y concretamente el templo de Atenea Parthenos. Fidias fue el supervisor de estas obras. Fidias empezó a trabajar tras la expulsión de los persas, hacia 470 a. C. Por estos años estuvo al frente de las obras de la acrópolis como inspector general de las obras. Fue denunciado ante la asamblea ateniense por un robo de materiales destinados a la estatua de Atenea Parthenos y debió abandonar la ciudad. Marchó a Olimpia, donde posiblemente murió hacia 430 a. C. En las obras de Fidias se encarna de manera perfecta el ideal de belleza clásica basado en el naturalismo idealizado, la proporción, el equilibrio y la armonía. Su obra está preocupada por dotar a sus figuras religiosas de un contenido espiritual grave y digno, el olimpismo o condición solemne de lo divino, basado en el pondus (ponderación) y en la maiestas (majestad). Entre sus esculturas exentas más importantes, se encuentran las siguientes: Atenea Lemnia, sin casco ni lanza, representada como diosa dispensadora de la paz, con la cabeza descubierta, el casco en la mano y la égida terciada sobre el pecho, mostrando los rasgos normativos de la belleza clásica femenina (labios menudos, mejillas lisas, perfil casi perpendicular al plano horizontal que corta la cabeza); hacia 447 a. C. comenzó la estatua de Atenea Parthenos, creación crisoelefantina para el Partenón, que medía casi 12 m de altura, vestía un peplo ático e indumentaria militar, el peso del cuerpo gravitaba sobre la pierna derecha y en su actitud se compaginaba la naturalidad y la solemnidad. La decoración de relieves del Partenón fue acometida por su taller, bajo la dirección del maestro. Comprende tres series: frontones, metopas y frisos. En los frontones se narra el nacimiento de Atenea y la pugna entre esta diosa y Poseidón por la posesión de la colina sagrada. De los frontones se conservan restos en el Museo Británico, caracterizados por los finos pliegues de sus indumentarias, que se ciñen al cuerpo en movimiento y bajo las que se contemplan las formas anatómicas (drapeado o técnica de los paños mojados). Las metopas narran cuatro luchas mitológicas que simbolizan el conflicto cósmico del Orden y el Caos (griegos y persas): Centauromaquia, Amazonamaquia, Gigantomaquia y Guerra de Troya. Son composiciones triangulares con figuras de movimientos libres y variados, con relieves muy voluminosos (casi bulto redondo) y una gran variedad compositiva que evidencia una multiplicidad de actitudes y expresiones de los personajes. El friso del muro de la naos, mide unos 200 m, y en él se representa la procesión de las Panateneas, que marchan a ofrecer el tradicional peplo a la diosa, acompañadas por la población ateniense. En la obra destaca la composición armónica en la que las figuras se reparten a intervalos regulares, el estudio del movimiento y el uso del escorzo y otros efectos perspectivos en la disposición de los personajes.
La escultura clásica cuenta con una nueva fase de evolución en el s. IV a. C. Tras la guerra del Peloponeso (finalizada en 404 a. C.) comienza una nueva fase en la escultura griega en la que Atenas pierde su papel director. Frente a la serena grandiosidad divina del estilo de Fidias, aparece una representación más humanizada de los dioses, las formas se tornan más mórbidas y la pasión comienza a rastrearse en los rostros de las figuras.
Praxíteles, nacido en Atenas alrededor del 400 a. C. trabajó en dicha ciudad como broncista y escultor de mármol entre 380 y 330 a. C. Las obras de Praxíteles se caracterizan por su gracia y blandura, de suerte que los dioses adoptan actitudes indolentes, describiendo sus cuerpos la suave curva praxiteliana, mientras que el sobrio modelado fidiaco es reemplazado por formas mórbidas y blandas con un evidente deseo de acariciar la superficie del mármol. Rasgos generales de sus obras son la delicada torsión de las figuras, el uso del trépano en los cabellos (efectos plásticos de claroscuro) y los esquemas variados, a veces con un brazo levantado y un plano anterior claro en el que se ponen de relieve las excelencias del contorno sin consentir nunca que el brazo corte la silueta del cuerpo. Entre sus obras maestras destaca la Afrodita Kinidia, que se representa desnuda con actitud pudorosa y en el trance de tomar un baño, Hermes de Olimpia, original de mármol del autor, y Apolo Sauróktonos que se dispone a lanzar una flecha sobre un lagarto.
Otro escultor famoso del s. IV a. C. fue Skopas, nacido en la isla de Paros hacia 380 a. C. Trabajó el mármol, creando una escultura marcada por el patetismo, la tragedia y el furor. Para ello, Skopas usó la línea curva, creando composiciones dinámicas de gran expresividad y fuerza. Sus personajes destacan por sus bocas entreabiertas, rostros anhelantes y movimientos vertiginosos. Son creaciones suyas la cabeza de Meleagro procedente del mausoleo de Halicarnaso y la Ménade furiosa.
En la época y la corte de Alejandro Magno, florece el tercer gran escultor del s. IV a. C.: Lisipo. Lisipo reconocía como maestros a la naturaleza y al Doríforo de Polícleto, lo que lleva implícito el afán de sujetarse a un canon o medida. Junto a esta preocupación por la proporción y la medida, revisa la imitación de la naturaleza teniendo en cuenta la apariencia de los modelos naturales. Supone un paso decidido hacia el naturalismo, pues Lisipo representaba atletas de pesadas musculaturas, niños de anatomías realmente infantiles y viejos con claros signos de decrepitud. Su obra mejor documentada es el Apoxiomeno, que representa a un atleta que se encuentra limpiándose con un strigiles la piel cubierta de polvo. La obra incorporaba importantes novedades: canon más esbelto con reducción del volumen de la cabeza, posición poco estable, porque la pierna derecha retrasada no se apoya con fuerza en el suelo, además, la extensión del brazo derecho hacia delante ocasiona un profundo escorzo con la incorporación de la profundidad. Por último, el brazo izquierdo corta al derecho en ángulo recto y se interpone entre el espectador y el plano principal de la estatua. O sea, responde a nuevos ideales escultóricos como: naturalismo, canon más esbelto, impresión de profundidad, movimiento, variedad de puntos de vista. Estos mismos principios rigen el resto de sus obras: Eros tensando el arco, estudio de la anatomía infantil, Afrodita de Capua, ideal de belleza femenina con un modelo más esbelto que el praxiteliano, y Hércules Farnesio, inspirado en Polícleto pero aumentando su anatomía y la impresión de profundidad.




La escultura helenística (323-31 a. C.) se inicia tras la muerte de Alejandro Magno. La escultura griega, extendida por Asia Menor y Egipto, continúa evolucionando, conservando su vigor después de la conquista romana. Pero ya no es Grecia ni Atenas el único centro del arte, sino que encontramos otros lugares relevantes repartidos por Asia Menor y Egipto. La escultura helenística se caracteriza por: influencia de los maestros griegos del s. IV a. C., Praxíteles, Skopas y Lisipo, cuyos cánones formales se repetirán en este período; interés por la anatomía, insistencia en marcar los músculos con el consiguiente incremento del claroscuro; uso de la perspectiva y de la profundidad en el relieve; representación anecdótica de los temas, lo que supone un incremento de escenas mitológicas de amor, cómicas, realistas, grotescas, deformes o intensamente violentas; el retrato descubre nuevas posibilidades, insistiéndose en la individualidad del retratado. Las principales escuelas helenísticas fueron:
1) Atenas. En esta escuela se crean obras como la Venus de Milo, bello desnudo femenino, majestuoso, de rostro sereno, y el Sátiro Barberini, inconcebible por el desenfado de su actitud, en siglos anteriores.
2) Pérgamo. Entre 250 y 200 a. C. sus obras mejor documentadas son las estatuas de gálatas del monumento que Atalo I levantó hacia 228 a. C. y obra posiblemente de Epígono. Dentro de ese conjunto destaca el Galo moribundo. Entre 197 y 159 a. C., cuando la ciudad alcanza el máximo de su expansión y riqueza, la actividad artística se centra en torno al gran altar construido por iniciativa de Eumenes II en honor de Zeus y Atenea.
3) Alejandría. La ciudad fundada por Alejandro en la desembocadura del Nilo se convierte en el centro del Egipto helenístico y en uno de los emporios comerciales más poderosos del Mediterráneo.
4) Rodas. La escuela de Rodas destaca por su movimiento e intensidad expresividad. Entre sus creaciones destaca la Victoria de Samotracia atribuida a Pithókritos de Rodas hacia 190 a. C, de gran movimiento y agitación en sus paños. El Laocoonte es una famosa obra helenística cuyo original se debe a tres artistas de la misma familia: Agesandro, Polydoros y Athenodoros, hacia 50 a. C. La obra trata un tema patético descrito por Ovidio y Virgilio: el castigo de Laocoonte, sacerdote de Apolo y de sus hijos, engullidos por serpientes enviadas por los dioses. Se manifiesta el carácter abigarrado, de exagerado naturalismo y expresivo de la escuela de Rodas. Sólo posee un punto de vista frontal.

Comentarios de obras de arte




Auriga de Delfos

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Auriga de Delfos es la denominación de una obra maestra de la escultura griega del denominado estilo severo (transición entre la escultura arcaica y la clásica). Se realizó, en bronce, en el año 474 a. C., para conmemorar la victoria del tirano Polyzalos de Gela en la carrera de cuádrigas de los Juegos Píticos (los que se celebraban en honor de Apolo en el santuario de Delfos). La figura formaba parte de un grupo más amplio, del que sólo quedan fragmentos de cuatro o seis caballos y un pequeño esclavo que se situaría ante ellos.De tamaño natural, la figura tiene una altura de 1,80 metros. Se trata de una de las escasas esculturas originales que se conservan en bronce del mundo griego. El grupo estaría formado seguramente por el auriga que sostiene las riendas de la cuadriga, los cuatro o seis animales, un guerrero detrás de él, además de un mozo de cuadra. La escultura está fundida en varias piezas separadas y soldadas posteriormente, tal y como era costumbre en representaciones que incluían un número importante de figuras.Aunque vista de forma aislada presenta un aspecto diferente al que debía de dar en el conjunto, es posible señalar algunos rasgos esenciales. A primera vista, la figura erguida, con la larga túnica y la actitud impasible, recuerda mucho las esculturas arcaicas. Sin embargo, elementos como la marcada frontalidad que caracterizó a las esculturas arcaicas exentas, especialmente en los primeros tiempos, tiende aquí a desaparecer gracias a la introducción de matices que dotan a la figura de una mayor tridimensionalidad: los pies se sitúan oblicuamente respecto al cuerpo, el cual acentúa levemente la torsión lateral, de acuerdo con los brazos y cabeza; esta torsión se manifiesta en el juego de los pliegues de la túnica, ceñidos en la cintura y sueltos en el torso, crean un volumen que rompe con el hieratismo propio de épocas pasadas. El rostro está de acuerdo con esa disposición corporal; mantiene un gesto sereno en el que ha desaparecido la sonrisa (propia también del periodo arcaico), para dar paso a una expresión centrada, que destaca en unas facciones geometrizadas. Como en otras esculturas del periodo, aparte del bronce, se han utilizado otros materiales nobles, tanto en los ojos, elaborados con incrustaciones de piedras de color, como en la diadema, que conserva restos de plata. El cobre es el material utilizado en los labios, confiriendo una mayor riqueza cromática.

Discóbolo


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El Discóbolo es una obra escultórica creada por Mirón hacia el año 455 a. C., por lo que pertenece al periodo clásico de la escultura griega. Este lanzador de disco representa una figura en acción en la que se reflejan la belleza del cuerpo masculino, la simetría y las proporciones armoniosas. Las estatuas en movimiento era el tipo escultórico preferido por Mirón, que se liberaba de las estáticas fórmulas arcaicas. A través de las extremidades, el torso y los músculos del atleta se muestra la acción llena de vitalidad en el momento en el que el atleta echa el disco al máximo hacia atrás, inmediatamente antes de enderezarse para lanzarlo. El estudio y el modelado anatómico se nos presentan con gran perfección, al mostrar los músculos en tensión, las carnes firmes, las venas vigorosas y los contornos proporcionados. Sin embargo, hay que añadir que el tratamiento de los músculos es todavía plano, las facciones poco expresivas y el punto de vista frontal, lo que subraya el hecho de que nos encontramos todavía en los umbrales del clasicismo. Hay quien interpreta que la figura representa al héroe «Hyakinthos» (Jacinto); amado por Apolo, el cual le habría matado de forma involuntaria con un disco. Después, con su propia sangre habría creado la flor del mismo nombre.

Doríforo


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Obra escultórica que pertenece al arte griego, llamada “El Doríforo” de Polícleto, creada en la época clásica y en particular, en el siglo V a. C. Polícleto tiene una enorme importancia artística, a lo que hay que añadir sus aportaciones a la evolución de la escultura y su vocación teorizante, consagrada en un libro, el “Kanon”, que es una recopilación de su concepto de la escultura, en el que sobresalen sus minuciosos estudios de la proporcionalidad del cuerpo humano y su idea de que la belleza se encuentra precisamente en la propia armonía de ese mismo cuerpo. El Doríforo ("portador de la lanza") es un joven lancero que se convierte en una idealización del cuerpo humano. Destaca en su composición el perfecto equilibrio que consigue el contraposto, término italiano que expresa la oposición armónica de las diversas partes del cuerpo humano, especialmente cuando algunas de ellas se hallan en movimiento o tensión y sus simétricas en reposo. El Doríforo es además un perfecto estudio anatómico, donde se subraya con todo énfasis ese ideal de belleza basado en el cuerpo humano perfecto y armónico, en este caso basado en un canon de proporcionalidad de siete veces el tamaño de la cabeza. La perfección llega a tal punto que se pueden establecer criterios geométricos en la solución de algunas partes del cuerpo: las curvas del pliegue inguinal y del arco torácico son segmentos de circunferencia cuyos centros coinciden en el ombligo. Se busca la belleza ideal a través de las proporciones. La cabeza del Doríforo es perfectamente esférica (figura perfecta en la parte más noble del hombre), de tal guisa que el cabello está adherido a ella perfectamente gracias a su particular peinado, carente de volumen. En resumen El Doríforo es un perfecto estudio anatómico, con una composición equilibrada, en perfecto contraposto, armoniosa y proporcionada. La estatua es la expresión del canon de siete cabezas de Policleto, ideal de belleza masculina.

Procesión de las Panateneas


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Obra escultórica en relieve titulada "Procesión de las Panataneas" creada por Fidias en el periodo griego durante la época clásica, perteneciente al siglo V a. C. En las obras de Fidias, como se puede apreciar en la lámina, se encarna de manera perfecta el ideal de belleza clásica basado en el naturalismo idealizado, la proporción, el equilibrio y la armonía. Su obra está preocupada por dotar a sus figuras religiosas de un contenido espiritual grave y digno, el olimpismo o condición solemne de lo divino, basado en el "pondus" (ponderación) y en la "maiestas" (majestad). En la obra destaca la composición armónica en la que las figuras se reparten a intervalos regulares, el estudio del movimiento y el uso del escorzo y otros efectos perspectivos en la disposición de los personajes. Es sin duda una de las obras más logradas del clasicismo griego. En ella se multiplican los pliegues de los ropajes con un ritmo casi musical, las posturas gráciles de las figuras y sus movimientos pausados. El volumen se sugiere con equilibrado sentido de la medida y los personajes se vuelven y se comunican con una serena naturalidad.
En el friso del Partenón que corona el pronaos y opistodomos y los muros laterales de la naos, estaba representada la procesión de las Panateneas, en la que Fidias reprodujo magistralmente el mismo orden de su desfile real. Medía 160 metros, contaba con más de 350 figuras y fue esculpida por Fidias y otros escultores bajo sus órdenes entre los años 447-438 adC. La procesión de las Panateneas, que se inicia en la fachada occidental, avanza en dos filas, a la vez por el norte y por el sur, y termina ante la asamblea de los dioses, en la fachada oriental. Es uno de los ejemplos más bellos y perfectos de la escultura griega clásica. Las Panateneas eran unas fiestas religiosas que se llevaban a cabo todos los años en Atenas dedicadas a Atenea, la diosa protectora de la ciudad. Eran las celebraciones religiosas más antiguas e importantes de Atenas. Cada cuatro años, se celebraban las Grandes Panateneas que duraban cuatro días más que las anuales y que eran las más prestigiosas y apreciadas por los ciudadanos de Atenas, similares, en importancia, a los Juegos Olímpicos. En el relieve se representa la procesión del peplo o túnica, que ponía el punto y final a las Grandes Panateneas. Éste era tejido, durante todo el año, por las mujeres del Ática y ofrecido a la diosa. El peplo era portado por unas doncellas en una solemne procesión que recorría toda la ciudad hasta la Acrópolis donde se hallaba instalada la estatua de Atenea Parthenos. La participación en esta procesión significaba un gran honor. En la procesión iban sacerdotes, doncellas portadoras del peplo, ancianos con ramas de olivo, jóvenes con armaduras, los vencedores de los juegos y embajadores de las colonias atenienses. El festejo terminaba con un gran sacrificio a Atenea.

Hermes


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Conocida también como “Hermes con Dionisos niño”, es una escultura de bulto redondo realizada en mármol, perteneciente a Praxíteles, escultor del clasicismo griego del s.IV a. C. Esta obra se encontró en las excavaciones hechas en el templo de Hera en Olimpia y se considera que se trata de un original del artista, realizada en su juventud, aunque no todos los historiadores del arte están de acuerdo, ya que creen que podía tratarse de una copia romana. Se conserva en el museo arqueológico de Olimpia (Grecia).
Compositivamente la obra muestra un claro esquema helicoidal en la postura del cuerpo del adulto, ya que muestra su brazo derecho levantado y apoya su brazo izquierdo en un soporte cubierto con un manto, desequilibrando así el eje de su cuerpo, de manera que la curvatura de su torso dibuja la famosa “curva praxiteliana”, ese esquema en “ese” que le confiere la posición lánguida, relajada, completada por la curvatura de la pierna y del pie, culminada en la parte superior por la inclinación de la cabeza. Con ello, Praxíteles innova aportando nuevos recursos compositivos a la escultura griega, superando el contraposto de Polícleto. Por otra parte, la humanización, la ternura y la gracia presente en la representación de los dioses, se aleja de la severa majestad del olimpismo de Fidias. Precisamente ésta es uno de los puntos de atención de la escultura, cuyo rostro muestra los ojos entornados, que le dan un aire ausente, de ensimismamiento pese a jugar con su hermano, con los labios carnosos, con toques de trépano en las comisuras acentuando su volumen y con los mechones rizados del cabello creando claroscuro y dándole expresividad y movimiento, mientras que el resto de los elementos acentúan el reposo. Además de la temática anecdótica, y la curva praxiteliana, es característico del autor el acabado de las superficies con suaves ondulaciones en el modelado, de modo que la luz parece resbalar sobre las superficies, creando una especie de “sfumato”, una sutil transición entre las zonas de luz y sombra, lo que unido además al aire juvenil y al carácter mórbido de sus anatomías, hacen la obra de este artista inconfundible.
Es una representación del dios Hermes sosteniendo entre sus brazos a su hermano Dionisos, al que ofrece un racimo de uvas, que el niño trata de agarrar con sus pequeñas manos, lo que se convierte en un símbolo de su posterior asociación como dios del vino. Se trata por tanto de un tema mitológico, recogiendo el momento en que Hermes lleva al niño junto a las ninfas de Nisa por orden de Zeus, para protegerlo de la ira de su esposa Hera, celosa del niño, fruto de la infidelidad de Zeus con Selene. También podría tratarse de una alusión a una alianza entre Arcadia (cuyo patrón era Hermes) con Elida (protegida por Dionisos). De todas maneras, pese a que es una representación de dioses, éstos han perdido aquí cualquier sentido heroico o divino, ya que se nos muestran humanizados, en un momento de juego, un hermano mayor entreteniendo al pequeño en un alto del camino. Como la gran mayoría de las esculturas griegas, la función de ésta, es religiosa, ya que era un exvoto para el templo de Hera en Olimpia.

Apoxiomeno


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Obra escultórica titulada "Apoxiomeno" creada por Lisipo, perteneciente a la Grecia Antiguo y en concreto, al periodo clásico, por lo que podemos datarla en el siglo IV a. C.
Se trata de una escultura exenta o de bulto redondo. La técnica que se utilizó en la original fue la fundición y su material el bronce, pero en las copias se utilizó el mármol y la técnica del cincelado. Lisipo fue un autor que hizo avanzar la escultura hacia un lenguaje más naturalista, pues conocemos algunas de sus obras en las que se representa figuras en edad juvenil o en el umbral de la vejez. Esta escultura representa a un atleta que se limpia el sudor con un estrígile, por lo que se renuncia al tratamiento heroico del tema atlético en aras de una presentación mucho más cotidiana del mismo. Este desnudo es más esbelto que el canon atlético de Polícleto, pues ahora se establece el nuevo canon de las 8 cabezas, según el cual la cabeza debía ser 1/8 del cuerpo, dando como resultado una proporcionalidad más estilizada en el tratamiento del cuerpo humano. Uno de los aspectos más novedosos de la obra es su avance hacia la conquista del espacio que circunda la figura, estableciendo diferentes planos de profundidad. Por ejemplo, el brazo extendido invita al espectador a girar en torno a la obra ofreciendo múltiples puntos de vista. Se representa un movimiento antes de desarrollarse la acción, un instante en el que el atleta inclina la cabeza para mirar a lo lejos. Eleva los brazos casi a la altura de los hombros. Ambos brazos están tensos. La figura se apoya sobre una pierna, la otra no está relajada, sino que parece como si se desplazase a la derecha contribuyendo a sustentar la estatua. Se aprecia el contraposto, desnivelándose la línea recta de las caderas. Lisipo es dueño de un estilo naturalista idealizado representando una imagen bella y genérica del ser humano, huyendo de la individualidad. La serenidad de su rostro se relaciona con la contención de las emociones y el equilibrio que suele ser habitual en la escultura griega clásica. Se trata de una escultura policromada, aunque con el paso del tiempo se ha perdido el color. En esta época aparecen ya las esculturas firmadas, por lo que fue ganando importancia la creación artística individual.

Vocabulario



En esta unidad hemos trabajado los siguientes conceptos artísticos:

CANON
CONTRAPOSTO
IDEALISMO
NATURALISMO
RELIEVE: ALTORRELIEVE, BAJORRELIEVE

Preguntas tipo test



Practica lo aprendido realizando el siguiente test:

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