El período de entreguerras fue la época de formulación plena y de sistematización de la arquitectura moderna. A principios de los años veinte, los experimentos de las vanguardias pictóricas como el cubismo y la abstracción (constructivismo ruso y neoplasticismo holandés), empezaron a aplicarse a la arquitectura. Al poco tiempo, ya se estaban construyendo algunas obras maestras del s. XX. La década de 1920 asiste al nacimiento del “estilo internacional”, un movimiento arquitectónico definido por el historiador de la arquitectura norteamericano H. R. Hitchcock, que se difundió de modo homogéneo por todo el mundo. También fue conocido como Movimiento Moderno.
El estilo internacional surgió al término de la Primera Guerra Mundial ante la necesidad de reconstruir Europa rápidamente y con bajo coste, lo que dio lugar a que se crearan unos modelos arquitectónicos que se pudieran repetir fácilmente bajo unas concepciones prácticas del arte de construir. La difusión del estilo internacional por el mundo durante la década de los años veinte y treinta fue notabilísima. Según Hitchcock, los principios fundamentales del estilo internacional fueron:
  1. Predominio de la función sobre la forma arquitectónica. En virtud de ello se valoró lo puramente estructural, siendo ahora lo fundamental la estructura esqueleto, que es la que corre con la sustentación del edificio. De esta manera, los muros pierden todo su valor de sustentación, limitándose al de cierre (tabiques), convirtiéndose en una especie de pared-cortina que se puede ubicar donde prefiere el artista, sin detrimento de lo estructural.
  2. Preferencia por las estructuras rigurosamente ortogonales, de planos cruzados estructuralmente, mientras que la forma curva resulta excepcional. También se tiende a la eliminación de toda decoración superpuesta. En definitiva, se consigue una arquitectura racional, basada en la combinación de espacios cuadrados y rectangulares, en cuyos acoplamientos se busca lo estético. Los volúmenes se incrustan, alternándose las formas verticales con las horizontales.
  3. Valoración de todas las líneas visuales del edificio, abandonándose el predominio de la fachada principal sobre el resto del conjunto, ya que todos los planos adquieren la misma importancia. En la arquitectura, dentro de ciertos límites, ya no hay predominio de las fachadas principales o secundarias, o puntos de vista obligados, sino que la configuración espacial está ligada casi exclusivamente al valor funcional de los recintos.
  4. Afán de penetración en el espacio interior, y en virtud de ello se utilizan inmensas vidrieras en los cerramientos. En contraposición, se constata un alejamiento de la arquitectura respecto a la naturaleza.
  5. La arquitectura racionalista muestra una actitud voluntaria de ruptura con el pasado, heredada de los planteamientos vanguardistas. En este sentido, sólo va a destacar uno de los componentes de la actividad arquitectónica tradicional, la función.



El racionalismo


Alemania salió de la Primera Guerra Mundial arruinada y desesperanzada. La respuesta de los artistas fue el expresionismo fantasioso y utópico, que terminó al mismo tiempo que la terrible crisis económica de principios de los años veinte. La vanguardia de la renovación arquitectónica alemana fue la Bauhaus, creada en Weimar mediante la unión de la Escuela Superior de Bellas Artes y la Escuela de Artes y Oficios de Sajonia.
El fundador y primer director de la Bauhaus fue Walter Gropius (1883-1969). Discípulo de Peter Behrens, tuvo un comienzo fulgurante como arquitecto.
Gropius se convirtió en el fundador y primer director de la Bauhaus, que se planteó como objetivo la fusión del diseño y de la producción. Según su manifiesto fundacional, “el fin último de toda actividad plástica es la construcción [das Bau]”. El edificio de la Bauhaus en Dessau construido por Gropius entre 1925-26 es un reflejo de la filosofía estética de la escuela y un símbolo de la revolución arquitectónica del Movimiento Moderno.

En el estudio de Auguste Perret trabajaba en 1908 un joven suizo llamado Charles-Édouard Jeanneret (1887-1965), que unos años más tarde iba a aplicar lo aprendido allí en un proyecto denominado “Maison Domino”, un juego de palabras con domus (“casa” en latín) y el popular juego de fichas. Consistía básicamente en seie pilares, apoyados en sendas zapatas de cimentación, que sostenían tres losas horizontales con un estrecho voladizo en todo su perímetro. Este sistema permitía total libertad en la disposición tanto de los muros exteriores como de los tabiques interiores, que se podían levantar con componentes baratos fabricados en serie. Jeanneret también estudió bajo las órdenes de Peter Behrens y se familiarizó con el pintor Amédée Ozenfant y juntos lanzaron una nueva corriente vanguardista denominada “purismo”, que defendía la superación del cubismo mediante el orden y la precisión en la representación icónica de los objetos cotidianos. En 1920 fundaron la revista L´Espirit Nouveau donde Jeanneret escribía bajo el seudónimo de Le Corbusier, ya nunca abandonado. En 1923, una recopilación de sus artículos dio lugar a un volumen titulado Vers une architecture (“Hacia una arquitectura”), que ha sido uno de los libros más influyentes del s. XX. En él aparecen frases emblemáticas para definir el Movimiento Moderno como “la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz” o “la casa es una máquina de habitar”.
En 1926 Le Corbusier enunció sus “cinco puntos de una arquitectura nueva”, que regirán buena parte de su producción arquitectónica: 1) el pilotis, un soporte cilíndrico para separar el edificio del terreno; 2), la cubierta-jardín, para disfrutar de la vegetación y las vistas; 3) la planta libre, para colocar los tabiques con independencia de los pilares; 4) la ventana corrida, para llevar la luz a todos los rincones; 5) la fachada libre, para abrir huecos sin las limitaciones de los muros de carga. Le Corbusier estableció un sistema que permitía múltiples variaciones formales, constructivas y simbólicas. La aplicación de estos principios la realizó en la Villa Saboya de Poissy (1928-29), cuyo espacio interior fue concebido mediante la idea del “paseo arquitectónico”.
Le Corbusier pasó la Segunda Guerra Mundial retirado en los Pirineos. Cuando regresó a París después de 1945, desarrolló la idea de que la tarea fundamental de los arquitectos europeos en la posguerra debía ser la creación de nuevos alojamientos de carácter social. En 1945, Le Corbusier recibió el encargo de diseñar un conjunto residencial en Marsella. Entre 1945 y 1952 creó la Unité d´habitation de Marsella, uno de los edificios más trascendentales para la arquitectura de la segunda mitad del s. XX. En él, Le Corbusier hizo realidad su idea de la ciudad moderna. El resultado fue un bloque compacto de hormigón y aislado para albergar una comunidad de 1800 habitantes. Este edificio vino a confirmar el cambio de rumbo que Le Corbusier había mostrado en sus obras de los años treinta. Lo más llamativo era el uso del béton brut, el hormigón bruto, visto sin enfoscar y con la textura rugosa de la madera de los encofrados. Una técnica justificada en Marsella por la austeridad pero que luego se conservaría como signo estilístico.

Ludwig Mies (1886-1969) fue un arquitecto formado en el taller de cantería de su familia y un estudio de diseño de muebles. Mies estuvo trabajando con Behrens entre 1908 y 1911.
Hacia 1923 comenzó una nueva etapa más pragmática, coincidiendo con el final de la crisis económica alemana. Fue entonces cuando publicó en el primer número de la revista G (de Gestaltung, es decir, “forma” o “configuración”) un proyecto de edificio de oficinas en hormigón armado acompañado de un texto en el que rechazaba el formalismo y apostaba por la economía y la funcionalidad, en una línea que sería conocida después como “nueva objetividad”. En 1924 dibujó un proyecto que suponía el primer paso en su nueva concepción espacial. La llamada Casa de campo de ladrilloestá formada por una serie de muros exentos que en el interior configuran espacios interconectados de un modo continuo, y en el exterior se extienden libremente por el terreno; la planta, con evidentes ecos de las composiciones neoplásticas, revela la inexistencia de ejes dominantes y de habitaciones concebidas como células cerradas. En 1927, el Deutsche Werkbundle encargó la organización en Stuttgart de una exposición sobre la vivienda moderna. Mies diseñó la Colonia Weissenhof sobre una colina homónima en Stuttgart. Mies configuró la obra como un conjunto residencial continuo influido por los principios plásticos de Malevich. Dividió el terreno en diversas parcelas y encargó el diseño de una vivienda individual a diversos maestros independientes, como Behrens, Gropius y Le Corbusier. La obra hizo realidad la primera manifestación internacional de la arquitectura blanca y cúbica del Movimiento Moderno. La nueva concepción espacial de Van der Rohe fue puesta de manifiesto en el Pabellón de Alemania en la Exposición Internacional de Barcelona (1929), diseñando un edificio sin exigencias funcionales rígidas, cuya misión era exponerse a sí mismo. En él combinó los muros exentos y desalineados de la casa de ladrillo con una simple retícula regular de pilares. Su máxima creativa “menos es más”, fue acompañada por una concepción magistral del “espacio fluido” mediante espacios interconectados, un concepto implícito en los “cinco puntos” de Le Corbusier y que se convertiría en un rasgo característico de la arquitectura moderna. El pabellón forma un conjunto alargado y bajo cuyo aspecto exterior no es un volumen geométrico nítido, sino una colección de planos independientes, horizontales y verticales, colocados al estilo neoplástico. Mies reivindicó en el interior el uso de materiales de calidad y elaborados, como un muro de ónice dorado que domina el corazón del proyecto, definido por otros lujosos materiales: pilares y carpinterías de acero cromado, suelos de travertino, paredes de mármol, vidrios transparentes y esmerilados, y cortinas de seda. En el estanque pequeño, una estatua aporta el único toque figurativo. Mies desarrolló estos conceptos en la Casa Tugendhat en Brno entre 1928-30.
En 1939 emigró a Estados Unidos y allí recuperó su sensibilidad vanguardista. Junto a la llegada de Gropius, se difundieron los principios de la arquitectura moderna en Norteamérica. Mies se instaló en Chicago, y ya durante la guerra diseñó el Campus del Illinois Institute of Technology como una composición suprematista de prismas axiales dispuestos asimétricamente. Mies alcanzó un lenguaje de intensa depuración formal. El prisma de acero y vidrio (“menos es más”) se convirtió en un ideal que Mies perseguiría en todos sus encargos, pero donde más influencia tuvo fue en el Edificio Seagram de Nueva York (1954-58), un rascacielos de oficinas. Retranqueándose de la alineación de la calle, Mies construyó con prisma frontal y simétrico, grandioso y representativo, con proporciones exquisitas y materiales caros y elegantes, sobre todo el bronce. La aparente sencillez de este tipo de rascacielos, bautizados como “edificio pastilla”, hizo que se repitiese hasta la saciedad como símbolo corporativo de las grandes empresas norteamericanas.

El organicismo


La renovación arquitectónica en Estados Unidos llegó de la mano de Frank Lloyd Wright, que a mediados de los años treinta encontró estabilidad en su ajetreada vida personal y resurgió de sus cenizas.
El maestro norteamericano recibió en 1934 (con 67 años) un encargo que llegaría a ser otra de sus obras maestras y uno de los edificios míticos del s. XX: la Casa Kaufmann o Fallingwater (Casa de la cascada) en Pensilvania. Está situada justamente encima de un salto de agua conde su propietario solía descansar, y parece surgir directamente de las rocas que bordean el arroyo; sus terrazas evocan los grandes bloques pétreos caídos al pie de la casdada; y texturas y colores reproducen los de la piedra y el follaje del lugar. El conjunto gira en torno a un poderoso núcleo de piedra que alberga las chimeneas y las escaleras. De este elemento surgen dos bandejas horizontales superpuestas y perpendiculares entre sí, con terrazas delimitadas por parapetos bajos. En esta obra se consolidó el concepto de “arquitectura orgánica”, que combinaba la funcionalidad del Movimiento Moderno con la fusión del edificio en la naturaleza. Wright definía la arquitectura orgánica como “una arquitectura que se desarrolla de dentro a fuera en armonía con sus propias condiciones, a diferencia de otra que se aplica desde el exterior”, sentenciando que “el sentido orgánico en la Naturaleza es indispensable para un arquitecto”. La segunda obra fundamental de Wright en este período es la sede de la compañía Johnson Wax en Racine (Wisconsin), para la que construyó edificio administrativo (1936-39) y más tarde una torre de laboratorios (1944-50). El primero alberga un espacio interior que consiste en un gran rectángulo con esquinas redondeadas ordenado mediante una retícula de columnas en forma de hongo. Los huecos vidriados entre dichas piezas le confieren el aspecto de un estanque con nenúfares. Los muros perimetrales de ladrillo y vidrio son sólo de cerramiento. La torre de laboratorios presenta una estructura literalmente arbórea, con una cimentación en forma de raíz primaria, y un fuste a modo de tronco, del que van saliendo plataformas horizontales en voladizo como si fueran ramas. Sus catorce pisos van alternando entre la planta cuadrada y la circular. El volumen exterior, de esquinas redondeadas, está revestido de ladrillo rojo y tubos de vidrio. En esta época, Wright aplicó profusamente las curvas a sus formas arquitectónicas, insistiendo en el carácter orgánico que pretendía dar a sus obras. La apoteosis de esta concepción llegó con el Museo Guggenheim de Nueva York, que le ocupó desde 1944 hasta su muerte en 1959. La imponente masa curva de su volumen principal va girando y creciendo en anchura a medida que se eleva. Su carácter macizo y la luminosidad del color crema contrastan violentamente con la austeridad rectilínea de Manhattan. El impresionante espacio interior contiene un gran vacío central rematado por un amplio lucernario circular y delimitado por una rampa helicoidal definida por la alternancia de los parapetos claros y los vanos oscuros. Los visitantes descienden continuamente por la rampa, tras haber ascendido a la parte superior por un ascensor. La estructura es de hormigón armado.

Comentarios de obras de arte


Unidad de habitación-Le Corbusier

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Obra arquitectónica llamada Unidad de Habitación situada en la ciudad francesa de Marsella. Es una de las obras más importantes de Le Corbusier, construida a mediados del siglo XX y perteneciente al movimiento racionalista. Este edificio será la mejor comprobación de las teorías de Le Corbusier sobre humanización de la arquitectura en viviendas colectivas.
Fue un encargo del gobierno francés como viviendas sociales tras los bombardeos sufridos tras la 2ª Guerra Mundial. Se inició su construcción en 1951, pero los problemas presupuestarios harán que tarde en levantarse cinco años en vez de los 12 meses previstos.
La Unidad de Habitación de Marsella es una enorme construcción de 140 metros de largo, 24 metros de ancho y 56 metros de alto. Fue construido en hormigón y cuenta con los elementos definitorios de la arquitectura de su creador. Así se levanta sobre pilares exentos, lo que permite liberar todo el suelo para jardines y espacios de ocio. Tiene planta y fachada libre, ya que el edificio carece de muros y pilares maestros y emplea unas enormes ventanas longitudinales que dan una gran iluminación al interior. Fue proyectada como una ciudad-jardín vertical que debía ser ocupada por 1600 habitantes distribuidos en 360 apartamentos dúplex (58 en cada piso) distribuidos por calles interiores. Además del uso como vivienda, el edificio incluye un funcionamiento interno de más de 26 servicios independientes. Le Corbusier gustaba en sus edificios de dar un papel importante a las azoteas y esto se aprecia claramente en la Unidad de Habitación. Es de libre acceso y en ella se condensan la mayoría de los servicios públicos como una guardería, una enfermería, un gimnasio cubierto, una pista de atletismo de 300 m, una pequeña piscina, un auditorio al aire libre y un espacio social. La unidad de habitación constituye una importante innovación en el diseño arquitectónico de viviendas residenciales. estamos antes una auténtica “máquina para vivir”.

Pabellón de Alemania de la Exposición Universal de Barcelona-Mies Van der Rohe

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El Pabellón de Alemania para la Exposición Universal de Barcelona fue diseñado por Ludwig Mies Van der Rohe en 1929, siendo una obra que se encuadra dentro del racionalismo arquitectónico del siglo XX. La nueva concepción espacial de Van der Rohe fue puesta de manifiesto en el Pabellón de Alemania en la Exposición Internacional de Barcelona (1929), diseñando un edificio sin exigencias funcionales rígidas, cuya misión era exponerse a sí mismo. En él combinó los muros exentos y desalineados de la casa de ladrillo con una simple retícula regular de pilares. Su máxima creativa “menos es más”, fue acompañada por una concepción magistral del “espacio fluido” mediante espacios interconectados, un concepto implícito en los “cinco puntos” de Le Corbusier y que se convertiría en un rasgo característico de la arquitectura moderna. El pabellón forma un conjunto alargado y bajo cuyo aspecto exterior no es un volumen geométrico nítido, sino una colección de planos independientes, horizontales y verticales, colocados al estilo neoplástico. Mies reivindicó en el interior el uso de materiales de calidad y elaborados, como un muro de ónice dorado que domina el corazón del proyecto, definido por otros lujosos materiales: pilares y carpinterías de acero cromado, suelos de travertino, paredes de mármol, vidrios transparentes y esmerilados, y cortinas de seda. En el estanque pequeño, una estatua aporta el único toque figurativo.

Casa de la cascada-Frank Lloyd Wright

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La Casa Kaufmann o Fallingwater (Casa de la cascada) en Pensilvania es una de las obras maestras de la arquitectura del siglo XX, diseñada por Frank Lloyd Wright en 1934, representa perfectamente el espíritu del organicismo del siglo XX. Está situada justamente encima de un salto de agua conde su propietario solía descansar, y parece surgir directamente de las rocas que bordean el arroyo; sus terrazas evocan los grandes bloques pétreos caídos al pie de la casdada; y texturas y colores reproducen los de la piedra y el follaje del lugar. El conjunto gira en torno a un poderoso núcleo de piedra que alberga las chimeneas y las escaleras. De este elemento surgen dos bandejas horizontales superpuestas y perpendiculares entre sí, con terrazas delimitadas por parapetos bajos. En esta obra se consolidó el concepto de “arquitectura orgánica”, que combinaba la funcionalidad del Movimiento Moderno con la fusión del edificio en la naturaleza. Wright definía la arquitectura orgánica como “una arquitectura que se desarrolla de dentro a fuera en armonía con sus propias condiciones, a diferencia de otra que se aplica desde el exterior”, sentenciando que “el sentido orgánico en la Naturaleza es indispensable para un arquitecto”.