Las artes figurativas en el románico


El románico es un estilo internacional de la cultura occidental, un arte que por primera vez desde el fraccionamiento de las estructuras políticas y económicas del mundo antiguo muestra cierta homogeneidad de conceptos y de formas en todo el ámbito de la Europa cristiana. Representa el concepto de la unidad espiritual de Europa al margen de las divisiones políticas: es el dominio de la Iglesia Romana en la Edad Media. La Iglesia y el Cristianismo configuraban el elemento aglutinador de todo el continente europeo, una auténtica “Universitas Christiana”. El arte románico será una síntesis de tres sensibilidades e influencias existentes en la Europa cristiana del entorno del año 1000:
1) Pervivencia del lenguaje clásico de la Antigüedad grecolatina.
2) Sensibilidad plástica de los pueblos de las invasiones bárbaras.
3) Influencia oriental, proveniente de Bizancio y otros lugares como Armenia y Georgia.

Características generales de la escultura




Los siglos XI y XII conocen el renacimiento de la plástica monumental, que había estado en decadencia desde los últimos tiempos del Imperio Romano. Las características generales de la escultura románica son las siguientes:
1) Dependencia arquitectónica de la escultura. Como en el clasicismo, triunfa la escultura monumental consiguiendo una sabia armonía entre el edificio y la ornamentación escultórica. La escultura se hallaba en clara dependencia de la arquitectura, era el principal ornato de ésta.
2) La relación existente entre la escultura y la arquitectura románica fueron definidas por Focillon y Baltruisaitis a través de dos leyes: ley del marco, que determina que las figuras se deben adaptar al muro plano del templo; ley del esquema interior, que determina que las formas deben vincularse a los elementos geométricos que se distinguen mejor en el plano (tímpanos, parteluces, jambas, capiteles, etc...). El canon de las figuras depende de la medida del espacio límite del que dispone el escultor.
3) Abstracción. La tradición bizantina y la tradición bárbara o germánica influyen decisivamente en la escultura románica. Ésta se caracteriza por su preferencia por lo abstracto, por lo geométrico, por el esquematismo, por el antinaturalismo, por querer captar la idea inmanente de las cosas. En este mundo intelectual no cabe la representación del volumen real de los cuerpos ni su existencia material en el espacio: negación del espacio tridimensional y del sentido de peso y masa.
4) No obstante, la escultura románica supondrá un progresivo acercamiento a la naturaleza. Debido a que el clasicismo grecolatino es la otra rama que influye decisivamente en la escultura románica.
5) Una cualidad importantísima de la plástica románica es la expresividad. La escultura románica no sólo se contorsiona y se deforma monstruosamente porque deba adaptarse al marco arquitectónico, sino también por su finalidad expresiva. Esta espiritualización de las figuras impone una deformación, consecuencia del estilo, y el estilo corresponde a su vez a un contenido religioso.
6) Valor didáctico de la imagen. La imagen tenía una finalidad didáctica devocional. En Occidente se defiende el valor didáctico de la imagen religiosa, que poseía el valor de sencillos catecismos y tratados religiosos en piedra. Ello se basa en las ideas de San Gregorio Magno, que defendía que la imagen sagrada era la Biblia de los iletrados, y de los Libri Carolini. La función de la imagen religiosa era, por tanto, ornamentar, deleitar y emocionar al público.
7) Dos son los espacios románicos por antonomasia para la ubicación de la escultura:
a) La gran portada románica. La portada románica manifiesta en términos perceptibles la continua presencia pasada, presente y futura de Cristo entre los hombres. La portada glorifica la Ascensión de Cristo a los cielos y su dominio triunfante del orbe. Los elementos de la portada son los siguientes:
-El tímpano semicircular, que se presenta como una proyección exterior de la esfera del ábside del interior. El tímpano acoge normalmente la representación del Juicio Final, centrada en la figura del Cristo apocalíptico rodeado por una mandorla y por el tetramorfos. Este tema cobrará una gran importancia en el románico, tanto en escultura como en las pinturas interiores de los templos. Estas composiciones presentaban ante el fiel a un Dios terrible y amenazante cuya imponente majestad hace hincapié en el sentimiento abundante que destilan estas imbricadas composiciones románicas, y en el carácter épico-terrorífico de los tímpanos del Juicio Final. Estas composiciones pueden estar motivadas por los terrores milenaristas y por la proximidad sentida del Juicio Final.
-Jambas y elementos de soporte del tímpano. Estos elementos sustentantes (rinconeras y parteluces) estaban decorados por estatuas aisladas o de personajes-pilar (profetas, apóstoles, reyes míticos, animales híbridos que proceden de los Bestiarios, etc).
b) El claustro historiado. El claustro comenzó a decorarse, como mínimo, hacia el siglo IX. En la época románica adquiere una decoración iconográfica riquísima y abundante, que se despliega por pilares, capiteles y ábacos. Entre los repertorios iconográficos destacan: apostolados, temas del Antiguo y del Nuevo Testamento, repertorios hagiográficos, y motivos vegetales, faunísticos y fantásticos. La finalidad de la imagen era didáctica, instructiva. En general, en la decoración de los claustros se aceptaban más licencias de contenido y de estilo que en las portadas de las iglesias.
En el románico también existían esculturas exentas de madera policromada, sobre todo de Cristo crucificado y de la Virgen sedente con el Niño.
En Francia, algunas de las portadas románicas más interesantes son las de Santa Madalena de Vezelay, San Lázaro de Autun, San Pedro de Moissac, el monasterio de Souillac y la Santa Fe de Conques. En España, también se conservan valiosos conjuntos de esta etapa como las portadas de la catedral de Jaca, San Isidoro de León, la portada de las Platerías de la catedral de Santiago de Compostela, el monasterio de Santa María de Ripoll, el claustro de Santo Domingo de Silos y por supuesto, el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, creado por el maestro Mateo y que abre una transición hacia las formas de la escultura gótica.




Características generales de la pintura




La pintura románica comparte con la escultura los siguientes valores: dependencia arquitectónica, abstracción, subordinación a la ley del marco y del esquema interior, progresivo acercamiento a la naturaleza, y el valor didáctico devocional de la imagen. No obstante, posee las siguientes peculiaridades:
1) Según diferentes autores, la pintura románica está influida por la herencia germánica de la miniatura, y por la plástica del mundo bizantino.
2) La pintura románica se llevó a cabo en dos soportes:
-Muro. La pintura en el templo respondía a un programa preestablecido que distribuía cada imagen en su lugar adecuado. En la nave central se representaban las escenas terrenales (en los muros o bóvedas los temas bíblicos o hagiográficos). El ábside era el ámbito de la divinidad, simbolizada por su forma semicircular y el tema representado por excelencia la Maiestas Domini. La técnica más utilizada es la del fresco, aunque a menudo los retoques finales se hacen con el empleo de la técnica del temple.
-Tabla. Sólo un reducido número de ricas catedrales y abaciales podían permitirse los altares de orfebrería. El resto lo que hacen es reproducir la composición en madera. Estas piezas comprenden además del frontal del altar, paneles laterales. El retablo no aparece hasta el siglo XIII.
3) En su vocación antinaturalista la pintura románica eliminaba todo lo que es propio de una representación realista como son el contraste entre la luz y la sombra y la sugerencia del volumen, la sensación del movimiento, el espacio y la idea de profundidad.
4) La pintura reflejaba un espacio imaginario, denominado como espacio intuido. Las figuras representadas quedaban aisladas del mundo real, insertas sobre fondos neutros y monocromos en un solo plano. El espacio románico es un espacio infinito, donde no existe principio ni fin, en el que se expresa la divinidad. El fondo se concebía como en los Beatos: anchas franjas monocromas e individualizadas superpuestas horizontalmente. En ocasiones existen referencias genéricas al paisaje a través de la representación de árboles o plantas y de construcciones y edificios.
5) El dibujo tiene una gran presencia en el arte románico. Suele ser grueso, y marca la separación entre el fondo y la figura.
6) Intenso cromatismo de colores planos. El color está siempre al servicio de la concepción general de la obra: voluntad de crear una armonía cromática independiente de su relación con la naturaleza.
7) Los problemas compositivos en la pintura románica se resolvían con los criterios de simetría y ritmo.
8) La técnica empleada en la pintura mural románica es tanto el fresco como sobre todo el semifresco: los colores no se aplican sobre un enlucido fresco, sino sobre una argamasa que se ha dejado secar previamente y que se riega después abundantemente en el momento de la operación. En la pintura sobre tabla la técnica empleada es el temple.
9) La iconografía principal de la pintura románica es la siguiente: Pantocrator o Maiestas Domini rodeado de mandorla, flanqueado por el Alfa y la Omega como principio y fin de todas las cosas y del Tetramorfos o representación simbólica de los cuatro evangelistas; la Virgen sedente aparece como la anti-Eva, trono del Salvador, y mediadora entre Dios y los hombres, siendo ambos repertorios Iconográficos de influencia bizantina; la Corte Celestial compuesta por ángeles, apóstoles y santos, rodea normalmente a la representación de la Divinidad y de la Virgen; la vida de Jesucristo, los episodios del Antiguo Testamento y la vida de los Santos también se representan en las bóvedas y los muros laterales de las iglesias; entre la iconografía profana encontramos: personajes importantes (reyes, filósofos...) con significación moralizante y trascendente, figuraciones de los meses del año; figuraciones del Bestiario, formas extrañas y monstruosas de gran imaginación y fantasía.

En Francia, la pintura románica cuenta con conjuntos tan interesantes como el ábside de la iglesia de Berze-la-Ville y la bóveda de la Saint-Savin-sur-Gartempe. En España conservamos obras tan relevantes como el ábside de San Clemente de Tahúll y la bóveda del panteón real de San Isidoro de León.



Comentarios de obras de arte





San Pedro de Moissac


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La obra que vamos a comentar es la portada de la iglesia románica de San Pedro de Moissac (Languedoc, sur de Francia). Está fechada en el siglo XII entre 1110 y 1115, siendo por lo tanto una obra representativa del románico francés.
Realizada en piedra, presenta un conjunto de características formales propias del románico francés, como la representación plana, hierática y la simetría compositiva. Destaca el antinaturalismo que lleva a representar a los personales con cuerpos estilizados o espiritualizados. Las figuras deben adaptar sus cuerpos al marco arquitectónico en el que se encuadran reproduciendo la llamada "Ley del Marco" propia del románico. Los pliegues de los ropajes presentan líneas ondulantes de escasa profundidad, que junto a la distorsión anatómica de los personajes, crean una composición movida y expresiva desde el punto de vista geométrico. Así mismo hay que mencionar la ausencia de perspectiva de manera que las figuras se superponen unas sobre otras hasta ocupar la totalidad del espacio sin dejar un solo hueco sin decoración escultórica ("horror vacui").
La iglesia abacial de Moissac se encontraba en una de las rutas de peregrinación a Santiago. El tema seleccionado para decorar el tímpano es la visión apocalíptica de Cristo o Pantocrator, rodeado por el Tetramorfos y los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. La figura de Cristo, de mayor tamaño que el resto como corresponde a su orden jerárquico, se sitúa en el centro de la escena, mientras que el resto de los personajes dirigen su mirada hacia Él. Los atributos identificativos de los evangelistas rodean la figura de Cristo a la par que dos ángeles de cuerpos muy alargados, que portan pergaminos en alusión al Juicio Final, cierran la composición a manera de mandorla. El resto del relieve se divide en tres franjas horizontales y la representación de los 24 ancianos del Apocalipsis de tamaño mucho menor que el resto para adaptarse al marco arquitectónico.El dintel está decorado con ruedas que aluden al fuego del Infierno. En las jambas, que presentan un perfil en sierra, aparecen la esculturas de San Pedro e Isaías mientras que el parteluz está decorado con tres leones rampantes dispuestos transversalmente cuya fuente de inspiración podría situarse en el "Bestiario" medieval.

Duda de Santo Tomás en Santo Domingo de Silos


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Obra escultórica de temática religiosa titulada "Duda de Santo Tomás" situada en el monasterio de Santo Domingo de Silos, perteneciente al arte románico español y datada entre finales del siglo XI e inicios del siglo XII.
Relieve en piedra sobre un machón (trozo de muro en una arquería) en el claustro del monasterio. Formalmente podemos observar en esta obra algunas características definitorias del estilo escultórico románico. Por ejemplo, observamos que se trata de un relieve plano, en el que no quedan destacados los volúmenes de los cuerpos. Otro rasgo destacable desde el punto de vista formal o estilístico es la disposición de las figuras, que aparecen superpuestas en varios niveles de altura, con lo que se pretende sustituir una perspectiva correcta. Es decir, no se representa la profundidad o, lo que es lo mismo, no se intenta captar el espacio. Para representar la “idea” de profundidad se recurre a un convencionalismo de usar varios niveles de altura (a modo de imperfecta perspectiva caballera), configurados por una disposición lineal o continua de las cabezas de los personajes (isocefalia). Ausencia de volumen y no representación del espacio son las dos características formales más importantes de las artes figurativas románicas, que evolucionan no obstante llevando a soluciones diferentes en el Gótico. Sin embargo, hay que destacar otros aspectos formales en esta obra habituales en la escultura románica: el carácter esquemático y carente de expresión de los rostros y cuerpos de los personajes, hieratismo y la ausencia de relación y de comunicación entre los personajes. También debe destacarse que todos los apóstoles, salvo Sto. Tomás adoptan la misma postura y tienen parecidos rostros: nos recuerdan las representaciones bizantinas con santos que aparecen de forma serial y monótona, sin relacionarse entre sí. Podemos ver también como el autor tiene dificultad en representar elementos de perfil, cosa que apreciamos en los pies de Cristo y los apóstoles de la fila de abajo, aunque aparecen correctamente en el caso de Sto. Tomás, lo cual nos hace dudar de una incapacidad técnica y nos explica simplemente que no era esa una cuestión de importancia para el escultor románico; pues para éste lo importante es expresar la idea, el tema, de modo que fuera comprensible. Debe destacarse también el mayor tamaño de Cristo, recurso habitual en el Románico (perspectiva jerárquica) o la adecuación al marco arquitectónico en el que se emplazan.
Compositivamente podemos reseñar una cierta asimetría ya que la acción principal aparece a nuestra izquierda y se configuran dos grupos claramente delimitados por sus gestos o postura. Los nueve apóstoles de la derecha, en tres filas, repiten los gestos y posturas, como queriendo asomarse o mirar la acción principal. Un segundo grupo lo formaría Cristo y Sto. Tomás y los dos apóstoles de arriba, que varían la monotonía gestual del resto. En cuanto al lugar en el que se representa la escena es una forma arquitectónica consistente en un arco de medio punto sobre finas columnas con capitel corintio y una cornisa con decoración de taqueado jaqués. En las enjutas aparecen músicos tocando instrumentos.
Todo lo que llevamos analizado nos lleva a comentar que esta obra puede considerarse un ejemplo característico de la escultura románica y más en concreto de los relieves típicos de los claustros y de sus capiteles. Los relieves románicos se encuentran preferentemente en fachadas, capiteles y claustros, con temas característicos en cada lugar. Así, en las portadas de las fachadas occidentales se representan temas como el Pantocrator o el Juicio Final; las demás portadas tienen otros temas bíblicos y en los capiteles y claustros los temas son más variados, siendo característicos los del Nuevo Testamento. En este caso, el tema que aparece es la duda de Sto. Tomás sobre la Resurrección de Cristo, expresando que él creería si veía y tocaba las llagas de Cristo.

Pórtico de la Gloria, catedral de Santiago de Compostela


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Obra escultórica de temática religiosa titulada Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, perteneciente al arte románico español. Su autor es el Maestro Mateo, que realizó esta portada a finales del siglo XII y que se encontraba en el acceso principal de la fachada de la catedral compostelana.
El Pórtico de la Gloria es una obra de transición entre las características de la escultura románica y de la gótica. En él se encuentra perfectamente asimilada la gran portada francesa y su esquema principal, con la decoración escultórica del tímpano, arquivoltas, dintel, jambas y parteluz. La obra es un altorrelieve, con unas figuras de gran volumen y masa que parecen desear separarse del muro, alterando la Ley del Marco típicamente románica. En la obra gana importancia un naturalismo cotidiano en el tratamiento de los personajes, que avanza en la desvinculación de la figura del marco arquitectónico y que desarrolla en mayor modo la comunicación entre los personajes. Mateo busca un acercamiento a la figura, busca “personalizarla”, retratarla física y psicológicamente, por lo que la variedad expresiva de los personajes y su individualización fisionómica es considerablemente mayor de lo habitual en los tiempos del románico. El conjunto presenta un tratamiento virtuoso y complejo de los pliegues, así como de las calidades táctiles, que resultan excepcionales para su tiempo.
Las obras de la catedral de Santiago de Compostela se finalizan en 1168 con la contratación, por parte de Fernando II, del Maestro Mateo, el artista que decora la gran fachada occidental, en la que se encuentra el famoso Pórtico de la Gloria. El Pórtico de la Gloria es la culminación de la escultura románica en España, situándose a un paso ya del Gótico. Su construcción duró casi medio siglo, por lo que el Maestro Mateo recibió una renta vitalicia de manos del rey Fernando II. La obra se finalizó en el año 1211, fecha de la consagración del templo. El Pórtico consta de una gran puerta central y dos laterales más pequeñas. En el tímpano de la gran puerta se encuentra el Salvador, Cristo en Majestado, levantando las manos para mostrar las llagas, acompañado por el Tetramorfos; la fila inferior está constituida por los ángeles que portan instrumentos de la Pasión, mientras que la superior se ordenan dos filas de elegidos que portan instrumentos musicales con los que alaba el poder y la gloria eterna del Creador. En las arquivoltas se representan, de manera radial, los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Las 16 estatuas de las jambas, que ocupan el lugar del fuste de las columnas, aparecen los profetas y los apóstoles, representados con una naturalidad que anticipa estilos posteriores. En el parteluz, se ubica una figura del apóstol Santiago, protagonista del conjunto de reliquias que desencadenó la gran peregrinación jacobea en el Pleno Medievo.

Ábside de San Clemente de Tahúll


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Obra pictórica titulada ábside de San Clemente de Tahúll de autor anónimo y finalizada en 1123, perteneciente al arte románico español.
Las pinturas que analizamos se encuentran divididas en dos franjas horizontales de distinto tamaño, separadas por una banda con textos. En la franja superior, que se corresponde con el cascarón o zona curvada en vertical de la bóveda, figura en posición central un Pantocrátor o Cristo en Majestad. Se halla sentado, apoyado sobre una franja curvada decorada con motivos vegetales. Lo rodea una mandorla decorada con perlas, en cuya parte superior apoya su cabeza y un nimbo de color blanco. Viste una túnica de color gris, a la que se sobrepone un manto de tono azulado. Su rostro, alargado y muy simétrico, presenta una mirada penetrante. Este Cristo Juez alza su brazo derecho en actitud de bendecir, mientras su mano izquierda sostiene un libro abierto en el que puede leerse la frase "EGO SUM LUX MUNDI" (yo soy la luz del mundo) escrita en letras capitales latinas. Además, muestra sus pies desnudos, sobresaliendo de la mandorla y apoyados en una media esfera. A izquierda y derecha de su figura aparecen las letras griegas alfa y omega. Rodean al Pantocrátor, en la misma franja, cuatro ángeles que portan los símbolos de los cuatro Evangelios. El que figura en la zona superior izquierda porta un libro (ya que el propio ángel es el símbolo del evangelio de San Mateo). Bajo él, otro ángel se acompaña de un león (San Marcos). El esquema se repite en la zona derecha, con las representaciones de un águila (San Juan) y de un toro alado (San Lucas). La composición se remata, en los extremos, con la presencia de sendos serafines, dotados de seis alas, en cuatro de las cuales se observan representaciones de ojos.
Todo este sector de la bóveda presenta un fondo de tres colores dispuestos en vertical; de abajo a arriba: azul, amarillo y negro. Las figuras situadas en el sector de fondo azul aparecen enmarcadas por círculos.
En la franja inferior se hallan representadas seis figuras separadas en dos grupos de tres por el arco que permite la iluminación interior del ábside. A nuestra izquierda se encuentran Santo Tomás, San Bartolomé y la Virgen. A la derecha figuran San Juan, Santiago y San Felipe, cuya representación está prácticamente perdida. Sus nombres aparecen indicados en la banda que separa esta zona de la superior. Todas las figuras se sitúan bajo arcos rebajados sostenidos por columnas con capiteles con decoración vegetal. María porta un cáliz, mientras los apóstoles llevan libros que muestran al espectador.
En general las figuras aparecen contorneadas por líneas negras, a modo de siluetas dibujadas. Los trazos son bastante acusados y los colores son planos, están bien definidos. En toda la composición es evidente un interés por la simetría, establecida a partir del eje vertical de la bóveda y del arco del ábside. Además, tanto en el Pantocrátor como en las figuras del registro inferior se observa clara frontalidad en las representaciones, que no existe en cambio en los ángeles y símbolos del Tetramorfos. El hieratismo es, sin embargo, rasgo común a todas estas obras, que se caracterizan también por presentar una representación plana, con ausencia total de perspectiva.
La simbología del ábside de Tahúll es bien evidente. Constituye una representación gráfica de un pasaje del Apocalipsis de San Juan, en el que describe la visión de Cristo entronizado rodeado por el Tetramorfos, que acabará simbolizando la obra de los cuatro evangelistas. Así pues, nos encontramos ante un tema de hondas raíces en la iconografía cristiana: la Maiestas Domini o Cristo en Majestad, que representa a Jesús todopoderoso en actitud de bendecir al mundo (que se halla a sus pies) pero cuyo rostro (serio y sereno al mismo tiempo) denota también la concepción de Dios-juez de las obras humanas. Como las letras griegas acreditan, él es principio y fin de todas las cosas; la luz del mundo, en definitiva, según reza la frase en latín. Debe, por tanto, el hombre seguir este mensaje divino, que le garantiza su salvación eterna.
Por otra parte, la disposición del conjunto pictórico en dos franjas horizontales viene a simbolizar la presencia de dos ámbitos paralelos: en el superior se representa el Cielo, en torno a Cristo; en el inferior se nos muestra a la Iglesia, mediante las figuras de María y los apóstoles.

Vocabulario



Los conceptos de la lista de vocabulario trabajados en esta unidad han sido:
ARQUIVOLTA
JAMBA
PARTELUZ
TÍMPANO
HIERATISMO
ICONOGRAFÍA
SIMBOLISMO

Cuestionario tipo test


Practica sobre lo aprendido acerca del arte románico realizando el siguiente cuestionario tipo test:
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