Contexto histórico de la civilización musulmana


La civilización islámica es el resultado del fuerte impulso con el que se manifiesta y difunde una nueva religión, predicada por Mahoma (570-632), junto a la capacidad de sus seguidores para unificar administrativa, económica y culturalmente los pueblos de la península arábiga, y promover desde ésta su expansión. Fue una expansión sin precedentes en su rapidez ya que, en menos de cien años, consiguió abarcar numerosos territorios comprendidos entre la India y el área del Mediterráneo. En sus conquistas, los árabes fueron muy considerados con las religiones, la cultura y el arte de los pueblos invadidos. Adoptaron y adaptaron los elementos y las formas que encontraban para enriquecer con ellas su cultura, a la vez que, con su expansión, favorecían los intercambios y desarrollaban una importante función transmisora del saber. Así, los vestigios artísticos de civilizaciones como la romana, la bizantina y la visigoda, entre otras, no sólo fueron respetados, sino también incorporados al Islam, para producir una cultura en la que participaban y se conjugaban las peculiaridades de cada ámbito geográfico.
Mahoma, considerado por los musulmanes el último profeta después de Abraham y Jesucristo, predicó una fe monoteísta en la que reconocía a Alá como único Dios, dueño de la creación, frente a cuya voluntad el ser humano debe mostrar completa sumisión (Islam). En esta fe, que se opone al politeísmo anterior, ocupan un lugar un lugar importante la existencia de los ángeles; la convicción de que hay una vida en el más allá, el ineludible Juicio Universal al que se enfrentarán todos los hombres; la verdad contenida en las escrituras de su libro sagrado, el Corán, y la salvación garantizada para aquellos mártires que mueran en la defensa del Islam. Es un conjunto de creencias muy cercanas a las del judaísmo, el cristianismo y otras manifestaciones religiosas propias de su ámbito geográfico.
Mahoma empezó a predicar en su ciudad natal, La Meca, un importante centro comercial en el que su mensaje no fue bien acogido, por lo que se vio obligado a huir hacia una ciudad del Norte llamada Medina. Esta huida, que se conoce con el nombre de Hégira y que se produce en el año 622, sirve como punto de partida del calendario musulmán.
Tras la muerte de Mahoma, en el año 632, la organización política del Islam, que ocupaba ya toda la región de Hiyaz, se basó en la teocracia; de forma que el liderazgo espiritual y la autoridad política se fundían en una misma persona, el califa, al cual estaba encomendada la salvaguarda de los intereses islámicos y la difusión de la fe mediante la guerra santa (yihad). Los primeros califas eran miembros de la familia del profeta (califas ortodoxos o legítimos), pero luego, tras algunos conflictos sucesorios, se impuso una dinastía de origen sirio que trasladó la capital del imperio de Medina de Damasco.
Se iniciaba en el año 661, el califato omeya. Los omeyas se expandieron por el este hasta la India y conquistaron el norte de África, lo que les permitió acceder con facilidad a Sicilia y a la península Ibérica, donde entraron en el año 711. Su avance europeo fue detenido en Francia en el año 732 por los francos. Los omeyas expandieron el Islam, a su vez, por Asia Central, llegando a los límites geográficos de China.
En el año 745 una rebelión en el este de Persia provocó un cambio a favor de los abasíes. Así, en el año 750, comienza el califato abasí, que trasladó su capital a Bagdad y centró su actividad difusora, hasta mediados del siglo XI, hacia Orienta y el continente africano. Su mandato se caracterizará por la falta de coincidencia entre las fronteras religiosas y políticas, esto es, por la progresiva desmembración del imperio islámico dada su enorme extensión y su incapacidad para controlar las zonas más alejadas. En este contexto, los gobernadores (walis) y los jefes militares de las provincias (emires) fueron adquiriendo poder y riqueza hasta conseguir su total autonomía.
Éste fue el caso de Al-Andalus, que pasó de ser un emirato en la época de los omeyas a constituirse en un califato independiente con capital en Córdoba, desde el año 929, libre de la influencia abasí. Dicha situación dio lugar a un desarrollo particular en sus manifestaciones artísticas que, dada su importancia y su exquisitez, llegó a competir con las realizaciones del imperio.
Con todo, fue bajo las dinastías omeya y abbasí, cuando el mundo del Islam definió las principales orientaciones religiosas, culturales y artísticas que acompañaron y favorecieron su espectacular proceso de expansión.
El pueblo árabe, unificado por la islamización, estaba constituido por numerosas tribus de origen judío, yemení, beduino, etc., cuya característica común era su modo de vida nómada. Con una clara vocación comercial, su relación se centraba en torno a las caravanas y los núcleos urbanos donde se producían las manufacturas e intercambios. Así, la expansión geográfica inicial hacia Siria, Persia, Palestina y Egipto supuso la ampliación de las rutas comerciales y cambios significativos. Todo ello se tradujo en un incremento de la riqueza, un mayor desarrollo de las ciudades y un fuerte impulso de las ciencias y las artes.
En las ciudades de los territorios conquistados, como centros políticos, económicos, religiosos y culturales, una nueva organización social configuraba distintos estamentos: los representantes del califa; la aristocracia militar, siempre de origen árabe; la nobleza local, que mantenía ciertos privilegios; los funcionarios de los órganos de poder; y los artesanos y comerciantes, que constituían la clase media y baja, y se agrupaban en barrios distintos según su oficio.
En las zonas rurales, la agricultura recibió también un fuerte impulso gracias a la demanda creciente del comercio y al desarrollo de sistemas y técnicas de regadío que incrementaron la producción, así como la diversidad y especialización de los cultivos. Además, tal como sucedía en los talleres propiedad del Estado, el patrimonio de los territorios conquistados era trabajado por campesinos libres a cambio de una renta, o por mano de obra esclava procedente de África y del Este de Europa. Ello produjo enormes beneficios y la oportunidad de consolidar, mediante la exportación de los productos, una fuerte economía en el imperio.
En cuanto a la producción manufacturada, destacan la marroquinería, fruto del desarrollo creciente de la ganadería, la fabricación de papel cuya técnica importaron de China, el vidrio y, especialmente, la industria textil (tejidos de algodón, lino, seda, mantas y alfombras), que alcanzaron un prestigio que todavía perdura.
Los árabes aportaron a Occidente y a las otras áreas de influencia sus amplios conocimientos en el terreno científico: álgebra, trigonometría, física, química, matemáticas, astronomía, farmacia, medicina, geografía, historia y filosofía. Aplicaron el sistema de numeración decimal, lo que les permitió elaborar los primeros cálculos algebraicos y trigonométricos. De Oriente importaron también la pólvora y la brújula, a la vez que desarrollaban técnicas hidráulicas para el aprovechamiento del agua, el alcantarillado, los baños públicos y las canalizaciones de regadío. También realizaron importantes logros en medicina y cirugía que, recogidos en textos especializados por filósofos y médicos de la talla de Avicena, Al Razi o Averroes, fueron traducidos al latín y consultados por los médicos europeos.
En cuanto a la literatura y la filosofía, estudiaron y tradujeron a Aristóteles y Platón, lo que permitió preservar y difundir el saber de la Antigüedad clásica. Cultivaron la poesía, el cuento, la novela y escribieron textos filosóficos y religiosos. La obra del poeta Hassan Ibn Tabib, los cuentos de Las mil y una noches, o los libros de viajes de Al Idrisi o Abu Dulaf, conocedores de las teorías del griego Tolomeo, son claros exponentes de su universalidad.


Características generales del arte islámico




El arte islámico está determinado estéticamente por las prescripciones coránicas, la cultura árabe y las influencias de los países conquistados por el Islam. El arte musulmán recogió la herencia del arte tradicional de Asia occidental, y del estilo artístico grecorromano. El arte musulmán posee una unidad relativa, un aire familiar, apreciable en obras creadas a varios miles de kms y con algunos siglos de intervalo. Los lazos que unen las distintas propuestas del arte musulmán son los siguientes:

1. Factores geográficos. El arte musulmán se extendió sobre una amplia faja este-oeste del planeta que iba desde el golfo de Bengala al océano Atlántico. Esta zona, limítrofe al sur con regiones templadas del hemisferio norte, presenta una unidad relativa de clima. La escasez de las lluvias, el carácter semi-árido o desértico de estas regiones influyen decisivamente sobre el arte musulmán.

2. Factor histórico. Como tal se entiende las condiciones que han estado presentes en la génesis del arte musulmán, la supervivencia de los caracteres que debe a sus orígenes.

3. Factor religioso. Es el factor que más mantiene entre las provincias del arte musulmán una unidad cuya marca lleva cada obra es el propio Islam. Es el factor más eficaz y permanente. Los edificios islámicos satisfacen las reglas de vida impuestas por el Islam. Arte al servicio del culto.

Diversos autores han citado una serie de características generales para el arte musulmán:
-Es un arte fundamentalmente religioso, que se asienta en el espiritualismo y el trascendentalismo. En este sentido, también influye su cultura originalmente nómada y luego urbana.
-Es un arte sincrético, pues integra elementos y formas artísticos de las civilizaciones vecinas que ocupa.
-Es un arte muy abstracto, en el que las artes plásticas son radicalmente no figurativas, sino decorativas, integradas en la arquitectura. Por ello, el arte islámico es el más alejado, desde el punto de vista estético, del antropocentrismo clásico.
-Hay una sintaxis propia en lo formal, pues los elementos cristianos o de otro origen se componen de modo distinto, cambiando el significado de las formas.
-Los materiales serán perecederos pues lo que se busca no es la duración sino la belleza (a través de la ilusión, del efecto), con juegos de luces, colores, decoración y agua.
-Las matemáticas rigen la composición, más en el urbanismo y la decoración que en la arquitectura, con el ejemplo de la ciudad ideal de Bagdad, con su círculo perfecto (un influjo pitagórico).

La arquitectura del imperio islámico, dado su interés por los modelos culturales preexistentes, no posee unas características absolutamente homogéneas, sino que con un carácter integrador, adapta sus necesidades constructivas a las peculiaridades del país conquistado. El arte del Islam, y de manera especial su arquitectura, se convierte en el soporte más adecuado para divulgar la palabra del Corán y exponer la grandeza esplendorosa de su fe. Por ello, y por encima de los elementos arquitectónicos y los recursos utilizados, lo que cohesiona las construcciones islámicas es la voluntad de expresar su universo religioso: la idea de que lo abstracto racional, como imagen de su mundo inmaterial y trascendente, constituye algo inmutable frente al devenir cotidiano. De ahí que las formas geométricas se impongan por encima de lo emocional y se alejen de la reproducción de la naturaleza, para que el creyente pueda abstraerse de ella. Así, aunque la arquitectura sea la manifestación artística más destacada, los musulmanes la valoran por su funcionalidad práctica, por su habitabilidad y como soporte de la decoración. Una decoración en la que la obra de calígrafos y pintores, como copistas de las sagradas escrituras, merece mayor consideración que la labor de los arquitectos.

Las artes plásticas, en el Islam, se prodigan preferentemente en la arquitectura y en las artes del objeto; la pintura y la escultura apenas tienen desarrollo debido a la prohibición coránica de representar figuras humanas ante el temor a que se conviertan en imágenes de culto. Un rasgo típico de la arquitectura musulmana es el contraste que se produce entre la austeridad del exterior y la profusión de la decoración interior de sus edificaciones.

La decoración, abundante, lujosa y rica, se expande en yeserías, mármoles, mosaicos y pintura. Sus motivos preferidos con las formas geométricas, las epigráficas y las vegetales o ataurique. El Islam se ha decantado por el culto abstracto, sin imágenes.

La arquitectura islámica tiende a ocultar los elementos constructivos y la estructura de sus edificaciones, y a confundir dichos elementos con la ornamentación mediante un juego de repeticiones a distintas escalas. Ello no se debe a su menosprecio por dichos elementos, sino al deseo de ocultar la pobreza de los materiales y de adecuar los edificios a su función práctica o religiosa, además de realizar su simbolismo.

Tampoco son habituales en sus orígenes culturales y geográficos las construcciones de grandes proporciones y extraordinaria solidez, puesto que no les interesa tanto la durabilidad como su inmediata utilización. Por ello, no solían recurrir a materiales de calidad y elevada resistencia, como la piedra, que además embellecen o distinguen la construcción. Como los muros se cubrían con yeso o madera sobre los que se labraba la decoración, los materiales constructivos más utilizados son el ladrillo y la mampostería.

Como soporte adoptan el pilar y la columna, especialmente delgados porque aguantan techumbres muy ligeras. Los capiteles más utilizados son el de pencas, una interpretación esquematizada de los capiteles clásicos corintio y compuesto; el cúbico y el de estalactitas o mocárabes.

El arco es también un elemento muy presente en esta arquitectura. Los más característicos son el arco de herradura, que adoptan de los visigodos; el arco túmido, o de herradura apuntado; el arco lobulado o polilobulado, cuya aplicación se extenderá al arte románico; y el arco mixtilíneo, formado por líneas rectas y curvas combinadas. Los espacios se suelen cubrir con bóvedas, entre las que destaca la de crucería, pero con la particularidad de que sus nervios no se cruzan en el centro, sino que conforman en él cuadrados o polígonos. También la cúpula gallonada se usa con frecuencia.

Los edificios más importantes de la arquitectura islámica son:

1) Mezquita (masyid). Como eje de la cultura islámica, las mezquitas reciben un tratamiento bastante homogéneo y singular que sigue el modelo de la residencia de Mahoma en Medina. Son por norma general, arquitrabadas y de una sola planta cuadrada, puesto que se toma el cuadrado como símbolo de la fortaleza del Islam, estructurada en varias zonas; el patio de acceso o sahn está habitualmente rodeado por una arquería y en su zona central se dispone una fuente cubierta con un templete para realizar las abluciones (sabil), ya que es necesario lavarse antes de entrar a la mezquita; en el patio también se encuentra el alminar o minarete, una torre de planta circular o geométrica que, adosada a uno de sus lados, servía para que el almuecín llamara a los fieles a la oración; la sala de oración (haram) es una zona cubierta, hipóstila, que se divide en varias naves dirigidas perpendicularmente al muro de la quibla, a fin de que los fieles orienten sus rezos hacia el mihrab y La Meca; en las mezquitas más importantes, la sala de oración se enriquecía con otra construcción cercana al muro de la quibla denominada maxura, a la que sólo podían acceder personalidades destacadas; un elemento fundamental de la sala de oración es el muro de la quibla, orientado hacia La Meca y en el que se abre un gran nicho (mihrab) que bien pudiera tener sus orígenes en los ábsides basilicales y en el aaron de las sinagogas judías; también destaca el púlpito (minbar), muy decorada, y desde el que el imán o director de la oración pronuncia su sermón.

2) Madrassa. Eran instituciones con fines educativos que solían ofrecer una planta cruciforme con cuatro ámbitos abovedados (iwanes) en torno a un patio central. Dicha disposición se adecuaba perfectamente a la enseñanza de las cuatro escuelas jurídicas que el Islam ortodoxo considera como canónicas.

3) Fortalezas y fortificaciones. A la triunfal expansión alcanzada por el Islam en su primer siglo de existencia, sucedió una etapa de consolidación de las conquistas, que implicaba el efectivo control del territorio ocupado. Algunas tipologías militares islámicas fueron la alcazaba o residencia del gobernador en la ciudad, murallas que protegían centros urbanos o medinas albergados en su interior, y el ribat o rábida, un edificio fortificado destinado a los guardianes de la Fe, mitad monjes y mitad guerreros, cuya misión era la defensa de enclaves fronterizos y la propagación de la religión.

4) Palacios. Los palacios musulmanes son una herencia de la Antigüedad clásica que los dirigentes del Islam retoman con interés. Por lo general, y siguiendo su modelo, solían tener una estructura cuadrangular amurallada que delimitaba la zona residencial del mundo exterior. En el centro de dicha estructura se disponía un patio a partir del cual se organizan las diferentes dependencias. Los palacios, que reservan sus mayores encantos para el interior, son edificios con tres zonas bien diferenciadas: el mexuar o recibidor; las dependencias destinadas a fiestas o actos públicos, entre las que destaca la sala del trono (diwan), sobre el que se disponía una gran cúpula, símbolo del Islam; y el harén o zona íntima donde vive el señor con sus esposas.

5) Por lo que respecta a la vivienda musulmana convencional, en especial, las casas que conforman el tejido urbano, también se organizan en torno a un patio central. Concebidas para el recogimiento y la intimidad, normalmente ofrecen poca comunicación con el exterior; a veces tan sólo unos balcones volados, de madera, cerrados con celosías, asoman fuera. Sus dependencias se adaptan a diferentes usos en relación con la climatología, el número de invitados, etc., por lo que requieren un mobiliario muy ligero y un carácter dinámico en su disposición, acordes con su espíritu nómada.

El mundo islámico fue sobre todo urbano. La mezquita aljama era la manifestación específica de la comunidad, y por tanto, centro absoluto de la ciudad. En torno a ella se situaban, las demás funciones urbanas. La carencia de legislación municipal se manifestó como principio de desorden formal, es decir, en la carencia de reglamentos que defienden lo público frente a lo privado que siempre prevaleció. El urbanismo de la medina es anárquico, y presenta calles laberínticas, cerradas sobre sí mismas, sin plazas y reduciendo los espacios públicos al mínimo indispensable. Entre ellos destaca el zoco o mercado, donde se realizaban los intercambios más relevantes de la ciudad. El espacio amurallado de la medina no era suficiente para albergar a todos los ciudadanos en épocas de prosperidad, por lo que también proliferaron barrios fuera de él, denominados arrabales.

Las artes plásticas musulmanas apuestan por la decoración geométrica, vegetal y epigráfica. Los musulmanes entienden que el hombre debe dudar de los datos obtenidos por los sentidos y confiar más en la razón como vía de acceso al conocimiento y la belleza. Recordar y poner en evidencia esta concepción será una de las funciones encomendadas a las matemáticas y a la geometría en el desarrollo de sus planteamientos estéticos, pues es en ellas donde residen las claves para comprender la realidad del universo. La decoración vegetal musulmana incorpora los principales temas de la tradición naturalista bizantina, como son las hojas de acanto, las rosetas, las palmetas, los zarcillos con hojas de vid y racimos de uva y los roleos. Este repertorio de tradición clásica se fue sometiendo lentamente a los ritmos compositivos de la estética islámica. Así, la decoración vegetal fue entrando en un intenso proceso de estilización formal, generalmente trabajado en yeso, cuyo resultado se conoce como ataurique. Con un contenido simbólico similar se desarrolla la decoración caligráfica, puesto que reproduce a menudo pasajes del Corán. Sobre todo, sirve para representar los conceptos religiosos no con imágenes sino con formas abstractas. Se produjeron dos tipos fundamentales de escritura: la cúfica, que utiliza caracteres monumentales, angulosos y sobrios, y la nasjí, que ofrece unos rasgos más libres y cursivos.

En la decoración arquitectónica se utilizan frecuentemente los mocárabes. Consisten en alveolos esféricos o prismáticos, producidos por subdivisión y multiplicación de las trompas empleadas en la arquitectura como elementos de tránsito entre una base cuadrada y una cubierta de arranque circular. Mediante la repetición y superposición del motivo en diferentes niveles se puede ocupar completamente la trompa o el interior de la bóveda, logrando así una vistosa solución ornamental de nula función tectónica.

La luz y el agua presentaban un importante papel, pleno de efectos decorativos, en la arquitectura musulmana.


El arte islámico en Al-Andalus



La expansión del imperio islámico alcanzó la Península Ibérica en el año 711, cuando los caudillos musulmanes que habían ocupado el Magreb fueron requeridos por un sector de la nobleza visigoda como fuerzas de choque para ayudarles a resolver conflictos internos. La conquista musulmana de la península se produjo con una espectacular rapidez entre 711 y 716, debido a varios factores decisivos: la escasa cohesión del reino visigodo, debilitado por las interminables luchas entre nobles; la riqueza natural de las tierras peninsulares; el espíritu conciliador que a través de sucesivos pactos permitió a los aristócratas hipano-visigodos conservar posesiones y privilegios; el consentimiento de los musulmanes para que los cristianos (mozárabes) profesaran su fe y las conversiones en masa al islam (muladíes).

El arte en el emirato y el califato de Córdoba


España, donde los musulmanes procedentes de África del norte pusieron pie en 711, se había convertido en el dominio de los omeyas. En 756, Abderramán “el Inmigrado” se instalaba en Córdoba, que iba a convertirse en capital de los omeyas de España. La segunda mitad del s. VIII, el IX y comienzos del X vieron crecer paralelamente el poderío de la dinastía y la prosperidad de la ciudad. Abderramán III coronó esta obra tomando el título de califa (929) que sus predecesores no se atrevieron a atribuirse. El califato de Córdoba fue la edad de oro de la Andalucía musulmana.
La obra religiosa más importante del arte hispanomusulmán de esta época fue la mezquita de Córdoba, que ocupa un lugar importante en la historia del arte musulmán. La edificación de la mezquita abarcó más de doscientos años. Abderramán I echó los cimientos del edificio en 785. Planeó una sala de oraciones con nueve naves longitudinales en cuya fachada se alzaba un minarete. La nave central era más ancha y estaba articulada mediante arcos de herradura que descansaban en columnas reutilizadas de monumentos romanos y visigodos. Los capiteles, rematados por un ancho sotabanco, llevaban además de los arcos de herradura, pilares ligeros entre el extradós. Un segundo piso de arcos de medio punto unía estos pilares y sostenía el techo. Los acueductos romanos con arcos de sujeción pudieron dar la idea de este procedimiento constructivo, al igual que para el empleo de una alternancia polícroma entre ladrillo rojo y piedra blanca para los dovelas de los arcos. Abderramán II agrandó la mezquita en 848. Esta ampliación consistió en añadir dos naves a ambas partes del edificio primitivo y en la extensión en profundidad de las 11 naves con que contaba desde entonces la sala. La pared de la qibla fue echada hacia atrás, y la mezquita tuvo ocho tramos más.
Muhammad I restauró algunas partes de la mezquita, como la Puerta de San Esteban, hacia 855-56. El esquema se compone de un arco de herradura peraltado en la mitad del radio y enjarjado, es decir, llevaba las dovelas de arranque en disposición horizontal. Las dovelas se despiezan radialmente al centro del arco. El arco va enmarcado por un alfiz, un elemento decorativo propio de la arquitectura hispanomusulmana, derivado de la arquitectura romana. La disposición general de la fachada es en composición tripartirta: el eje central formado por la puerta en arco de herradura, sobremontada por un friso de tres arcos ciegos de herradura; en los ejes laterales aparecen de abajo a arriba, un arco ciego decorativo sobre el que modillones de rollos sostienen un dintel trasdosado en forma escalonada, y sobre ello, en la parte alta, va una ventana rectangular cerrada con celosía de mármol, y cobijada por un arco de herradura. Este esquema compositivo, derivado en parte de la arquitectura romana, también presentaba paralelismos con la arquitectura omeya y abbasí.
Al-Hakam II en 961 enriqueció la mezquita con su más notable aspecto. De nuevo alejó la qibla unos 50 m y, en la superficie anexionada instaló 12 tramos más. La nave central llevó una cúpula en dos extremos (Qayrawan). Presenta una especie de crucero embrionario formado por dos espacios cuadrados cubiertos por cúpula a ambas partes del mihrab. Este espacio se cerraba al modo de maqsura con una bellísima ordenación de arcos lobulados entrecruzados que lo aíslan del resto de la construcción. La nave que precedía al mihrab tiene dos cúpulas de ordenación semejante que presentaban arcos entrecruzados uniendo el espacio hemiesférico. El origen de estas cúpulas en nervaduras parece iraní: arcos entrelazados unidos por ligeras porciones de bóvedas de medio punto. Es espectacular la riqueza de la decoración con mosaicos de fondo de oro, destacando la cúpula del mihrab, en la que se embebe una cúpula gallonada dentro de una de crucería que le sirve de marco. Finalmente, Almanzor emprendió una cuarta ampliación de la mezquita en 987. Añadió lateralmente a la sala de oraciones ocho naves que la agrandaron hacia el este en casi dos tercios y amplió el patio con una anchura correspondiente.
En el terreno de la arquitectura civil, el conjunto más importante es Madinat al-Zahra en Córdoba. Situada a 8 kms de Córdoba, esta fundación del califa Abderramán III (936) se convirtió en la residencia de su corte. Había tres barrios en las pendientes que descienden hacia la llanura del Guadalquivir. En la ciudad alta se elevaban los palacios. El edificio principal, Dar al-Yund o Casa Militar, estaba precedido por un patio cuadrado de unos 50 m de lado; abarca una vasta sala dividida en cinco naves longitudinales precedidas de un vestíbulo, comunicadas entre sí mediante vanos de arco único de herradura o de triple arco sobre columnas. La techumbre es plana y desempeñaba la función de palacio de recepción. Más al sur, hallamos el Maylis al-Sarqi o Salón Rico, separado por un patio del llamado Salón Meridional. El Salón Rico presenta una gran riqueza ornamental, y responde a una organización de tres naves separadas por arquerías sobre columnas. Presenta dos naves extremas subdivididas en una antesala y una alcoba, que responden a un carácter doméstico. La nave transversal o pórtico está formada por un gran vestíbulo central abierto a la terraza exterior por una arquería en herradura de cinco vanos sobre columnas. Al vestíbulo central se abría un pórtico con tres naves que conducía a la basílica. Junto a estos palacios de recepción se alzan otros de carácter doméstico que nos interesan como punto de partida de unos prototipos que tuvieron, por su mayor intimismo, funcionalidad y economía de medios, una gran influencia posterior. Destaca el Patio de la Alberquilla, que es un patio central que supone una simplificación del modelo de crucero. Cuenta con dos fachadas con triple arco de herradura. Estos pórticos dan paso a dos iwanes centrales comunicados, con sendas salas laterales.

El arte en tiempos de los reinos de taifas


En 1031 se derrumbaba el califato. Al-Andalus conoció entonces un largo período de anarquía en el que veinte reyezuelos, designados con el nombre de reyes de taifas, se repartieron el dominio de los dueños de Córdoba. Los cristianos de la península se aprovecharon de la división del poder musulmán, por lo que la reconquista española se hizo más apremiante. Los reyes de taifas construyeron pocas mezquitas. Sólo el oratorio de la Aljafería de Zaragoza de la segunda mitad del s. XI), y que es una simple sala cuadrada cubierta por una cúpula y enriquecida con una abundante decoración, representa su arquitectura religiosa. Característica de esta época es la construcción de fortalezas amuralladas o alcazabas, que servían como residencia a los gobernadores y de cuarteles para sus tropas. Destacan las alcazabas de Granada, Almería y Málaga. Sin embargo, es el palacio de la Aljafería de Zaragoza, levantado entre los años 1046 y 1081, la construcción civil más importante de la época. Es un recinto cuadrado amurallado con dieciséis torres de planta semicircular, de influencia omeya, que cuenta en su interior con un gran patio central. El rasgo más destacado del palacio es la sofisticada combinación de arcos de herradura y arcos mixtilíneos que, en sus salones, permite aligerar los muros con su calado.

El arte en tiempos de las dinastías norteafricanas


La desmembración de al-Andalus conllevó que los pequeños reinos de taifas no pudieran contener por sí solos la presión reconquistadora de los reinos cristianos del Norte, y que reclamaran la ayuda de las poderosas dinastías norteafricanas. Se abre así una etapa de predominio magrebí en los dos siglos comprendidos entre los años 1082 y 1232. Con la invasión de los almorávides se detuvo el avance cristiano, se destronó a los reyes de taifas y se reorganizó y reunificó al-Andalus. A cambio, ello supuso perder su autonomía y convertirse en una provincia del Magreb, cuya capital era por entonces Marrakech.
Vencidos los almorávides en su propio país por los bereberes almohades, al-Andalus conoció otro periodo de fragmentación en pequeños reinos hasta que en el año 1147 éstos invadieron la península. La Giralda de Sevilla es uno de los restos más importantes de la época almohade en Al-Andalus. Era el minarete de la mezquita almohade de la ciudad. La ordenación general y la disposición interior responde a un tipo creado en el Norte de África: torre cuadrada a cuya plataforma se accede mediante una rampa giratoria en torno a un núcleo central formado por cuartos superpuestos. El cuerpo central se prolongaba en una linternilla cuadrada. Elementos decorativos: arcos ciegos o enmarcando ventanas, aislados o agrupados en arquerías, paneles de almocárabes inspirados en arcos entrecruzados que recibirán el nombre de paños de sebka pueblan los muros del alminar.
En el terreno de la arquitectura civil, debemos referirnos en primer lugar al castillejo de Monteagudo, que era el palacio de Ibn Mardanis, el Rey Lobo de Valencia y Murcia en la época de las segundas taifas, anterior a la invasión almohade. Supone una derivación simplificada del esquema del Patio de la Alberquilla. La gran obra civil almohade en al-Andalus fue el conjunto de los Reales Alcázares de Sevilla, que en sus esquemas en planta, también conservan reminiscencias del Patio de la Alberquilla, y en alzado, recurren al empleo de los arcos lobulados y de mocárabes, junto a la decoración en yesería mediante paños de sebka. En la arquitectura doméstica, el conjunto de Siyasa es uno de los más importantes de la arquitectura hispanomusulmana, valorando especialmente las viviendas número 6 y 10 del yacimiento.

Las fortalezas almohades también debieron ser importantes y numerosas, y estuvieron construidas en adobe. Destacan la Qasba de Badajoz, la fortaleza de Alcalá de Guadaira, la fortificación de Sevilla, de la cual la Torre del Oro es un fabuloso vestigio con su plano dodecagonal, servía para dirigir la navegación del Guadalquivir.

La dinastía nazarí



En un periodo de reorganización política, social, económica y militar de los reinos cristianos, y tras la derrota de los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), el retroceso musulmán se hizo inexorable. Así, el reino nazarí de Granada fue el último bastión del esplendor de al-Andalus en la Península Ibérica desde el año 1237 hasta 1492, cuando los Reyes Católicos conquistan la ciudad.
La Alhambra de Granada es sin duda, la obra maestra de los nazaríes. Fortaleza y residencia real, la Alhambra corona con sus murallas rojas un espolón de alturas que dominan el valle del Darro, la ciudad de Granada y la Vega con sus fértiles cultivos. El palacio no ocupa sino una parte del recinto. Las construcciones todavía existentes fueron alzadas por dos soberanos de la dinastía nasrida: Yusuf I (1334-1353) y su hijo Mohammed V (1353-1391). Las obras de uno y otro constituyen dos grupos de edificios bastante claramente delimitados, dos palacios pegados uno a otro, cuyas salas se organizan en torno a dos largos patios perpendiculares entre sí. La Alhambra constituye la síntesis final del arte hispanomusulmán. La tipología palatina hispanomusulmana encuentra en la Alhambra dos expresiones diferenciadas:
-Palacio de Comares. Fue construido por Yusuf I y reestructurado por Muhammad V. Conjuga sectores destinados a funciones privadas y públicas. La parte político-administrativa está relacionada con el mexuar o sala del consejo de ministros y visires. Es un patio monoaxial, llamado “Patio de la Alberca”. En sus lados menores existe una organización definida por un pórtico y una sala rectangular delimitada por alcobas. El “Patio de la Alberca” se completa con un pórtico, un salón de ingreso y el “Salón de Embajadores” o Salón del Trono de Yusuf I, cuya techumbre de madera expresa simbólicamente los siete cielos del paraíso coránico.
-Patio de los Leones. Es un complejo construido por Mamad V. Es un patio crucero. En sus lados menores existe una organización definida por un pórtico y una sala rectangular delimitada por alcobas. Desde el patio crucero se accede a la “Sala de los Mocárabes”, “de los Abencerrajes”, “de los Reyes” y “de las Dos Hermanas”.
-Patio del Generalife. Era una almunia o huerta de recreo, anexa al palacio de la Alhambra.
La decoración, en tiempos de los nazaríes, adquiere un papel esencial. En sus edificaciones es muy habitual el contraste entre un exterior muy sobrio y un interior exuberante. Los motivos fundamentales son epigráficos y geométricos y se realizan sobre yeso o madera; mientras que las zonas bajas de las paredes se decoran con alicatados de vivos colores. Del mismo modo, la mayoría de los arcos empleados tiene una función exclusivamente decorativa. El más frecuente es el arco de medio punto peraltado, que se articula sobre un tipo de columna característico de este periodo. Esta columna se compone de un fino fuste cilíndrico que se cubre con un capitel precedido de varios collarinos. El capital, a su vez, está formado por un cuerpo cilíndrico decorado con cinta continua y ondulada y otro cúbico decorado con mocárabes.

Comentarios de obras de arte


Mezquita de Córdoba (haram y mihrab)

Mezquita de Cordoba.JPG
Mihrab mezquita de Cordoba.jpg

La obra religiosa más importante del arte hispanomusulmán de esta época fue la mezquita de Córdoba, que ocupa un lugar importante en la historia del arte musulmán. La edificación de la mezquita abarcó más de doscientos años. Abderramán I echó los cimientos del edificio en 785. Planeó una sala de oraciones con nueve naves longitudinales en cuya fachada se alzaba un minarete. La nave central era más ancha y estaba articulada mediante arcos de herradura que descansaban en columnas reutilizadas de monumentos romanos y visigodos. Los capiteles, rematados por un ancho sotabanco, llevaban además de los arcos de herradura, pilares ligeros entre el extradós. Un segundo piso de arcos de medio punto unía estos pilares y sostenía el techo. Los acueductos romanos con arcos de sujeción pudieron dar la idea de este procedimiento constructivo, al igual que para el empleo de una alternancia polícroma entre ladrillo rojo y piedra blanca para los dovelas de los arcos. Abderramán II agrandó la mezquita en 848. Esta ampliación consistió en añadir dos naves a ambas partes del edificio primitivo y en la extensión en profundidad de las 11 naves con que contaba desde entonces la sala. La pared de la qibla fue echada hacia atrás, y la mezquita tuvo ocho tramos más.
Muhammad I restauró algunas partes de la mezquita, como la Puerta de San Esteban, hacia 855-56. El esquema se compone de un arco de herradura peraltado en la mitad del radio y enjarjado, es decir, llevaba las dovelas de arranque en disposición horizontal. Las dovelas se despiezan radialmente al centro del arco. El arco va enmarcado por un alfiz, un elemento decorativo propio de la arquitectura hispanomusulmana, derivado de la arquitectura romana. La disposición general de la fachada es en composición tripartirta: el eje central formado por la puerta en arco de herradura, sobremontada por un friso de tres arcos ciegos de herradura; en los ejes laterales aparecen de abajo a arriba, un arco ciego decorativo sobre el que modillones de rollos sostienen un dintel trasdosado en forma escalonada, y sobre ello, en la parte alta, va una ventana rectangular cerrada con celosía de mármol, y cobijada por un arco de herradura. Este esquema compositivo, derivado en parte de la arquitectura romana, también presentaba paralelismos con la arquitectura omeya y abbasí.
Al-Hakam II en 961 enriqueció la mezquita con su más notable aspecto. De nuevo alejó la qibla unos 50 m y, en la superficie anexionada instaló 12 tramos más. La nave central llevó una cúpula en dos extremos (Qayrawan). Presenta una especie de crucero embrionario formado por dos espacios cuadrados cubiertos por cúpula a ambas partes del mihrab. Este espacio se cerraba al modo de maqsura con una bellísima ordenación de arcos lobulados entrecruzados que lo aíslan del resto de la construcción. La nave que precedía al mihrab tiene dos cúpulas de ordenación semejante que presentaban arcos entrecruzados uniendo el espacio hemiesférico. El origen de estas cúpulas en nervaduras parece iraní: arcos entrelazados unidos por ligeras porciones de bóvedas de medio punto. Es espectacular la riqueza de la decoración con mosaicos de fondo de oro, destacando la cúpula del mihrab, en la que se embebe una cúpula gallonada dentro de una de crucería que le sirve de marco. Finalmente, Almanzor emprendió una cuarta ampliación de la mezquita en 987. Añadió lateralmente a la sala de oraciones ocho naves que la agrandaron hacia el este en casi dos tercios y amplió el patio con una anchura correspondiente.

Flautista. Palacio del Rey Lobo, Murcia

Flautista palacio rey Lobo.jpg

Se trata de una adaraja perteneciente a una cúpula de mocárabes datada en las segundas taifas (1147-1172), es una pintura al temple sobre estuco. Fue descubierto en 1985 en la excavación arqueológica realizada en el antiguo refectorio del monasterio de Santa Clara la Real de Murcia. Se localizó en los niveles correspondientes al palacio de Ibn-Mardanish.

La cúpula de mocárabes estaba decorada de motivos vegetales, geométricos y figurados. Entre los últimos hay una representación femenina que toca un instrumento musical de viento. Su estado de conservación impide contemplarla en su totalidad. Por tal motivo no se puede precisar si estaba sentada o si formaba parte de una escena con más personajes. Del rostro se aprecian bien los ojos-grandes y almendrados-, la nariz y dos manchas redondas de color rojo que destacan expresivamente las mejillas. El cuello, el hombro derecho y la mano izquierda,con la que se sujeta el instrumento, son los otros rasgos anatómicos que se han conservado. Viste una túnica rojiza, de manga corta, cuyos pliegues han sido representados mediante trazos más oscuros. En esta pintura se observan los trazos oscuros que perfilan el contorno del rostro, los colores aplicados sobre el estuco no crean volúmenes sino una pintura plana, un poco idealizada puesto que los redondeles nos hace identificarla con una fémina, la mano que sujeta el instrumento que tañe está descompensada en tamaño respecto a las dimensiones de la figura, la mirada viva de los ojos que no mira al espectador si no que desvía la mirada en otra dirección mientras coge delicadamente el mízmar, se podría relacionar con la pintura románica contemporánea que destaca por desarrollar una pintura plana, sin volumen ni perspectiva, así como reflejar unos rostros enmarcados por trazos negros y con mofletes que recuerdan que interesa más el fondo que la forma, interesa lo que se quiere transmitir y no el aspecto físico de la figura representada.

No es extraño que el emir Ibn Mardanis utilizara en su palacio los viejos temas iconográficos que expresaban el poder del soberano mediante escenas festivas, en las que se mezclan músicos (flautistas y tañedores de laúd), bebedores y personajes sentados a la turca con una vara o un bastón. En su palacio campestre de Monteagudo se ha identificado otra representación del poder del soberano consistente en un puño que sujeta un tallo, clara alusión a su generosidad. Estas escenas están dentro de un ciclo temático musulmán arraigado por todo el Oriente musulmán: en un palacio omeya aparece un flautista con un tañedor de laúd. El instrumento representado debió de estar muy arraigado en Al-Andalus y aún hoy sigue empleándose en el Norte de África; se trata del mizmar y está compuesto por un tubo cilíndrico con lengüeta, terminado en campana cónica, con seis u ocho perforaciones y suele contar con un cordel o cadeneta sujeto al disco de la boquilla y a la campana. El Islam contraviene la representación figurativa en los edificios religiosos, sin embargo no en edificios civiles como palacios, aparecen pinturas con figuras humanas o figuras animales; en la Alhambra de Granada con el Patio de los Leones o Medina Azahara en Córdoba tenemos ejemplos que lo atestiguan.

Planta del Castillejo de Monteagudo

Planta castillejo Monteagudo.jpg

El mejor conservado de aquellas obras de Ibn Mardanis era el Castillejo de Monteagudo, situado en lo alto de un escarpado altozano de Murcia. Desgraciadamente, el interés que despertó el edificio entre los especialistas no impidió su parcial destrucción a mediados del siglo XX, antes de concluirse su estudio arqueológico. Es un recinto rectangular reforzado por fuertes torreones que acogen en su interior estancias palatinas. Las estancias del palacio se organizan en torno aun patio de crucero con sendas albercas en los lados menores. Junto a ellas se localizan los salones más importantes. El andén transversal, que une las salas de los lados mayores, es más ancho para facilitar la circulación interna del palacio. El torreón situado en el centro de cadalado, unidos entre sí por los andenes del patio, hacía las funciones de mirador. Una terraza ajardinada se situaba a un nivel inferior en el flanco occidental, dominada por el torreón-mirador de ese lado. La planta de este palacio tiene sus paralelos más cercanos en dos palacios cercanos, el zirí de Ashir (Argelia), del siglo X, y la Zisa de Palermo, de mediados del siglo XII. El Castillejo de Monteagudo estaba rodeado de una serie de fincas provistas de grandes albercas y de huertos, como el citado Castillo de Larache, y de emplazamientos defensivos como el propio Castillo de Monteagudo, situado en otro monte cercano.En la capital, Murcia, también construyó Ibn Mardanis un palacio, la Dar al-Sugra o Casa Menor,convertido después en el convento de Santa Clara la Real. Estaba situado en el arrabal de la Arrixaca, que más tarde fue morería de la ciudad cristiana. El palacio fue reconstruido por Ibn Hud, el reyezuelo independiente que se alzó con el poder en Murcia en 1228, después de la caída del imperio almohade, y por sus sucesores, hasta la definitiva conquista cristiana ocurrida en torno a 1264. Ibn Hud hizo algunas reformas en el recinto, de las que se han conservado restos decorativos. De la organización original de los arriates del jardín o de las especies plantadas en ellos apenas se sabe nada.

Giralda de Sevilla


Giralda.jpg

La obra que vamos a comentar es el alminar de la antigua mezquita de Sevilla conocido con el nombre popular de la Giralda por la estatua giratoria de la Fe que corona el campanario cristiano construido en el siglo XVI. Nos encontramos por lo tanto ante una obra arquitectónica fruto de la fusión de dos estilos diferentes, la torre de época almohade (siglo XI), y el campanario, obra renacentista del siglo XVI. Sin embargo, nosotros nos centraremos en comentar la torre alminar almohade.
El alminar es, junto al patio, de los únicos restos que perviven de la antigua mezquita pues ésta fue demolida en el siglo XV para la construcción de la catedral gótica, decidiéndose no obstante respetar estos elementos. Realizada en ladrillo, la torre tiene planta cuadrangular existiendo un segundo cuerpo, hoy día desaparecido, más reducido que se remataba con una cúpula y tres manzanas doradas de tamaño decreciente. La torre se ve recorrida en cada uno de sus caras por ventanas y cuatro balcones con arcos geminados, alternando los arcos de herradura de tradición califal con arcos mixtilíneos, todos ellos a su vez enmarcados por arcos mixtilíneos. La decoración es muy austera, algo propio del estilo almohade en comparación con otras épocas del arte hispanomusulmán, como el califal cordobés anterior o el nazarí posterior. Esta decoración queda reducida a dos parejas de paños de sebka o red de rombos, creados con ladrillos, que recorren la torre en su sentido ascendente. En el remate del cuerpo superior, se repite este elemento decorativo que descansa sobre arcos ciegos mixtilíneos. El segundo cuerpo, hoy día desaparecido, se repetía el motivo decorativo del paño de sebka.
El alminar de la mezquita sevillana, la torre desde la que el almuédano llamaba a la oración a los fieles, es el mejor ejemplo del período almohade en Al Andalus. Los almohades, pueblo procedente del norte de África de origen bereber, destacaron por su integrismo religioso que se tradujo en un arte sobrio de decoración aunque no por ello exento de gran belleza. Sevilla se convirtió en la capital del reino almohade y por ello en 1172 se procedió a construir una nueva mezquita mayor que sustituía a la antigua. En 1184 se inició la construcción del alminar bajo la dirección del arquitecto Ahmad Ben Baso rematándose la obra con las bolas doradas en 1195. La giralda repite el modelo decorativo y constructivo de los alminares de Marraquech ,de la mezquita de Kutubia y la torre Hasan de Rabat, Debiendo ser consideradas todas obras construidas dentro de un mismo entorno religioso cultural y artístico.
Tras la conquista de Sevilla por Fernando III en 1248 la mezquita se convirtió en templo cristiano. En 1356 un terremoto provocó la caída de las manzanas doradas que remataban la torre, por lo que se procedió a la construcción de un pequeño campanario. La construcción de la nueva catedral en el siglo XV supuso la destrucción de gran parte de la mezquita si bien el cabildo decidió conservar la torre para que sirviera de campanario así como el patio. En el siglo XVI el arquitecto Hernán Ruiz III recibió el encargo de crear un cuerpo de campanas rematado por una estatua-veleta que representara la Fe logrando el aspecto con el que nos ha llegado a la actualidad.

Patio de los Leones de la Alhambra


Patio de los Leones.jpg

La Alhambra de Granada es sin duda, la obra maestra de los nazaríes. Fortaleza y residencia real, la Alhambra corona con sus murallas rojas un espolón de alturas que dominan el valle del Darro, la ciudad de Granada y la Vega con sus fértiles cultivos. El palacio no ocupa sino una parte del recinto. Las construcciones todavía existentes fueron alzadas por dos soberanos de la dinastía nasrida: Yusuf I (1334-1353) y su hijo Mohammed V (1353-1391). Las obras de uno y otro constituyen dos grupos de edificios bastante claramente delimitados, dos palacios pegados uno a otro, cuyas salas se organizan en torno a dos largos patios perpendiculares entre sí. La Alhambra constituye la síntesis final del arte hispanomusulmán. El patio de los Leones es el espacio central del palacio de Mohammed V, compuesto por otros espacios como Sala de los Mocárabes, de los Abencerrajes, de los Reyes y de las Dos Hermanas.
Predomina la horizontalidad debido a las 124 columnas que forman el pórtico que rodea todo el patio, en sus lados menores el pórtico se adentra en el patio y en sus cubiertas hay dos pequeñas cúpulas de madera. La planta del patio es rectangular de crucero, con cuatro canales que dividen el patio en cuatro partes, que simbolizan los cuatro ríos del reino celestial musulmán. En el centro del patio se sitúa la fuente de los Leones, tallada en mármol, que actualmente está en proceso de restauración. La fuente está constituida por una base octogonal con inscripciones a su alrededor, esta base se sostiene sobre doce esculturas de leones por cuya boca mana agua, son poco realistas como es característico de esta época, esta fuente da nombre al patio. El agua era fundamental para los musulmanes ya que venían del desierto donde el agua es escasa. Los leones de la fuente son de una construcción anterior, datada en el siglo XI, pertenecían al palacio de un visir judío y fueron regaladas al sultán por representantes de la comunidad judía. Es una arquitectura adintelada. Las cubiertas del pórtico son a dos o más aguas al exterior.
Los elementos sustentantes son prácticamente las columnas características del arte nazarí. Los arcos que se sitúan entre las columnas son arcos peraltados y de mocárabes. Los canales de la fuente se dirigen a las cuatro estancias que rodean el patio; en los lados mayores se encuentran la sala de Dos Hermanas y la sala de Abencerrajes, en sus lados menores están las sala de los Mocárabes y la sala de los Reyes.
La decoración, en tiempos de los nazaríes, adquiere un papel esencial, lo que podemos aplicar perfectamente a esta obra. En sus edificaciones es muy habitual el contraste entre un exterior muy sobrio y un interior exuberante. Los motivos fundamentales son epigráficos y geométricos y se realizan sobre yeso o madera; mientras que las zonas bajas de las paredes se decoran con alicatados de vivos colores. Del mismo modo, la mayoría de los arcos empleados tiene una función exclusivamente decorativa. El más frecuente es el arco de medio punto peraltado, que se articula sobre un tipo de columna característico de este periodo. Esta columna se compone de un fino fuste cilíndrico que se cubre con un capitel precedido de varios collarinos. El capital, a su vez, está formado por un cuerpo cilíndrico decorado con cinta continua y ondulada y otro cúbico decorado con mocárabes.

Vocabulario


En este tema hemos estudiado los siguientes términos de vocabulario artístico:
ALFIZ
ARCO DE HERRADURA
ARCO PERALTADO
ATAURIQUE
MOCÁRABE

Cuestionario tipo test


Practica sobre lo aprendido resolviendo el siguiente cuestionario tipo test:
Cuestionario arte islamico.jpg