El Renacimiento fue un fenómeno artístico y cultural que se desarrolló a comienzos de la Edad Moderna en Italia durante el s. XV y que se extendió al resto de Europa en el transcurso del s. XVI. El Renacimiento fue un movimiento cultural basado en la recuperación del saber de la Antigüedad clásica, en el desarrollo de la razón y la crítica y del Humanismo, una doctrina homocéntrica que desplazaba el Teocentrismo medieval. En el terreno artístico, el arte del Renacimiento buscó una oposición al medieval, ensalzó el individualismo, el culto a la vida, el amor a la naturaleza y la belleza formal basada en la proporción y en la armonía clásicas. Durante los siglos XV y XVI se desarrolló el mecenazgo artístico, de la mano de abundantes reyes, príncipes, eclesiásticos, burgueses, cofradías, gremios y municipios, promotores de las artes, que solicitaban en sus cortes o ciudades la presencia de artistas, considerados ya no como meros artesanos, sino como auténticos genios creadores, que desempeñaban una función intelectual en la sociedad.
En el s. XV, Italia fue el foco principal en el que se fraguó la cultura renacentista. Durante este siglo, Italia vivía una situación de fragmentación política, pues se encontraba dividida en diversas repúblicas, principados o incluso ciudades-Estado. Además, la rivalidad entre las distintas ciudades italianas era notoria (como por ejemplo entre Florencia y Siena), motivada sobre todo por razones políticas, comerciales e incluso artísticas.
El s. XV fue una época de prosperidad económica para la Península Itálica, gracias en gran medida al auge del comercio. Este factor desencadenó el predominio social de la burguesía en las prósperas ciudades italianas, una clase enriquecida gracias al comercio y que va a desarrollar durante el Renacimiento una cultura cortesana, culta y refinada que va a demandar ingentes cantidades de obras artísticas, además de alojar de sus palacios a los artistas más reputados. Tanto la burguesía como la nobleza y la Iglesia, encabezaron en el Renacimiento un gran mecenazgo artístico, que no sólo se limitó al encargo o financiación económica de proyectos artísticos, sino que también se concretó en la continua llamada de artistas a las cortes nobiliarias y eclesiásticas. Entre las familias burguesas italianas que ejercieron el mecenazgo de modo más intenso, destacan los Médicis florentinos, mientras que entre los pontífices que en mayor medida propulsaron las artes, debemos mencionar al papa Julio II y León X.
En el s. XVI el Renacimiento se extendió progresivamente por el resto de Europa. En el continente europeo, durante el s. XVI los protagonistas políticos y económicos fueron sobre todo el Imperio Hispánico de Carlos V y Felipe II (que dominaba territorios tan heterogéneos como España, Flandes, Países Bajos y el Imperio Germánico), Francia y el reino de Inglaterra.
Uno de los acontecimientos claves del s. XVI fue la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero. La Reforma supuso la escisión de la unidad religiosa que había mantenido el Cristianismo de Occidente bajo el gobierno de Roma. Para frenar los avances del protestantismo se convocó el Concilio de Trento (1545-1563), que inició la Contrarreforma católica.
Europa fue conflicto de numerosos conflictos en los que se mezclaban los argumentos políticos con pretextos religiosos. Algunos de los más prolongados fueron la pugna de la hegemonía europea entre España y Francia (Carlos V y Francisco I), solventada con el predominio español en la época, y las continuas guerras que tuvo que librar el Imperio Hispánico en Alemania y los Países Bajos, donde los príncipes locales abrazaron el protestantismo como una vía de escape o liberación de la hegemonía hispana.


El Renacimiento (ss. XV-XVI) fue un movimiento cultural nacido en Italia que contó con una serie de precedentes literarios ubicados cronológicamente en el s. XIV. Autores de esta época como Petrarca, Dante y Bocaccio, comenzaron a interesarse en la recuperación del clasicismo y en la formulación del humanismo. El término “Rinascita” fue creado por los intelectuales de los siglos XIV y XV para denominar su propia época. Es importante destacar que los humanistas y los artistas de los siglos XIV al XVI, cuando hablaban de “Rinascita”, lo hacían siendo conscientes de poseer por primera vez un moderno sentido de la periodicidad histórica, esto es, tomaron conciencia de que entre la Antigüedad clásica y su propio tiempo hubo una larga etapa de decadencia de la literatura y el arte, ya superada porque ahora las letras y las artes habían recuperado el brillo de la Antigüedad.
La cultura renacentista se apoya en tres pilares fundamentales:
1) Recuperación del saber del mundo clásico grecorromano, pues la cultura clásica fue convertida por los hombres del Renacimiento en un modelo ideal ético, estético y moral.
2) Desarrollo de la doctrina del Humanismo, de la mano de autores como Erasmo de Rótterdam. El Humanismo considera al ser humano como centro del universo, superando el teocentrismo medieval. Pico della Mirandola (1463-1494) es autor del auténtico manifiesto del humanismo renacentista, el Discurso sobre la dignidad humana. Pico afirma que el hombre “el más feliz de los seres animados […] es digno de toda admiración, microcosmos y corazón del mundo”. El Humanismo fue un movimiento pedagógico, literario, filosófico, estético y religioso, que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal, que es aquella que indica que “en el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra”, según della Mirandola.
3) Generalización del racionalismo como método científico y filosófico. El Renacimiento fue un período imbuido por un espíritu convencido del progreso de la humanidad obtenido mediante el pensamiento racional y los avances científicos y técnicos. Estas ideas conllevaron un progresivo distanciamiento entre la fe y la ciencia y la proliferación de la investigación en todos los campos del saber.
En conexión con la cultura de su época, las características generales del arte del Renacimiento fueron:
1) Recuperación del lenguaje del arte clásico grecorromano. El arte renacentista no sólo rescató el uso de los órdenes arquitectónicos y otros elementos propios de la arquitectura clásica, sino que en las artes visuales también persiguió una estética basada en una imitación idealizada de la naturaleza (naturalismo idealizado).
2) Búsqueda de un ideal de belleza basado en la proporción matemática, en el equilibrio y en la armonía visual.
3) Nueva condición social del artista. Durante la Antigüedad y la Edad Media, el oficio de artista (arquitecto, escultor, pintor) había estado considerado como una labor artesanal, pues era generalizada la opinión de que en la elaboración de la obra de arte sólo intervenía la habilidad manual de su creador. Sin embargo, en el Renacimiento las artes visuales fueron entendidas como una actividad intelectual, ya que el artista debía poseer profundos conocimientos de geometría, matemáticas, anatomía, historia, teología y de lenguas y literatura clásicas para poder concebir una obra lograda. Así, en el Renacimiento el artista no fue considerado como un simple artesano sino como un genio, o sea, como un personaje de reconocido talento y prestigio en la sociedad.
El arte renacentista italiano se dividió en los siguientes períodos:
1) Quattrocento italiano. Época que se corresponde con el s. XV italiano, en el que el estilo renacentista se basa en una progresiva recuperación del lenguaje artístico de la Antigüedad clásica. El principal foco creativo durante el s. XV fue la ciudad de Florencia.
2) Cinquecento italiano. Época que se corresponde con el s. XVI italiano y que se divide a su vez en dos períodos:
a. Alto Renacimiento (1500-1520). Supone la culminación del estilo clásico renacentista, coincidiendo con la producción de los artistas más brillantes del Renacimiento: Leonardo, Míguel Ángel y Rafael. El principal centro artístico fue la ciudad de Roma, capital del catolicismo.
b. Manierismo (1520-1600). En esta época la sobriedad clasicista del Alto Renacimiento deja paso a un mayor refinamiento y delicadeza en la concepción de las obras de arte. Los principales focos artísticos fueron Roma y la ciudad comercial de Venecia.
En el resto de Europa, el Renacimiento se difundió en el s. XVI, presentando una mayor multiplicidad de influencias y periodizaciones.