Contexto histórico


Los numerosos esfuerzos y tanteos hechos durante los siglos V al IX tuvieron por consecuencia el nacimiento de un arte, al que se ha convenido en llamar románico.
El contexto histórico y social en el que surgió y se desarrolló el arte románico ha sido estudiado en profundidad por G. Duby, y se caracterizó por los siguientes aspectos.
El punto de partida del arte románico hay que situarlo a finales del siglo X, en las cercanías del año 1000, con la desmitificación de los terrores y calamidades apocalípticas suscitadas por el año 1000. Esta idea se debe a una visión que el Renacimiento tardío volcó sobre la humanidad de aquella época. Para los cronistas de la época el año 1000 no existió como hito histórico. La realidad social de finales del siglo X era muy diferente. El monje cronista Raul Glaber (Historias), poco después del año 1000 afirmaba que el mundo, sacudiéndose y despojándose de su vetustez, había manifestado un cierto rejuvenecimiento y sus gentes una nueva ansia de vida que hicieron que las tierras habitadas se revistiesen de un “manto blanco de iglesias” que permitieran a los humanos glorificar el poder y la bondad del Señor.
La organización carolingia había favorecido la gestación de la sociedad feudal. La debilidad de las monarquías, incapaces de proteger a la población, provocó que ésta hallara protección entre la nobleza y el clero, con los que estableció pactos de dependencia y deberes mutuos. El período que se inicia desde el siglo X y que abarca hasta el s. XIII supone la propagación del feudalismo por Europa Occidental. La sociedad feudal era estamental y cerrada en sí misma. Estaba constituida por tres grupos fundamentales: nobleza, clero y campesinado. Los dos primeros formaban el grupo de los privilegiados y eran los principales beneficiarios de este sistema. No constituían una clase productora y obtenían fundamentalmente sus ingresos de las rentas de los campesinos. Estos últimos, divididos en siervos y villanos, integraban el grupo mayoritario de los no privilegiados, sobre los que recae la tarea de mantener a nobles y eclesiásticos.
En esta época Europa se ruralizó y la agricultura pasó a ser la principal actividad económica, mientras que el comercio y la artesanía se estancaban. Sin embargo, entre los siglos XI y XIII, en Europa se asiste a un continuado aumento demográfico motivado por la expansión de la agricultura y la roturación de nuevas tierras. Ello produjo una cierta prosperidad económica y desarrollo comercial que se acabaría concretando durante los siglos XII y XIII, en un auge urbano.
En la Edad Media se institucionalizó la división proveniente del mundo antiguo entre artes liberales y artes serviles o mecánicas. La Edad Media recibió de la Antigüedad tardía el sistema de artes liberales, como clasificación global del conocimiento humano, subdividiéndolo en el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). Las artes mecánicas englobaban todas las actividades manuales, propias del mundo artesanal. Por tanto, las artes visuales continuaban perteneciendo al mundo del artesanado, y la creación artística no se consideraba fruto del intelecto, sino de la habilidad manual. El arte era en el período románico una forma de conocimiento pero que pretendía la acción o fabricación de cosas. En definitiva, en el románico los artistas eran artesanos que se encontraban bajo la tutela de un maestro, y se distinguía entre el individuo que proyectaba la obra de arte y aquel que la materializaba. La pérdida de buena parte de la documentación y de obras artísticas son las principales causas del anonimato del arte románico.



Arquitectura románica: el monasterio y la iglesia




La arquitectura románica, como toda la cristiana medieval, es fundamentalmente religiosa, protagonizándola el templo con una rica variedad de modelos, aunque generalmente se prefiere la planta longitudinal, bien en su vertiente basilical o en su variedad de cruz latina. La planta basilical se adoptó principalmente en el primer románico, con templos de tres o cinco naves longitudinales rematadas por ábsides. La planta de cruz latina es la iglesia típica del arte románico, con tres o cinco naves, la central más ancha, formando su cabecera ábsides semicirculares o una girola a la que se abren pequeñas capillas absidiales, principalmente en las iglesias de peregrinación o monacales.

Desde el punto de vista constructivo, la arquitectura románica presenta base romana, pero simplificada al rechazar el sistema romano de revestimiento de ricos materiales. Se construye principalmente en piedra, utilizándose el sillar, evitándose la mampostería y en menor medida, el ladrillo.
Entre los elementos sostenidos destaca el empleo de la bóveda, que condiciona notablemente la naturaleza de la construcción. La bóveda románica surgió con una finalidad práctica, que consiste en evitar los frecuentes incendios que asolaban a las construcciones con cubiertas de madera, aunque acabó por imponerse por cuestiones puramente estéticas, y porque mejoraba la acústica del interior, propagándose así mejor las reverberaciones del canto gregoriano. La bóveda más empleada en el románico es la de medio cañón, cuyos tremendos empujes obligan a engrosar y macizar el muro. Para reforzarla se utilizan arcos fajones o perpiaños de medio punto apoyados en pilares o columnas, y que se corresponden al exterior con contrafuertes. El papel del arco perpiaño es doble: absorber el peso de las bóvedas, reduciendo con ello el empuje enviado al contrafuerte, y al mismo tiempo, es el medio para articular el espacio, dejando de ser la nave un espacio continuo. Otra forma de contrarrestar el empuje del medio cañón es a través de las naves laterales, casi tan altas como la central, que ahora permanece ciega sin aberturas, mientras que son las laterales las que permiten la iluminación del templo. Los tipos de bóvedas más utilizados son el medio cañón para la nave central y la bóveda de arista para las naves laterales. El tramo central del crucero se cubre con cúpula apoyada sobre trompas o pechinas. En relación con el sistema de bóvedas hay que poner el arco, que suele ser de medio punto.

El uso generalizado de la bóveda requerirá un adecuado sistema de elementos sustentes o soportes basado en el muro y el pilar. El muro, a causa del elevado peso de la bóveda que carga sobre él, se concebirá como una masa de gran grosor, y para no aminorar su resistencia, se abren pocos vanos, generalmente estrechos y de forma abocinada, con derrame hacia dentro para extender mejor la luz. Pero el principal elemento de sostén será el pilar, cuadrado o cruciforme, con medias columnas en cada uno de sus frentes, unas para los arcos longitudinales o formeros, dispuestos paralelamente al eje de la bóveda y otras para los perpiaños. Las semicolumnas adosabas a los pilares reciben el nombre de baquetones, y suben hasta el arranque de las bóvedas. Sobre los arcos formeros, se levanta el segundo piso de las iglesias románicas, que puede estar constituido por dos elementos: las tribunas laterales, que aumentaban la capacidad del templo, elevadas sobre las naves laterales y abiertas a la central mediante un cuerpo de arcos, cubiertas por un cuarto de cañón, que traspasa los empujes de la bóveda de medio cañón al exterior; el triforio, una galería estrecha que se abre sobre el muro constituyendo un estrecho paso, que al tiempo que decora aligera el muro. A pesar de la base romana de esta arquitectura, los órdenes han perdido su proporción canónica. En este momento se impuso el capitel cúbico con decoración o el capitel historiado.

Al exterior, los conjuntos arquitectónicos revelan una gran pureza de volúmenes, que deja adivinar claramente la estructura del templo, ya que el espacio y volumen están íntimamente relacionados. Las naves se acusan en la cubierta: la central se cubre a dos aguas y las laterales a una. Destaca el gran desarrollo de la cabecera con un predominante crucero, detrás del cual se escalonan los ábsides o el deambulatorio con sus absidiolos, en unos interesantes juegos volumétricos, que se culminan en las linternas cuadradas u octogonales. La fisonomía externa del templo se completa con torres y campanarios, apareciendo en los más importantes dos torres flanqueando la fachada, aunque también pueden localizarse junto a la cabecera, sobre todo en los ejemplos alemanes.

Las principales tipologías de la arquitectura religiosa románica son la iglesia de peregrinación y el monasterio.


-Iglesias de peregrinación. Fueron una familia de iglesias relacionada directamente con los caminos de peregrinación y, sobre todo, con los de Santiago de Compostela. Estos edificios se incluyen en la Guía del peregrino de Santiago de Compostela como hitos importantes de las distintas vías de peregrinación: colegiata de Saint-Martin de Tours en la Via Turonensis, abadía de Saint-Martial de Limoges en la Via Limosina, abadía de Sainte-Foi de Conques en la Via Podensis, colegiata de Saint-Sernin de Toulouse en la Via Tolosana, catedral de Santiago de Compostela. Las iglesias de peregrinación fueron concebidas por centros canónicos y monásticos poseedores de abundantes reliquias y tumbas de santos en sus iglesias. Las reliquias reclamaban la visita de peregrinos de todo el mundo, que se albergaban en multitud de hospicios y monasterios esparcidos por estas cosmopolitas vías de comunicación medievales.Suelen contar con una planta de cruz latina, con tres o cinco naves, la central más ancha, formando su cabecera ábsides semicirculares o una girola o deambulatorio a la que se abren pequeñas capillas absidiales. El auge de este tipo de templos estuvo vinculado al culto de las reliquias, que convirtió a Santiago de Compostela, Roma y Jerusalén en importantísimos centros de peregrinación y de intercambio cultural.


-Monasterios. En los siglos XI y XII, los monasterios ocupan un lugar destacado en la sociedad, reconocido y acrecentado por los poderosos. Existía una fuerte solidaridad entre el mundo de los monjes y de los linajes aristocráticos, que se consolidaba mediante una relación promovida por la nobleza, que contribuía con cuantiosas donaciones a las fundaciones monacales con el fin de que los monjes orasen por la salvación de sus almas. En este contexto tuvo una gran relevancia para el arte románico la fundación de la orden de Cluny en Borgoña. La cultura feudal se centraba en torno a los monasterios y llegaba a una minoría de la población. El monasterio se organizaba a partir de una iglesia y de un claustro o patio porticado en el que se desarrollaba una parte importante de la vida comunitaria. Además de estos espacios, contaban con celdas o habitaciones para los monjes, un refectorio o comedor, el scriptorium o sala en la que se copiaban los libros y una sala capitular que servía para las reuniones de la comunidad, entre otras dependencias. El monacato tiene su origen en el Próximo Oriente, desde donde pasó a Occidente cuando San Benito de Nursia fundó en el siglo VI la abadía de Montecassino y dio a sus monjes una regla basada en la oración y el trabajo. La labor de algunos de estos monjes se realizaba en el scriptorium, donde se dedicaban a copiar y traducir manuscritos de la Antigüedad, lo que contribuyó a la conservación de la cultura clásica. La orden benedictina sufrió dos intensas reforma durante la Plena Edad Media: la cluniacense y la cisterciense. La reforma cluniacense se origina con la fundación de la abadía de Cluny en el condado de Macon (Borgoña), en el año 910, desde se expandió el primer arte románico a través de más de mil quinientos monasterios repartidos por toda Europa. Su actividad reformadora se centró en el progresivo abandono del trabajo manual e intelectual para centrarse exclusivamente en la práctica de la liturgia y de la oración. En los siglos XI y XII salieron formados de la abadía de Cluny diversos príncipes, papas y obispos. La reforma cisterciense estuvo vinculada a la abadía de Molesmes en Francia. En 1098, el abad quiso restablecer la austeridad primitiva de la regla de San Benito y se retiró al monasterio de Citaux (Dijon), donde fundó una abadía. Basada en la Carta de caridad escrita por el abad Esteban Harding y siguiendo las directrices de San Bernardo de Claraval, esta reforma proclamaba el retorno a la pobreza absoluta, al trabajo manual exclusivamente y a la total austeridad en las formas de vida de los monjes.

Frente al protagonismo de la arquitectura religiosa, la civil y militar no tendrá tanta importancia. Los imperativos de la defensa, con primacía sobre todos los demás, determinaron el paso de del palacio carolingio al castillo fortificado.
Francia fue uno de los centros más importantes de la arquitectura románica, desde el cual se extendieron por Europa las principales aportaciones de este lenguaje arquitectónico. En Borgoña, por ejemplo, destacó el monasterio de Cluny y otras construcciones como Santa Magdalena de Vezelay. El conjunto de las iglesias de peregrinación también resalta en el panorama arquitectónico francés, con iglesias como la Santa Fe de Conques y San Saturnino de Toulouse. Italia, con regiones como Lombardía y Toscana, también cuenta con importantes creaciones dentro del románico, como por ejemplo San Ambrosio de Milán y las catedrales de Parma, Módena y Pisa. En España el románico es un estilo fundamental, asociado al progreso de los reinos cristianos del Norte peninsular. El primer románico catalán ha aportado construcciones tan valiosas como San Clemente de Tahull, San Vicente de Cardona y la abadía de Santa María de Ripoll. Sin duda, el camino de Santiago es uno de los grandes ejes de desarrollo del románico español, contando con la catedral de Santiago de Compostela, uno de los monumentos más importantes del románico europeo, y otras construcciones destacadas como San Martín de Frómista, la catedral de Jaca y San Isidoro de León. El último románico español ha aportado relevantes construcciones en Castilla y León como San Vicente de Ávila, varios templos en Segovia y las catedrales de Zamora y Salamanca.

Comentario de obras de arte


Catedral de Santiago-planta e interior


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La obra a comentar es una construcción arquitectónica, titulada catedral de Santiago de Compostela. Su autor es desconocido, pero sabemos que las obras fueron encargadas por los obispos Diego Peláez (hasta 1087) y Diego Gelmírez (hasta 1128). La construcción data de época románica y se encuadra dentro de la importante tipología de iglesias de peregrinación.

El edificio, una de las mayores construcciones del estilo románico, presenta a sus pies un nártex, en el que se sitúa el Pórtico de la Gloria. En la construcción primitiva, en este espacio se situaban a cada lado sendas torres de planta cuadrada. El interior del templo se divides en tres naves.Construida en piedra, se organiza en una planta de cruz latina de tres naves con un presbiterio con girola o deambulatorio al que se abren capillas absidiales radiales. La central posee un ancho de 10 metros y alcanza una altura de 22, cubriéndose con bóveda de cañón. Las naves laterales, de menor altura y unos 5 metros de anchura lo hacen con bóvedas de aristas. Sobre dichas naves laterales se alzan tribunas que asoman a la nave central mediante arcos geminados. Sus vanos exteriores proporcionan iluminación a la parte superior de la nave central, lo que contrasta con la mayor penumbra de la zona inferior. Las bóvedas se sostienen mediantes pilares compuestos que presentan columnas adosadas, organizadas de forma tal que la columna que mira hacia la nave central se eleva a lo largo de toda la altura de la misma, hasta alcanzar el inicio del arco fajón correspondiente. El transepto se organiza también en tres naves en cuyos extremos se abren sendas portadas al exterior. Por otra parte, en uno de sus lados mayores este transepto presenta cuatro absidiolos, dispuestos dos a cada lado de la cabecera. Sobre el crucero se alza un cimborrio. En toda este enorme transepto se alzan también tribunas sobre las naves laterales. La cabecera de la catedral es de amplias dimensiones y dispone de una girola con cinco capillas radiales en los absidiolos. De ellas, la central presenta al interior forma absidada, mientras que al exterior se cierra con testero plano. Todo el espacio interior del templo está organizado de manera que los fieles (tras concluir aquí su peregrinación hasta la tumba del apóstol Santiago) pudiesen acceder a la catedral por la portada de los pies y recorrerla hasta llegar a la girola, en cuyo espacio central se encuentra el sepulcro del citado apóstol. Todo este camino interior del edificio permite que puedan desarrollarse sin interferencias las ceremonias religiosas.

La catedral de Santiago viene a simbolizar, en primer lugar, la importancia de una ciudad y una sede obispal en la que se encuentra situado el sepulcro de uno de los doce apóstoles de Cristo. En este sentido, la propia planta de la iglesia es imagen de la cruz de Cristo y, en consecuencia, representación en pìedra de la idea de la cruxifixión y muerte de Jesús como base para la salvación del mundo. Pero, por otro lado, la construcción simboliza a la perfección el desarrollo del reino astur-leonés en un momento en el que el espacio geográfico peninsular se encontraba fragmentado y en el que sobresalía el mundo islámico representado por al-Andalus. El sepulcro del apóstol Santiago fue redescubierto hacia el año 829, de forma tal que sobre el mismo se edificó (reinando Alfonso II el Casto) un primer templo, de reducidas dimensiones. Más tarde se levantaron allí otras dos basílicas prerrománicas a las que finalmente acabó sustituyendo la catedral que ahora podemos contemplar. El hecho de disponer de la única tumba conservada de uno de los doce primeros discípulos de Jesús (junto con la de San Pedro, en Roma), convirtió a la antigua Iria Flavia en el centro de un creciente movimiento de peregrinaciones que prontó alcanzó a toda la cristiandad europea, de la cual Santiago de Compostela acabó convirtiéndose en uno de los principales centros religiosos. Surgió así el Camino de Santiago, una ruta de peregrinación que acababa precisamente aquí su recorrido. Los distintos ramales de esta vía se unían tras cruzar los Pirineos, para recorrer a continuación todo el norte peninsular y concluir en Compostela. De esta manera, el camino facilitó los intercambios culturales entre las distintas zonas del continente y llevó más allá de las fronteras de la península la fama de una ciudad y de una monarquía (la astur-leonesa) que impulsó la devoción a las reliquias del apóstol. Sucedía todo ello en una Europa ruralizada y feudal, pero que lentamente se iría abriendo al desarrollo de las ciudades, del comercio y de las actividades burguesas, siempre bajo la atenta mirada de la Iglesia cristiana como controladora única de las conciencias.

San Clemente de Tahull



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Es un templo cristiano situado en Tahull, provincia de Lleida (España), uno de los ejemplares más notables que se conservan del grupo de iglesias de cubierta de madera del valle de Bohí, pertenecientes al románico catalán de comienzos del siglo XII.

Se trata de una pequeña iglesia de tres naves y cabecera de tres ábsides escalonados. La separación entre la nave mayor y las laterales se hace por medio de arquerías de medio punto que apoyan sobre columnas sencillas en las que se observa una leve línea de taqueado. Se corresponde con una planta basilical de tres naves rematadas en tres ábsides. Al exterior, el tratamiento de la cabecera es sobrio: se acusa el relieve de líneas verticales en la piedra para articular la fachada semicircular de los ábsides. La imposta superior de arranque de la cubierta se marca con una sucesión de pequeños arcos con ligeras dobladuras.

Es de destacar, entre los rasgos sobresalientes de esta pequeña ermita, la torre que se alza desde uno de los laterales de la cabecera. De influencia lombarda, se trata, probablemente, de uno de los más hermosos y delicados campanarios románicos catalanes. La composición de los lienzos de fachada de la torre presenta seis cuerpos horizontales, que parecen tallados en la piedra, articulados también con pequeñas línea de arquerías. En cada uno de ellos se abre una composición de uno o varios huecos geminados de medio punto con delicados intercolumnios. Se observa su distinto tratamiento, creciendo la huella del hueco en altura, como buscando aligerar la pesantez pétrea de la torre según se aleja de su base. En la decoración interior merecen destacarse los frescos sobre temas bíblicos del ábside central, que en la actualidad se exhiben en el Museo de Barcelona.

Claustro de Silos



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El claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) es una obra arquitectónica religiosa cluniacense perteneciente al arte románico. El monasterio es de mediados del siglo XI (1042-1088) mientras que el claustro se construyó a finales s. XI-principios S. XII.
Uno de los monumentos más atractivos y a la vez más enigmáticos del arte románico español es el claustro de Santo Domingo, en donde se encuentra el sepulcro primitivo del abad que le dio nombre, en la pequeña población burgalesa de Silos. Del monasterio, sólo el claustro es el que ha conservado la riqueza y las formas del románico. Se trata del típico espacio cuadrangular que derivaría de modelos antiguos (como el atrio de las domus romanas). Su planta es un cuadrilátero irregular, cuyos lados no se cortan en línea recta, y tampoco todas las galerías presentan la misma longitud. Está cubierto con un rico artesonado mudéjar. Asimismo, otra particularidad del claustro silense es la presencia de dos pisos superpuestos, que, a pesar de su diferencia constructiva, mantienen una perfecta unidad de estilo. A finales del siglo XI debieron construirse las galerías este y norte del claustro inferior, donde los fustes de las columnillas que soportan los arcos son dobles, separadas y con notable éntasis. Desde mediados del siglo XII hasta principios del XIII, se realizó el otro ángulo de la parte baja, con columnas de fuste cilíndrico, y todo el claustro superior, de menor calidad. El claustro es el centro neurálgico, el ómbligo de la vida monacal que reparte las distintas dependencias del monasterio. Es una galería porticada en cuyos cuatro lados están las estancias más importantes del monasterio: iglesia, sala capitular, refectorio y cilla (dependencias adminstrativas).
Los monasterios benedictinos mediavales, cuyo origen estaba en el Monasterio de Montecasino en el norte de Italia, se organizaban en torno a un patio central que está rodeado por un corredor cubierto o claustro, sostenido por arcos de medio punto y columnas, casi siempre pareadas. Esta obra es donde el Románico presenta sus mejores características arquitectónicas y escultóricas. El Claustro es el lugar más importante del monasterio: es el lugar de paseo, de recogimiento, de meditación, de lectura y de rezo. Simboliza el paraíso terrenal y además es el órgano distribuidor de las dependencias monásticas. Por su importancia para los monjes se cuida mucho en su decoración escultórica (machones, capiteles...).
Sobre los muros del claustro se abren todas las dependencias del monasterio: iglesia, refectorio, sala capitular, sacristía, cocina, biblioteca, celdas, etc. Su distribución es siempre idéntica, con el propósito que cualquier monje venido de fuera se sienta como en su propia casa nada más entrar, al reconocer la localización de todos y cada uno de los edificios que integraban el complejo monástico. El núcleo germinal es la iglesia, en uno de los lados del claustro. Las iglesias cluniacenses tenían cabeceras semicirculares con protuberantes absidiolos y girolas anulares que se comunicaban con las naves, a las que tenía acceso el pueblo. Por su parte, las iglesias cistercienses prohibieron la entrada a los seglares y optaron por el testero plano. Además utilizaron rejas para separar el templo en dos mitades: la parte orientas para los monjes profesos y el área de los pies o naves para los hermanos seglares o religiosos que no cantaban misas y se encargaban del servicio y otras tareas laborales.
Otra parte del claustro es la que daba a la Sala Capitular, donde se congregaba la comunidad, presidida por el abad para discutir los asuntos del monasterio. Al lado se construía la biblioteca, el locutorio para hablar en privado con el abad, la sala de trabajos manuales, las letrinas, la sala de novicios y dos accesos: el pasillo abovedado que salía al huerto, y la caja de escaleras que ascendía al dormitorio común, alojado en la planta alta (sólo el abad tenía dormitorio aparte).
Este monasterio de Silos se encontraba en la ruta del Camino de Santiago, recibiendo las influencias arquitectónicas de las construcciones benedictinas procedentes de Francia. Santo Domingo de Silos es una pequeña población que creció alrededor del monasterio benedictino que le da nombre. Se encuentra en la comarca de la Sierra de la Demanda de la provincia de Burgos.

Vocabulario


En este tema hemos estudiado los siguientes términos de la lista de vocabulario de la asignatura:

ÁBSIDE
ARCO FAJÓN
ARCO FORMERO
ARQUIVOLTA
BÓVEDA DE CAÑÓN
CIMBORRIO
CLAUSTRO
CONTRAFUERTE
CRUCERO
GIROLA
PILAR
TRANSEPTO